jueves, 28 de enero de 2016

EL DEPARTAMENTO DE RISARALDA LUCHA POR SU AUTONOMÍA


Jaime Lopera G- Alfredo Cardona T

 

Cuando el general Rafael Uribe Uribe propuso la creación del departamento de Caldas presentó como posibles capitales a Manizales, a Pereira y a Riosucio. Una vez aprobado el proyecto voces inconformes trataron de desligarse de Manizales, tal fue el caso de Riosucio que intentó hacer tolda aparte con algunos municipios del occidente caldense y varios del  Chocó.

 

En 1926 el Doctor  Ramón Herrera fundó en Santuario el periódico “Guante Rojo” para trabajar por los intereses liberales y la creación del departamento del Quindío con capital en Pereira. Sus ataques a Manizales fueron virulentos, decía que esa ciudad estaba absorbiendo  los presupuestos de los municipios de la región sin ofrecer nada a cambio y se quejaba también de la excluyente rosca de los Gutiérrez.

 

En marzo de 1930 se reunieron delegados del Quindío y de la antigua provincia de Marmato para establecer un plan con miras a formar un departamento aparte. Dirigentes de Pereira y de Armenia continuaron agitando la idea, con la pretensión de cada una de estas ciudades de ser capital de la nueva sección. En junio de 1936 se convoca una asamblea para discutir el proyecto;  Pereira logró la adhesión de Calarcá, Montenegro, Salento, Balcázar, Belén, Pueblo Rico, Balboa, Santuario y Apía; se mostraron adversos Anserma, Riosucio, Armenia, Santa Rosa, Risaralda, Quinchía y Mistrató, y en ese  momento no se definieron Supía, Marmato, Pijao, Quimbaya, Circasia y Filandia. Nada pudo adelantarse  pues la Constitución exigía  el apoyo de las dos terceras partes de los municipios de un departamento para lograr una segregación.[1] Hubo que esperar 31 años para que Armenia se separara sin oposición de Manizales y  Pereira pudiera emprendiera una campaña, hasta con ribetes de violencia, para constituirse en  capital del departamento de Risaralda.[2]

 

El escritor risaraldense Guillermo Alzate Fernández[3], cronista de la segregación de su departamento, registra algunas de las causas que originaron la creación de Risaralda. Algunas de estas razones ya habían sido mencionadas por los quindianos durante sus primeros escarceos en favor de la autonomía y señalan muy claramente que existían viejos resentimientos en las dos regiones por la conducta asumida por la clase dirigente manizaleña en sus pretensiones de mantener, a toda costa, la integridad seccional.

 

Los risaraldenses indican, en su memorial de quejas, algunos motivos como estos: en primer lugar, (a) el nombramiento de delegados a un Congreso Cafetero de 1946 donde de 16 delegados, 10 eran manizaleños; (b) “la iglesia de la catedral de Manizales, construida con fondos de todos los municipios; (c) el ferrocarril Chinchiná-Manizales en el cual se invirtieron más de 16 millones de pesos; (d) los cables que se tendieron hacia la Provincia del Norte; ( e) la construcción del Teatro de los Fundadores; (f) el centralismo agudo de Manizales; (g) el desprecio con que se miraban a los habitantes que no fueran de la capital; (h) la lotería de Manizales; y (i) la construcción de la fábrica de licores en la cual se invirtieron más de 25 millones de pesos, en detrimento de las demás necesidades de otras regiones del mismo departamento.

 

La enumeración es larga e incluye igualmente descontentos sobre el uso departamental de los impuestos municipales; quejas sobre el agotamiento de la minería de Marmato, Supía, Anserma y Quinchía; sobre la burocracia estéril e inútil del departamento, sobre la construcción del Hospital de Zona y el Aeropuerto y “porque no se ha dicho una sola razón, una sola por nadie, salvo las de orden sentimental, que demuestre que es un error la segregación”.

 

En una carta a los notables de Manizales, Esteban Valencia Arboleda les dice: “ustedes, hombres de letras, de empresas saben que la demanda de los habitantes de Pereira es irrevocable, e inevitable”. Aludía el señor Valencia al hecho de que ya el departamento de Caldas no podía percibirse  como un todo, que cada una de las tres ciudades caldenses, tenía una orientación, “un estilo de vida, una apreciación característica que las separa de las restantes y la identifica con su pueblo”[4]. Había aquí, en estas frases, una seria posición conciliadora, tratando de persuadir a los notables de Manizales sobre el error discriminatorio en que estaban cayendo.

 

En esta enumeración de razones se mezclan sentimientos de rechazo con situaciones objetivas que merecen una consideración mayor a la que pueda darse cabida en estas páginas. En realidad, más que razones son síntomas de una problemática que, para los risaraldenses y los quindianos, venía de tiempo atrás. Los pereiranos, con ese cúmulo de argumentos cuyos matices cambiaron de ciudad a ciudad, secundaron las intenciones separatistas que comenzaron en Armenia. Para combinar las quejas ante Manizales, el doctor Arturo Valencia Arboleda, miembro de la junta pro-departamento y redactor de la exposición de motivos del proyecto de Ley pro-departamento de Risaralda, dice allí que el problema “no es con Manizales…(…) estamos inconformes, molestos, cargados completamente de angustia, como se invierte el resultado de nuestro trabajo. Culpa de los gobernadores no es, pues el dinero del fisco se distribuye como lo manda la Asamblea. Nuestra molestia es con la Asamblea. Ella se integra por votación universal de las provincias. Los caldenses todos somos responsables de haber creado este modus vivendi que hizo del nuestro el más poderoso, proporcionalmente, de los departamentos, pero también el que ha abrigado sin término el germen de la destrucción”[5].

NI REPOSO, NI TREGUA


 

En octubre de 1966, la junta pro-departamento de Risaralda envió una comunicación al presidente de la República para cuestionar la posición de la Asamblea de Caldas con respecto al proyecto de Ley que creaba el nuevo departamento de Risaralda y denunciaba  situaciones de coacción en esa Asamblea contra los diputados de Santa Rosa y Marsella. Eso era previsible: el estamento político de Caldas, afectado por su derrota en el caso de la creación del departamento del Quindío unos meses antes, estaba encontrando la manera de obstaculizar la nueva iniciativa que venía en marcha. Incluso el obispo de la Diócesis de Pereira, Baltasar Álvarez Restrepo, preocupado por lo caliente de la situación, envió un fuerte mensaje al presidente de la Cámara de Representantes para que vieran que “no se satisface lo que millares y millares de personas consideran como suceso cumplido”[6].

 

Para verificar el cumplimiento de los requisitos y el estado de la opinión pública en torno al proyecto de ley sobre Risaralda que se estaba estudiando en la Cámara, una comisión de esa entidad visitó a Pereira con el objeto de hablar con los diversos grupos y entidades cívicas que animaban el movimiento separatista. El pereirano Guillermo Ángel Ramírez fue el orador designado para hablar ante los comisionados en el Club Rialto. Allí dijo, entre otras cosas: “más de 600 mil habitantes no tendrán reposo ni darán tregua hasta que vean coronado el esfuerzo de independencia y autonomía”. Y añadió que la subdivisión de Caldas debía mirarse como un fenómeno sociológico necesario y que más valía la colaboración armoniosa de los tres departamentos que las rencillas por intereses encontrados.

 

Para abundar en sus argumentos el doctor Ángel Ramírez examinó algunas cifras estadísticas que reforzaban su posición. Risaralda, decía que cuenta con 627.520 habitantes; Caldas con 584.000; y el Quindío con 335.420 habitantes en tanto que el presupuesto de los municipios de Risaralda era de $48.960.120, el de Caldas $23.253.237, más el producto de las empresas públicas de Manizales; y el del Quindío subía a $27.495.717. Con ello trataba de demostrarse que la capacidad fiscal y la población de Risaralda y del Quindío, cumplían los requisitos de la Ley para el manejo autónomo como unidad administrativa.

 

El presidente Carlos Lleras Restrepo sancionó la ley 70 del primero de diciembre de 1966 que creó el departamento  de Risaralda. El primer gobernador fue Cástor Jaramillo Arrubla, posesionado el 1 de febrero de 1967 ante el tribunal superior, en vez de Gonzalo Vallejo, el mayor promotor, quien era el candidato opcionado por todos

 

Un episodio que no puede quedar al margen de este relato risaraldense es el que llaman “el florero de la liberación”[7]: cuando se aprobó el departamento del Quindío, el gobernador de Caldas mandó a recoger todos los equipos de obras públicas que se encontraban en Armenia, en Pereira y en sus pueblos cercanos. El equipo que se encontraba en Pereira estaba compuesto por dos volquetas en mal estado y un buldózer que hacia el mantenimiento a la vía para el aeropuerto. Cuando un camión que transportaba el buldózer  estaba a punto de salir para Manizales, el alcalde de Pereira Octavio Mejía Marulanda impidió su salida[8];  notificó que a la fuerza opondría la fuerza, “ que con los obreros y empleados y la gente de la ciudad, formará las huestes que se enfrentarán a la policía si se cumple la amenaza formulada desde Manizales”. El buldózer en cuestión se ocultó en el corregimiento de La Florida, donde  el dirigente Gilberto Bedoya lo utilizó para abrir una carreter

.

En vista de la contumacia, el gobernador Gartner destituyó a Mejía Marulanda y éste a su vez fue remplazado por el general Sánchez Ordóñez. Este episodio, que tiene muchos otros matices que sería prolijo señalar aquí, fue llamado en su época como el Florero de Llorente de la independencia de Risaralda[9].

 

El presidente de la junta pro-departamento de Risaralda, Gonzalo Vallejo Restrepo, dijo en un reportaje, que cuando iba a nacer el departamento del Quindío entendió que era la oportunidad para que Risaralda se convirtiera en una nueva sección territorial. La campaña se inició  con dos y medio millones de pesos aportados por los  pereiranos. Posteriormente, Gonzalo Vallejo fue gobernador de Risaralda en la administración de López Michelsen.

 

Es imposible mencionar la miríada de actores que desempeñaron algún papel en la creación del departamento de Risaralda; unos a favor y otros en defensa de la integridad territorial de Caldas. Pero debe resaltarse que con  excepción de Pereira que se la jugó toda por la causa y de Santa Rosa de Cabal que se opuso mayoritariamente a la disgregación, la mayoría de los municipios implicados marcharon al compás de los acontecimientos con concejos que cambiaron de opinión en repetidas oportunidades, halagados  por las promesas de Pereira y de Manizales.

 

Es de anotar que más que las comunidades fueron unos pocos líderes quienes definieron la marcha de los acontecimientos en la provincia separatista. El dirigente Camilo Mejía Duque, por ejemplo, buscó la incorporación de municipios de mayoría liberal como Quinchía y dejó en manos de Manizales a municipios conservadores como Anserma y Riosucio cuyos habitantes miraban con mucha simpatía al nuevo departamento.

Viterbo cerró filas alrededor de la beligerante dama conocida como “ Teresita de Caldas” que encendió los ánimos y creó delicadas situaciones de orden público en la banda izquierda del rio Cauca. Alberto Mesa Abadía inclinó la balanza risaraldense en Apía, De los Rios en Belén de Umbría y los Hurtado en La Celia.

Lo que debió ser una campaña pacífica de reivindicación de aspiraciones se tornó en una confrontación violenta. El 12 de julio de 1966 “ El Diario” de Pereira publicó la siguiente información:

Extra- Extra

Matones  a sueldo de Manizales trataron de asesinar esta mañana a comisionados  pereiranos en Balboa.

El pueblo de Pereira listo para ponerse en armas con el fin de ganar su libertad y cobrar caro todo  atentado contra sus gentes y sus amigos. Si guerra quieren darnos guerra  les daremos, dice la Junta Pro- departamento de Risaralda. Alerta pereiranos-

 

Al incremento de amenazas, manifestaciones y contramanifestaciones en varios municipios se sumó la incertidumbre, pues los limites risaraldenses  variaron de acuerdo con las negociaciones de los políticos que no tuvieron en cuenta la opinión de la ciudadanía  ni las conveniencias locales.

 Cuando se creó el departamento de Caldas se incluyeron las provincias caucanas de Marmato y de Robledo, la primera con capital en Riosucio y la segunda con capital en Pereira; al establecerse  el departamento de Risaralda el primero de febrero de 1966 se incluyó  la provincia de Robledo y se fracturó la antigua provincia de Marmato que quedó repartida entre Caldas y la nueva entidad territorial; con esta decisión se  rompió una tradición territorial  y se afectó  la identidad de una gran comunidad que va desde La Virginia hasta Marmato y debió quedar íntegramente en Risaralda.

 

Bibliografía


 

·         Almario, Oscar. Nuevas Subregiones Políticas y Culturales en el Occidente de Colombia. en “Historia del Gran Cauca”. Instituto de Estudios del Pacífico, Universidad del Valle, Cali, 1996

·         Alzate Fernández, Guillermo. Desmembración de la Mariposa Verde. Autoedición. Pereira, 1984

·         Cinep. Colombia, País de Regiones. Cinep, Colciencias, Bogotá, 1998, Tomo I.

·         Motta Vargas, Ricardo. Ordenamiento Territorial en el Quinquenio de Rafael Reyes. Ediciones Doctrina y Ley, Bogotá, 2005.

·         Tirado Mejia, Alvaro, Sobre Historia y Literatura. Colección Historia. Volumen 1. Fundación Simón y Lola Guberek, Bogotá, 1961

 




 
[2]  Cardona Tobón, Alfredo . La Patria, junio 17 de 1986
[3] Alzate Fernández, Guillermo. Desmembración de la Mariposa Verde. Autoedición. Pereira, 1984, p.13.
[4] Alzate Fernández, op cit., p. 23.
[5] Alzate Fernández, op cit., p.17.
[6] Alzate Fernández, op cit., pág. 26.
[7] Alzate Fernández op cit., pág. 50.
[8] EL DIARIO-  Nov 4 de 1965
[9] Alzate Fernández op cit., pág. 52.

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