sábado, 30 de julio de 2016

EN LOS VIEJOS TIEMPOS DE APÍA- RISARALDA


JOSÉ JESÚS URIBE Y EL CURA AGUSTÍN CORRALES

Alfredo Cardona Tobón



En la guerra de los Mil Días las tropas gobiernistas apresaron a José Jesús Uribe Chavarriaga  en el caserío de Marmato y  a rastras lo llevaron amarrado hasta Cartago. Al recuperar la libertad y curado de sustos y moretones José Jesús se radicó en Ansermaviejo donde sus trovas irreverentes y anticlericales le valieron la fama de masón y ateo.

El parentesco con el general Rafael Uribe Uribe le sirvió para conseguir el puesto de Administrador de Rentas y Licores en el municipio de Apía, adonde se trasladó con el tiple y su esposa Efigenia Botero y una muda de ropa, porque nada más había conseguido en su vida errabunda y bohemia.

Por esas calendas oficiaba de cura el sacerdote Agustín Corrales, hombre ilustrado, activo servidor de la iglesia, buen administrador, godo a carta cabal pero terca, puntillosa, intransigente y soberbia.

El día de Corpus de 1912 José Jesús departía con algunos amigos en la calle principal de la localidad con el acompañamiento anisado de algunos aguardientes  cuando los sorprendió la solemne procesión con el Altísimo, estandartes y el murmullo de mil viejas rezanderas. Precisamente frente a su mesa sobre el amplio andén de la casa de Don Ruperto Alzate, el padre Corrales hizo un alto para impartir la bendición. La feligresía en pleno se hincó  sobre el duro empedrado menos José Jesús, que permaneció de pie, no por irrespeto sino por una lesión en la rodilla que le impedía ponerse de hinojos ante su Majestad Santísima.

LOS ANTECEDENTES PESAN

La fama que traía José Jesús Uribe y los chismes de algunos parroquianos mal intencionados bastaron   para que el cura Corrales montara en sacra ira y en el sitio e ipso facto excomulgara al Administrador de Rentas por su irreligiosidad e irrespeto por las cosas santas.

Lo triste del caso fue que Uribe Chavarriaga pese al liberalismo y su aparente indiferencia por los asuntos de la iglesia, era una persona creyente, con escapulario de la Virgen del Carmen, Rosario diario en la casa y comunión por cuaresma. Por eso la excomunión le cayó como una patada en el hígado. Ni la pérdida de una mina de oro y de una finca  durante la guerra, ni la marcha del único hijo a tierras lejanas, entristecieron tanto al Pelón Uribe como la medida injusta del padre Corrales, que a partir de entonces se le vio triste, alejado y flaco.

Una tarde de verano sin una nube en el cielo, un ave desconocida  revoloteó sobre la plaza de Apía, Uribe salió de la oficina y siguió con atención las acrobacias del extraño pájaro. De repente el alcatraz,  nativo de las costas chocoanas y perdido entre las serranías, se encumbró y en picada cayò muerte a los pies de José Jesús.

Hubo un gran revuelo en el pueblo, todos comentaban el peregrino acontecimiento y las Hijas de María y las Esclavas del Corazón de Jesús , al igual que las Adoratrices del Santísimo Sacramento  tomaron el hecho extraordinario como una señal de perdón divino. Ese mismo día el cura Corrales atendiendo el clamor de la feligresía levantó la excomunión del Pelòn en solemne ceremonia

LAS ARBITRARIEDADES DEL CURA

No todos los anatemizados  por Corrales tuvieron la suerte del “ alcatranazo”  que redimió a J-J Uribe. En la Semana Santa de 1916 Luis Saldarriaga cometió la torpeza de dejar abierto el negocio al paso de la Procesión de Ramos, ello bastó para que el sacerdote lo insultara desde el púlpito y lo amenazara con convertirlo en espíritu de nitro si osaba hacer lo mismo el miércoles santo.

Apía se dividió, unos apoyaron al cura  y otros, cansados de las arbitrariedades del levita azuzaron y carearon Saldarriaga para que abriera el negocio a ver si el cura era capaz de hacérselo cerrar.

La situación enfrentó al pueblo, a medida que pasaron las horas se fue tornado gravísima pues los bandos se armaron y  se estaba fraguando una verdadera guerra entre godos sectarios y godos progresistas. Las autoridades intervinieron y en solución inteligentísima, propia del rey Salomón,  aconsejaron un viaje pastoral al corregimiento de Viterbo. El  periódico “ Pendón Rojo” de la vecina población de Santuario satirizó la salida inusual del párroco, afirmando que Saldarriaga había  ganado la partida y que había mostrado tener pantalones, al contrario de  Juan de Dios Agudelo y de Daniel Toro y de otros vecinos  que abandonaron la población por presión de Corrales.

EL PODER CLERICAL

El control que ejerció el cura Corrales en el municipio de Apía es una muestra del poderío de la iglesia en las mentes y actividades de sus parroquianos en èpocas pasadas. Había que consultar a los presbíteros para nombrar alcaldes, rectores de colegio y funcionarios  públicos; algunos dictadorzuelos con sotana decidían quien vivía y quien tenía que emigrar en ciertas localidades.

La arbitrariedades del párroco de Apia motivaron la salida del médico Ricardo Eastman y la reacción de ochenta notables de Apía, que firmaron un extenso memorial quejándose de las inicuas medidas del levita.

En 1935  las autoridades eclesiásticas trasladaron al párroco Corrales a la iglesia de la Valvanera en Pereira. Su conducta parece anecdótica en los tiempos actuales, pero su comportamiento fue nefasto para Apía, pues enfrentó a los vecinos y lo más grave de todo fue que incitó a la violencia, abonando inconscientemente la dolorosa hecatombe que ensangrentó  a Apia y a los pueblos vecinos en la nefasta época de mitad de siglo XX.

 

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