domingo, 16 de abril de 2017

FUNDACIÓN DE LA CELIA-RISARALDA




Alfredo Cardona Tobón

 


La Celia es uno de los municipios menores del departamento de Risaralda con una historia nueva pese a lo cual es casi desconocida por su gente y por los risaraldenses. En busca de esa historia visitamos con el doctor Juan Hurtado a doña Silvia Jaramillo, una pobladora del antiguo caserío quien en su lecho de enferma revivió innumerables sucesos del pasado municipal.

Contó doña Silvia que por allá en el año de 1910, en el sitio donde hoy se encuentra la población había tres fincas cafeteras denominadas “La Selva”, “Sabaletas y “La Celia”, de propiedad de los herederos de Martín Ortiz Romero. Había cosechaderos de maíz y fríjol que sostenían numerosos campesinos oriundos de Santuario y del  corregimiento de El Rey, hoy Balboa y  las fincas en expansión daban trabajo a peones de la región.

En un punto entre “La Celia” y “Sabaletas, un señor robusto llamado Luis Guevara, de gruesa panza, dicharachero y ganoso de dinero montó la fonda de “El Embudo”, donde se reunían los vecinos a tomar cerveza y a libar el aguardiente tapetusa destilado en las vecindades. Don Luis, contaba el papá de doña Silvia Jaramillo, retornó al suroeste antioqueño y el nuevo propietario de “El Embudo” le cambió el nombre por “La Guaca” que al final quedó como la fonda “Barcelona”.

En 1913 los hermanos Manuel Vicente  y Martín  Ortiz Osori, junto con Carlos Echeverri  y otros vecinos levantaron  un caserío al coronar  la pendiente del río Monos en tierras consideradas baldías cerca de la hacienda La Celia.  A los primeros colonos se sumaron Manuel Tabares, Estanislao Rodríguez, Teodoro Loaiza, Daniel Zapata y otros 35 padres de familia y el rancherío con una humilde capilla empezó a convertirse en una fundación estable, cuyos vecinos Vivian de las rozas de maíz, de los cultivos de fríjol o como peones de las fincas cercanas o trabajadores en las fuentes saladas de la Martinica, La Rica y San Agustín.

 Los empresarios que estaban abriendo monte y montando haciendas apoyaron la fundación, pues les convenía al retener mano de obra para sus cultivos. Se contó, además,   con el aval de la administración de Santuario que vio con buenos ojos el desarrollo de ese núcleo poblacional en tierras poco habitadas.

La aldea con el nombre de “La Celia”, por estar cerca de la finca con ese nombre se desarrolló   rápidamente  en forma tal que  a los dos años de levantar las primeras casas  alcanzó la dignidad de corregimiento  como consta en el Acuerdo con fecha del 25 de noviembre de 1915, firmado por  Don Alejandro Uribe, presidente del Concejo de Santuario,  y por Carlos Echeverri,  Secretario de la corporación municipal:

 “Acuerdo No. 1- Sobre la creación de un nuevo corregimiento en el municipio.

El Concejo de Santuario en uso de sus facultades legales y considerando:

1°-  Que en la importante fracción de “La Celia” de esta jurisdicción existe un caserío, en donde al mercado concurren  más de 200 personas, todas de dicha fracción y de las de Cañaveral y de Monos.

2°-Que dicho caserío fuera de su número regular de habitantes tiene local para escuelas, oficina, buena localidad y aguas potables.

3°- Que toda la expresada región, como el supradicho caserío se halla en terrenos baldíos y

4°Que tanto para el incremento y desarrollo de la riqueza pública, como para la buena administración conviene sobre manera erigir a dicho caserío como cabecera de corregimiento de esa  región que más tarde podría llegar a ser  la categoría de municipio por la riqueza y extensión de sus terrenos, como por la laboriosidad  de sus habitantes

ACUERDA:

ARTÍCULO 1- Erícese en cabecera de corregimiento el caserío de La Celia, que se denominará Barcelona.

ARTTÍCULO 2. Aprópiese para  el desarrollo  del poblado un área de terreno de 20 hectáreas, que serán medidas de acuerdo con la demarcación respectiva.”

A mediados de diciembre se inauguró el corregimiento de “Barcelona” con fiestas, cabalgatas, pólvora y la asistencia de las autoridades y las personalidades de Santuario y del Alto del Rey. Ese día Vicente Ortiz, propietario de La Celia donó los solares para la iglesia, la Casa Cural, la Casa Consistorial y la escuela. Meses después el municipio de Santuario compró a los herederos de Martín Ortiz quince hectáreas de terreno contiguas al caserío para repartirlas a quienes quisieran instalar su casa en el nuevo corregimiento.

EL POBLAMIENTO DE BARCELONA

La clase dirigente del municipio de Santuario impulsó el poblamiento del vasto y fértil territorio municipal. Los Lenis, los Gartner, los Uribe y demás familias prominentes se vincularon desde sus primeros tiempos a los corregimientos del Alto del Rey y de Barcelona.

El sacerdote Marco Antonio Tobón Tobón, director del colegio San Agustín de Santuario y de la revista “Tatamá” de esta misma población, insertó  el siguiente aviso  en la edición de agosto de  1915:

COLONOS:

Llamamos la atención de las familias que en otras partes están escasas de tierra. El territorio de La Celia en el Alto Cañaveral goza de las más feraces montañas de variados climas, en terrenos baldíos en su mayor parte.

Pueden acomodarse allí  10.000 habitantes. El caserío toma rápido incremento y hay una buena escuela oficial.”

Como se había augurado el corregimiento de “Barcelona” alcanzó en muy pocos años la dignidad de municipio, así que el 30 de noviembre de 1959   por Ordenanza No.  96, la Asamblea de Caldas creo el nuevo distrito municipal de “La Celia” y Barcelona pasó a la historia.

José Villa Grajales fue el primer alcalde que orientó al municipio que ha sorteado serias dificultades como asuntos limítrofes con Santuario, la violencia partidista de mitad del siglo pasado y los coletazos de los narcos que impusieron el terror en todo el territorio.

“La Celia” es un bello municipio, con buenas aguas y tierras fértiles, con gente amable y emprendedora, donde familias líderes como los Cano, los  Herrera, Hurtado, Zapata…  han convertido el municipio en una despensa y un remanso de paz del departamento de Risaralda.

 

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