sábado, 9 de abril de 2016

LA REGIÓN EN 1829


LA REBELIÓN DEL GENERAL  JOSÉ MARÍA CÓRDOVA

Alfredo Cardona Tobón*


En 1828 era evidente el malestar  general ante el gobierno autocrático de Bolívar. Hasta Sucre, el más fiel escudero del Libertador, opinaba que el caraqueño había errado su marcha desde que le dieron el mando supremo con facultades de dictador.   José María  Córdova, por su parte, se alejaba cada vez más de Bolívar cuestionando  el proyecto de una monarquía constitucional y la implantación de la constitución instaurada en el Alto Perú.

La animadversión contra los militares  venezolanos fue  universal entre los granadinos: “nadie quiere ya este matrimonio- afirmaba el arzobispo Mosquera- y de grado o por la fuerza debe deshacerse”. La idea de una Colombia con Quito y  Venezuela fue un fiasco desde el principio;  en Caracas gobernaba autónomamente Páez, en el sur Flórez y Gamarra actuaban independientemente y en Bogotá legislaba Bolívar con los venezolanos y un  séquito de mercenarios extranjeros.

Mientras crecía el  prestigio de José María Córdova,  aumentaban los contradictores de Bolívar  y el deseo de un país regido por las leyes y no por la voluntad de una persona. Tal era el caso de Santander que tenía una visión  distinta de un estado   hastiado de charreteras; y aunque Córdova aún guardaba fidelidad al Liberador, éste desconfiaba cada vez más del valiente antioqueño por los chismes venenosos del coronel Tomás Cipriano de Mosquera y  del general Daniel Florencio  O¨Leary.

Por esos chismes, Córdova perdió el mando de las tropas del sur y se vio relegado al cargo honorífico  de Ministro de Marina sin mando y sin buques. Antes de regresar a Bogotá, Córdova se detuvo en algunos pueblos del Valle del Cauca donde constató el rechazo de sus habitantes  a las políticas de Bolívar  y al  Concejo de Gobierno  que el Libertador instauró cuando marchó a combatir  a los peruanos.

Antes de seguir a la capital  el héroe de Ayacucho  visitó su tierra natal y en Rionegro  manifestó la necesidad de cambiar el rumbo del gobierno, sacudir la coyunda foránea y atajar el embeleco de un príncipe extranjero. Creía contar  con el apoyo de los pastusos y de los vallecaucanos; además, estaba seguro del  respaldo antioqueño;  por ello se lanzó a la aventura de enfrentarse a las tropas veteranas seguidoras de Bolívar. Los gobiernistas intentaron capturarlo la noche del 11 de septiembre de 1829 y esto aceleró el pronunciamiento en Rionegro, cuyos habitantes rodearon a Córdova y bajo el mando del bizarro general tomaron a  Medellín el  14 de septiembre.

PREPARATIVOS EN EL NORTE CAUCANO

Apenas se conoció el levantamiento de José María Córdova, el general Escolástico Andrade, al frente de las fuerzas gobiernistas del Cauca,  viaja a Cartago y  desde allí toma las medidas para hacer frente a la revolución de Antioquia como lo registra la  “Gaceta de Colombia” con fecha octubre 7 de 1829.

Andrade recluta tres batallones de milicias en las jurisdicciones de  Buga, Tuluá y Cartago y en las aldeas de Ansermaviejo, Quinchía, La Vega de Supía, Quiebralomo, San Lorenzo, la Montaña, Guática y Tachiguí y una vez hecho el reclutamiento los  arma con quinientos fusiles que guarda en  Cali y con lanzas construidas en Cartago.

Para obstaculizar el posible avance de los antioqueños,  Andrade debe controlar los pasos del río Cauca por Quintero, Bufú, La Cana, Pozo, Caramanta y Velásquez, pero  se encuentra  con la dificultad de abastecer los destacamentos desde el Valle del Cauca,  por  la distancia y sobre todo por los caminos fragosos y  despoblados que habría que recorrer para auxiliarlos desde  Popayán y Cali. En vista de lo anterior, Escolástico Andrade ordenó al Director de Minas de Marmato la formación de  milicias con la  gente de esos establecimientos previamente armada con los fusiles que  el gobierno permitía tener en esas explotaciones.

A los mineros de  Marmato les asignaron la defensa de los pasos de Quintero, Bufú y La Cana, cercanos a esa aldea;  y a los de la Vega de Supía  les señaló los pasos de  Caramanta, Pozo y Velásquez. Con esa gente bisoña y mal armada era improbable frenar un posible ataque de Córdova.  Entonces, Andrade conformo un  segundo frente  con el comandante Hernández a la cabeza y tropas veteranas que situó en Ansermaviejo.

Mientras las fuerzas de la Junta de Gobierno presidida por Rafael Urdaneta cruzaban el río Magdalena para enfrentar la revolución,  desde la Costa se movilizaban las tropas de Montilla y en el sur esperaba órdenes Escolástico Andrade. “Es imposible vencer”, le dijeron a José María Córdova, “pero no es imposible morir”  contestó airado el bravo militar. Y así, con el solo apoyo de un puñado de inexpertos y valerosos jóvenes se enfrentó a fuerzas superiores en el campo de El Santuario.

Córdova luchó en medio de traidores y chismosos contra las pretensiones dictatoriales de un hombre minado física y espiritualmente. Era uno de los militares granadinos de mayor rango y prestigio que opacaba a los militares venezolanos y hacía sombra a Urdaneta y al  resto del séquito que adulaba a Bolívar.

Con un grupo de valientes, Córdova, el héroe de Pichincha y Ayacucho, se enfrentó con los bolivarianos el  1 de octubre de 1829. En el hospital de campaña lo encontraron gravemente herido.  El   irlandés Daniel Florencio O´Leary dio orden de asesinarlo y  Ruperto Hand, otro extranjero al servicio del gobierno, lo remató a sablazos sin tener en cuenta que estaba herido y desarmado.

 

Manuelita Sáenz y  los esbirros del régimen se alegraron con la muerte de Córdova y fue indiferente la reacción de Bolívar que no castigó a los asesinos ni  protestó por tan enorme villanía. Como se vio en la rebelión contra el gobierno, el antibolivarismo en Antioquia no fue tan notorio como en el Cauca, donde se organizaron bailes al morir Bolívar, pues en la región, además del rechazo a las medidas dictatoriales y la oposición a los reclutamientos, se establecieron impuestos para contribuir a los gastos demandados por las columnas de O¨Leary y Escolástico Andrade.

 

 

 

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