sábado, 14 de octubre de 2017

ROBERTO PATIÑO Y EL SARGENTO GARCIA



Alfredo Cardona Tobón
Cerros Puntelanza y Gobia, en primer plano el territorio de Naranjal
Al empezar el gobierno del presidente Mariano Ospina Pérez, Roberto Patiño era uno de los pocos conservadores residentes en la zona urbana de Quinchía. Este paisa oriundo de Don Matías había llegado al pueblo en el año 1944 como chofer de un bus escalera del jefe gaitanista Luis Ángel Cardona; por ese entonces frisaba en los treinta años, usaba ruana y finos sombreros de fieltro que solamente se quitaba para ir a  dormir. Roberto era un hombre parco , de pocas palabras, que  caminaba a trancos balanceándose como las aves de largo vuelo que recorren trechos cortos en tierra.

                                                Luis Angel Cardona Salazar
Al principio el recién llegado  iba a la casa de su patrón a cuadrar cuentas, luego lo invitaron a tomar  “algo” y empezó a charlar con la  cuñada de don Luis, una bella mujer de veinticuatro años, que en ese entonces, cuando las mujeres se casaban casi niñas, parecía destinada a vestir santos

 El noviazgo fue corto; en menos del año nació el primogénito y en la amplia casona de don Luis hubo espacio suficiente para albergar a la nueva familia. Como Roberto era un trabajador incansable, se convirtió en socio de don Luis, compró una finquita por el lado del Higo,  adquirió una yegua de paso fino y un potrero por Callelarga que surtió con vacas de leche.

 Roberto llenaba el escaso tiempo libre jugando dominó, matizado con tragos de aguardiente que apuraba en una cantina frente al cementerio, libre de la mirada inquisitiva de Lila, una muchacha embera contratada para los oficios domésticos y que inexplicablemente estaba al tanto de todos  los movimientos del señor de la casa.

A nadie le importaba el   conservatismo de Roberto;   incluso pensaron que se había “volteado” pues se habían dado casos de godos que admiraban a Jorge Eliecer Gaitán. Por lo anterior no fue extraño que a fines de octubre de 1949, cuando la policía “chulavita” y los “pájaros” de los pueblos vecinos irrumpieron en Quinchía, Roberto Patiño cargó sus cosas en el bus escalera y al igual que centenares de aterrados liberales, abandonó el pueblo para buscar asilo en un lugar tranquilo.

DE GUATEMALA A GUATEPIOR

La salida de Roberto se tomó como un gesto de solidaridad con los familiares de su esposa que se exilaron para salvar sus vidas: Tulio Tobón se dirigió a Pereira, Emilio Betancourt viajó a Medellín y Roberto con los suyos fijó rumbo a Don Matías, en el norte de Antioquia, donde además de helechos se producían pandequesos y se criaban  toda variedad de sacerdotes y religiosas.

Roberto con su bus escalera cubría la ruta entre Yarumal y Medellín; todo parecía perfecto en ese nido de obispos hasta la Semana Conservadora de principios de 1950; Chimilo Betancourt recuerda el domingo decembrino en que llovieron anatemas contra los liberales desde un parlante de la casa cural y no olvida la chusma armada que aupada por las consignas  de Monseñor Builes atacó las casas de los dos o tres liberales de esa localidad donde se desayunaba con agua bendita.

Al caer la tarde, hablaron de un  cachiporro venido de un antro de bandidos y la pedrea se concentró contra la residencia de Roberto Patiño.   Volaron tejas, saltaron los vidrios de las ventanas y llovieron los denuestos contra la indefensa familia. Al amanecer del lunes, los Patiño Tobón, por segunda vez en un mes,   empacaron el menaje, colocaron los colchones en el capacete del bus y sin mirar atrás repasaron el camino hasta Quinchía, cuya zona urbana estaba en manos de Antonio Sánchez y sus “pájaros” y en la parte rural mandaban las cuadrillas liberales orientadas por Pedro Brincos.

EN MANOS DEL SARGENTO GARCIA

Roberto Patiño sorteó indemne numerosos peligros, pero a fines de 1960 se le acabó la buena suerte, pues en un viaje al caserío de Naranjal cayó en manos de la cuadrilla del “Sargento García,” un bandido que militaba arropado bajo las banderas del Movimiento Revolucionario Liberal, MRL.

Por ese entonces l os campos de Quinchía se repartían  entre el grupo de Medardo Trejos, alias “Capitán Venganza”, el del Sargento  Héctor García y el del Capitán Águila. Para transitar por las veredas de Santa Elena, Piedras, Opiramá y Guerrero era necesario un pasaporte expedido por “Venganza” y se necesitaba otro del “Sargento García” para internarse en el resto de la zona rural.

Héctor García, alias el “Sargento García,” detuvo el automóvil Ford de Roberto, lo hizo bajar del vehículo y le exigió el pasaporte, pero Patiño solo tenía un papel firmado por Claudio Rojas y refrendado por “Venganza”. Después de requisarlo, quitarle veinticinco pesos y los documentos, los bandidos amarraron al retenido en el suelo, sujeto a cuatro estacas que clavaron en el centro de la placita de Naranjal.

Héctor García , era un hombre rubio venido del Tolima con la gente de “Pedro Brincos”,  de regular estatura y una nube en un ojo era la autoridad absoluta en las veredas de Naranjal, Juantapao, Miracampos, Quinchiaviejo e Irra.

Los cuadrilleros se dedicaron a tomar licor en una tienducha de Naranjal; las horas pasaban y los cincuenta elementos del “Sargento García” exaltados por el licor se preparaban a rematar la bebeta con el asesinato de Roberto Patiño, quien adolorido y entumido, daba por seguro el término de su existencia.
De repente se oyó el sonido de un vehículo y apareció el bus  escalera  de Luis Ängel Cardona con una carga de aguacates con rumbo a Medellín. El antiguo jefe gaitanista se detuvo:
- ¿Hola Héctor, que pasa con mi cuñado?-  preguntó al  bandido.
- Nada más  ni nada menos que este  godo resultó  espía de la policía-.
- Si es así que las pague- agregó Luis Ángel- pero permití que se tome unos aguardientes, para que al menos  muera con dignidad sin orinarse del susto.

A las señal del “Sargento García” desataron a Roberto, que pálido y tembloroso se sentó al lado del  “Sargento García”. Los tragos se repitieron por cuenta de Luis Ángel y a las diez de la noche el bus escalera continuó con  la carga de aguacates y  con Roberto Patiño desgonzado en la última banca, más borracho que una mica. Sobra decir que ni Luis y Roberto volvieron a verse por Naranjal. Se  ignora, hasta ahora, cuánto pagó Luis Ángel por la vida de su cuñado. Vino la amnistía decretada en el Frente  Nacional, el “Capitán Venganza” aparentemente dejó las armas para obtener el dinero ofrecido por el Estado; el Sargento García, por su parte, no entregó las armas ni aceptó los términos del gobierno. El mismo día que festejaban la paz con “Venganza”,  una cuadrillo de Venganza bajo el mando de Gerardo Largo, alias  "Gasvilán Negro",  emboscó a Héctor García  en Naranjal y lo asesinó vilmente.. Así se cerró un capítulo de la época  que envolvió en su vorágine a Roberto Patiño,  un pacífico y buen ciudadano de Don Matías.


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