lunes, 7 de noviembre de 2016

EL TREN PASÓ POR MORELIA


Alfredo Cardona Tobón*






Hasta muy avanzado  el siglo pasado el tren paraba en las  estaciones  de Morelia, La Siria y San Joaquín  donde los campesinos  subían a los vagones  con  bultos de café, racimos de plátano, gallinas en capachos y  marranos gordos que chillaban despavoridos entre los huacales de guadua.

La línea ferroviaria fue un rosario de paradas  y el cordón umbilical que conectó a Morelia con el resto del mundo cuando en 1925,  bajo la presidencia de Pedro Nel Ospina, se sancionó la ley que ordenaba la construcción de  un ramal entre Armenia y Zarzal y otro que llevaba desde esta ciudad a Pereira, uniendo el ferrocarril de Caldas con el ferrocarril del Pacifico. Entonces, el departamento de Caldas se convirtió en un cruce de carrileras, se  podía viajar en tren a Buenaventura, a Medellín  y de allí  continuar  hasta  Puerto Berrío sobre el río Magdalena; esa era una de nuestras fortalezas,  pues se podía exportar el café por el océano Atlántico y por el océano Pacífico con mínimos trasbordos; pero unos  políticos  pereiranos dijeron que las locomotoras estaban frenando el progreso de la ciudad y un grupo de ciudadanos alentados por el ministro Virgilio Barco, partidario de suprimir los ferrocarriles, levantaron un riel y cortaron de tajo el transporte ferroviario que tanto desvelo costó a los habitantes del Viejo Caldas

 El seis de mayo de 1959  la Junta Directiva de los Ferrocarriles Nacionales suspendió en forma  intempestiva el tráfico y dispuso el levantamiento de los rieles del  ferrocarril que comunicaba a Manizales con el resto del país. En febrero de 1969 le tocó el turno al ramal entre Nacederos y Armenia. En forma unilateral, sin contar con la opinión de los afectados, se aprobó el levantamiento de los rieles de ese tramo dejando aislado un vasto sector campesino.  Al desmantelamiento  de esta línea ferroviaria se opuso la Asamblea de Caldas, la Sociedad Caldense de Ingenieros,  la Corporación Financiera de Caldas, la ANDI y el Club Rotario de Manizales.

En mayo 8 de 1969 una  delegación de entidades cívicas de Manizales, Pereira y Armenia encabezada por Hernán Jaramillo Ocampo, Oscar Vélez Marulanda y Samuel Uribe Restrepo  hizo entrega al presidente Lleras Restrepo de una carta firmada por  las entidades cívicas y económicas de Caldas, Quindío y Risaralda, donde solicitaban, después de  10 años de haber sido interrumpido el servicio, que se reconectara el ferrocarril. El 29 de agosto de 1969 el gerente general de los Ferrocarriles Nacionales, Javier Ramírez Soto,  reunió en su despacho a  los parlamentarios de Caldas para informarles  que la empresa francesa “SOFRERRAIL”  consideraba como la  alternativa más aceptable de reconexión una variante entre  Belmonte y Gutiérrez, de 10 kilómetros de longitud, con un movimiento de tierras de  760.000 metros cúbicos, 7200 metros cúbicos  de concreto y un costo aproximado  de $2.500.000 por kilómetro.

En cuanto al tramo entre Pereira y Armenia el gerente general de los ferrocarriles dijo que  aunque antieconómica  era necesaria para la comunidad de la zona y por ello era conveniente restablecer el servicio.

El 21 de febrero de 1970 el presidente Lleras Restrepo  anunció la  tan  mentada reconexión del ferrocarril entre Manizales y Pereira, lo  que fue una mentira, pues jamás se realizó el proyecto.

En julio de 1972 era total el abandono del tramo entre Armenia y Pereira; los trenes solamente llegaban a la estación de San Joaquín  y los autoferros no tenían horario de salida. Al fin se  canceló totalmente el servicio y la región  quedó prácticamente aislada con unos trechos transitados tan solo por mulas y por camperos hasta que el  4 de octubre de 1970 el Ministerio de Obras Públicas adjudicó al ingeniero manizaleño Rodrigo Londoño Arcila, la construcción de la carretera Armenia- Montenegro-Quimbaya- Alcalá- Cartago que empalmó con la vía que salía de Pereira.

La desaparición de las líneas ferroviarias fue el triunfo de las trasnacionales del petróleo y del transporte automotor  sobre los trenes, y un retroceso en la malla vial de Colombia con perjuicio de la zona rural que mayoritariamente hacia uso de las  ferrovías. Hoy se nota su falta, pues el país se paraliza cada vez que hay un paro camionero.

En cuanto a la supuesta acción heróica de unos pocos ciudadanos pereiranos que levantaron un riel y suspendieron el tránsito ferroviario, hoy se ve esa acción como una metida de pata, como un despilfarro de parte de los dineros pagados por los gringos por el atraco del canal de Panamá y una miopía de parroquia pues si estorbaban los rieles, hubieran pensado en pasos elevados o en una variante que los alejara del centro de Pereira.

* historiayregion.blogspot.com

 

 

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