jueves, 5 de enero de 2017

LA VEREDA EL RETIRO- PEREIRA


VEREDA EL  RETIRO

 Alfredo Cardona Tobón

                           María Gladys Giraldo, Amparo Raigoza , Alfredo Cardona T


A la vereda  El Retiro se llega por una carretera destapada  que pasa por un lado de la capilla católica, llega a la antigua vía del ferrocarril, cruza el caserío de Callelarga y entre cultivos de plátano y  café  lleva al pequeño poblado donde se destacan el Centro Educativo, una inspección de policía y dos establecimientos comerciales que sirven de punto de encuentro a los habitantes de la vereda.

Es tierra de suave topografía que en otros tiempos fue una productiva área cafetera  venida a menos por la broca,  la roya y los bajos precios del grano en los mercados extranjeros.

Cuenta doña María Gladys Giraldo, una economista jubilada, nacida y criada en El Et Retiro, que en  1882 llegó su bisabuelo Rafael Giraldo a unos abiertos entre el monte cerrado; venía de Rionegro, Antioquia, con su mujer, una yegua, un perro,  una escopeta, un azadón, el machete y tres hijos entre los ocho y los diez años de edad.

Rafael  levantó  un rancho de vara en tierra, sembró  maíz y fríjol y con unas gallinas y un cerdo  echó adelante con sus ilusiones; la zona estaba casi deshabitada; por encima del bosque emergía el humo de los fogones de las  casas en guadua de José Arias, José Aguirre y Rafael Moreno

Eran pocos los habitantes de esas tierras  que escaparon de las manos de los Marulanda, los Castro y demás empresarios paisas quizás por estar retirados de los caminos y se libraron también de los guaqueros, pues los quimbayas habían preferido enterrar sus tesoros en los  territorios al lado de la serranía.

 En mingas o convites los primeros pobladores de El Retiro convirtieron las derribas en maizales entreverados con fríjoles para alimentar la familia, los cerdos y las gallinas. Después algunos sembraron pasto y al  empezar el siglo XX la mayoría de los vecinos establecieron  los cultivos de café y plátano en las fértiles colinas transformándolas en  las fincas El Motor, Las Palmas, La Elena, El Jardín, La Marina, Los Recuerdos….

Los años pasaron, las trochas se convirtieron en caminos. El  hijo mayor, Jesús Giraldo, alargó los pantalones y se convirtió en un jayán montañero que levantó su  hogar con María de la Luz Arias, vecina del sector de La Bamba.

El joven matrimonio fijó su residencia en el Retiro, en tierras aledañas a las de su padre Rafael, de esa unión nacieron Hernando, Heriberto, Elena, María Dolores y Deyanira, que junto con los niños de los otros pobladores llenaron la vereda de  risas infantiles.

Al empezar el siglo XX  no había escuelas, ni caminos, ni acueducto… para estudiar los muchachos tenían que recorrer un largo trecho  hasta donde  está la portada de la finca Las Palmas y las niñas debían caminar hasta la escuela que estaba donde hoy se encuentra la Caseta  Comunal de Morelia

 En la primera década del pasado siglo se construyó la primera escuela, era una casita estrecha de esterilla donde se impartía educación primaria a niños y niñas, así funcionó hasta 1961 cuando con el apoyo del Comité de Cafeteros se  construyó una edificación moderna que fue base del actual colegio de El Retiro.

Ahora la vereda El Retiro tiene un puesto de salud, Instituto de bachillerato, caseta comunal, un tramo de vida pavimentada y servicio de busetas hasta Pereira; son logros de una comunidad organizada que contó con el apoyo de Camilo Mejía Duque y de Gabriela Zuleta, dos líderes políticos que en su tiempo hicieron mucho por El Retiro y demás zonas rurales de Pereira.

Hernando Giraldo, nieto de Rafael Giraldo, uno de los primeros colonos de El Retiro,  aprendió el oficio de la construcción y bajo su dirección, y  a golpe de  garlopa y de martillo, han tomado forma obras que han empujado el progreso de la vereda.

Por su parte María Gladys Giraldo, una de las nietas de Rafael, después de una exitosa carrera profesional, se ha retirado a sus cuarteles de invierno y adelanta en la vereda  una loable tarea con los vecinos de la tercera edad. .

                 

 El pequeño y pintoresco caserío de El Retiro con la infraestructura, el terminal de los buses que pasan por Morelia, Callelarga y la vereda, deja adivinar un futuro halagüeño,  le ayuda la  topografía y sus líderes. En cuanto al nombre ya no le cuadra el de Retiro porque con la modernidad quedó cerca de todas partes.

 

SUB-ESTACIÓN EXPERIMENTAL LA CATALINA

A pocos  kilómetros de la  Inspección de Policía y del Centro Educativo de la vereda El Retiro, en medio  de cafetales y maizales técnicamente cultivados, se ubica la Subestación  La Catalina de la Federación de Cafeteros.

La granja  ocupa una extensión de  41.8  hectáreas, está a 1350 metros sobre el nivel del mar y por su suelo clasificado dentro de la  unidad Chinchiná es especialmente adecuada para los cultivos de la zona cafetera.

 


 Vidal Largo Taba, Alfredo Cardona Tobón y Amparo Raigosa C

 

En  La Catalina se realizan  investigaciones  en convenio con CIMMUT (CIAT) y otras entidades nacionales e internacionales que trabajan con cultivos mejorados de maíz y café;  empezó  labores en  1983 con morera y gusano de seda, luego se trabajó  con piña y cardamomo y ahora se adelantan proyectos con especialistas colombianos y profesionales de México, Estados Unidos y Argentina.

La  labor en La Catalina es participativa, o sea en asocio  con cultivadores locales que aportan terrenos y recursos y desarrollan conjuntamente  los experimentos con la asistencia de los científicos de la granja.  Cuenta con  15 trabajadores permanentes y dieciocho funcionarios administrativos; en una amplia casa campesina de corredores y teja de barro están las oficinas y a poca distancia  las bodegas y el beneficiadero de café, donde se despulpa y se seca el grano mediante modernos equipos que operan con el mínimo consumo de agua y con temperaturas controladas que no afectan las condiciones organolépticas de la  bebida.

Desde hace muchos años don Vidal de Jesús Largo Taba  está vinculado a la Catalina como funcionario de la Federación de Cafeteros, es un riosuceño raizal  que ha sumado experiencia y vivencias para servir al  gremio caficultor.

Don Vidal es testigo de los  acontecimientos que han golpeado fuertemente  la caficultura colombiana: la aparición de la roya, un hongo que defolia los cafetos,  la presencia de la broca, que es un cucarroncito que daña los frutos, y  sobre todo los bajos precios internacionales resultantes de la sobreproducción del grano.

Al mirar las lomas que antes cubrieron los  cafetos  se observan  grandes parches de potreros y  diversos cultivos que no ocupan los  miles de  trabajadores rurales que antes vivían de café y ahora han emigrado a las ciudades en busca de un oficio. El Retiro y las demás veredas cafeteras de Colombia se han despoblado y caballerizas y casonas con postes pintados han remplazado las casas de guadua con canastas de auroras y begonias.

Se ha hecho tarde y hay que regresar a Pereira; al despedirnos don Vidal sigue el vuelo de unas garzas que se pierden en el horizonte verde de El Retiro

  Vendrán tiempos mejores- dice don Vidal-  yo no me imagino estas comunidades sin el café que es el alma y la razón de su lucha. La tarde cae y con las primeras sombras de la noche el verdor de los cafetales y maizales se convierte en un tapiz gris pespuntado por las luces de las casas campesinas.

 

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