jueves, 24 de septiembre de 2015

LA HISTORIA DE LA VEREDA LA COLONIA


Alfredo Cardona Tobón
 

Primero fue la selva, luego los nativos quimbayas, después   Valeriano Marulanda arrasó la selva y al empezar el siglo XIX  el plan de la Bella quedó convertido en la hacienda “El Porvenir”,  de Bernardo Santacoloma.

En  900 hectáreas en pasto, rastrojo y monte  Santacoloma estableció  un hato lechero y una casa con un  corral de piso en piedra, era todo un mundo con colas de monte en cañadas donde ocultos por  árboles centenarios  se fueron instalando los invasores con  pequeños cultivos; era una tierra descuidada, raramente visitada por el dueño, sin linderos precisos y frecuentada por abigeos que impunemente descuartizaban las reses.

Mientras Bernardo Santacoloma perdía la batalla en los rastrojeros de su hacienda  “El Porvenir”,  Gilberto Bedoya Casadiego, presidente de la Asociación de Usuarios Campesinos, abría haciendas  en el corregimiento de La Florida y buscaba la reivindicación de los labriegos sin tierra como presidente de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos- ANUC.

Gilberto Bedoya es uno de los grandes líderes rurales  de Pereira; durante el gobierno de Carlos Lleras Restrepo propuso tesis revolucionarias como el seguro de cosecha y el establecimiento de una Reforma Agraria que diera una oportunidad  a los campesinos más pobres y en su paso por el Concejo de la ciudad y por la Asamblea de Risaralda realizó valiosas obras en  el corregimiento de La Florida.

Walter Benavidez, Gilberto Bedoya, Asdrúbal Gonzalez y Alfredo Cardona

En 1968 siendo  La Bella una vereda de  La Florida  llegó a oídos de Bedoya el  clamor de los labriegos sin tierra  de su corregimiento; una mañana de  ese año Gilberto Bedoya con un grupo de campesinos salieron de La Florida y a punta de machete abrieron una senda que los llevó hasta la hacienda “El Porvenir. Fue una acción audaz que Gilberto  recuerda vivamente. Con   su voz que  es un susurro y  no es la fogosa oratoria que encendió los espíritus labriegos, narra la invasión al enorme predio desaprovechado de Santacoloma:

 “La ocupación la hicimos inicialmente doce personas- cuenta Gilberto- entre ellas   Oscar Torres, Enrique Garzón, Juan de Jesús Franco y Elías Chiquito.  Hacíamos trepar  al más  ágil a  un  árbol enorme para que nos avisara con  un toque de cacho si llegaba Santacoloma  o la autoridad, para ponernos a salvo y  evitar el arresto. Trabajamos de sol a sol y a veces hasta por la noche, levantando ranchos, preparando las siembras y plantando semillas.”

“Alguien avisó a Bernardo Santacoloma- continúa contando Gilberto Bedoya- y Santacoloma con el apoyo del alcalde y Octavio Marulanda y del comandante del Batallón San Mateo vino con tropas y policía y nos hizo poner preso junto con otros compañeros..

Afortunadamente n fue  mucho lo que estuve retenido en las instalaciones militares, pues el  presidente Lleras Restrepo envió un Procurador que no encontró méritos para arrestarme al no figurar como cupante de ningún lote ni aspiraba a nada, ya que tenía la hacienda  “La Selva” y otras vastas propiedades en La Florida.”[1]

Bernardo Santacoloma  me ofreció  $200.000  para que se hiciera a un lado y dejara de apoyar a los colonos que invadían su propiedad -agregó Gilberto Bedoya-. .”  Eso era mucha plata  pero mi compromiso era con la comunidad.”

  Tal vez para evitar una confrontación con los colonos  o por los oficios del   presidente Lleras, la intervención de la fuerza pública no  se prolongó por mucho tiempo; aún en medio del temor a ser desalojados, los invasores del  “Porvenir”  tuvieron tiempo de organizarse, delimitar los lotes  y construir sus ranchos.

La ANUC y su presidente Gilberto Bedoya movieron todo tipo de influencias en Bogotá y al fin lograron que el  INCORA comprara la tierra de Bernardo Santacoloma  y  legalizara 68 títulos de propiedad a los campesinos que la estaban trabajando.

LOS RECUERDOS DE  UN COLONO

Una mañana de 1968 Juan de Jesús Franco  llegó a la hacienda “El Porvenir junto con otros once compañeros. El monte bajo cubría gran parte de la enorme propiedad de Bernardo Santacoloma; por doquier se veían  yarumos y arrayanes entreverados en el rastrojo; en las cañadas sobresalían los árboles centenarios sobrevivientes de las talas y las quemas, parecía una tierra de nadie que estaba esperando un doliente que la aprovechara.  

Las noticias de la invasión se regaron por La Florida y las zonas aledañas a La Bella, motivando a otros campesinos sin tierra a asentarse en los predios de la hacienda “El Porvenir”. Una junta de vecinos limitó las propiedades con estacas y en cada lote, de aproximadamente tres cuadras, los colonos levantaron su vivienda con la madera del monte,  tejas de cartón alquitranado por techo y láminas del mismo material  como paredes, para proteger a la familia del frio y de la  lluvia.

A partir de entonces “El  Porvenir” tomó el nombre de “La Colonia”. En esta fundación no hubo animales de monte que llevaran carne a las mesas campesinas, ni se contó con la guadua ni aserríos de madera. Los ocupantes de los terrenos de Santacoloma estaban constreñidos a un pedazo de tierra  sin espacio suficiente para mantener ganado y  morían de sed  con un  hilillo de agua que venía por mangueras de plástico y se agotaba cuando hacía verano.

Fueron meses con enormes necesidades,   hasta que los vecinos de “La Colonia” sacaron al mercado las primeras cosechas de cilantro, de cebolla, de alverjas y habichuelas. Como no había carretera y los caminos eran lodazales, los productos se sacaban al hombro hasta el Plan de La Bella, donde el yip de don Octavio, venciendo barrizales y canalones, recogía los bultos en las madrugadas y los transportaba al  mercado de la  carrera décima.

LA VIDA EN LA COLONIA

En 1975 el bus escalera de un señor de nombre Octavio llegó a la vereda y una luz de esperanza iluminó a sus pobladores en las  épocas secas porque en tiempo de lluvias era imposible vencer los pantaneros.

Por gestiones de la ANUC y de Gerardo Bedoya el INCORA compró las tierras de Santacoloma y legalizó los predios invadidos, fue una labor acuciosa y difícil que tomó varios años de papeleos. Juan de Jesús Franco recuerda esos duros tiempos y el apoyo valioso de  Camilo Mejía Duque,  de Gabriela Zuleta y de Jaime Salazar Robledo que gestionaron auxilios para construir un tanque, instalar tuberías y bombear el agua de un quebrada cercana.

Los políticos y la administración municipal aportaron materiales,  El SENA  prestó asesoría técnica y agrupó a los vecinos en la  Asociación de Agricultores de la Bella  en tanto el doctor Alberto  Mesa Abadía recababa auxilios para la electrificación  de la zona.. En 1978 Daniel Florencio  Ortiz donó el lote para la escuela de La Colonia y en 1980 vino un profesor de Pereira a enseñar las primeras letras. Toda la gente estaba por ayudar- dice Juan de Jesús Franco. Hubo mucha solidaridad, todo el mundo asistía a los convites.  Caminos Vecinales nos suministró la maquinaria y el balasto y nosotros nos encargamos de hacer cunetas y regar el material en las vías.

De los colonos de los primeros tiempos quedamos muy pocos- agrega Juan de Jesús- Me acuerdo de Enrique Garzón del Tolima,  de Oscar Torres, de Omar Londoño que aún vive. Muchos murieron, otros vendieron. .. “La Colonia” ya no es la misma.

 

 

 




[1] Testimonio de Gilberto Bedoya julio de 2015.

1 comentario:

  1. Qué gran trabajo de recuperación de la memoria local, poca gente sabe que el fenómeno de producción de alimentos en La Bella y la Florida tiene su origen en una lucha agraria que parceló la tierra y posibilitó la existencia de pequeños productores. Gracias por esta labor don Alfredo, siempre se le lee con ganas.

    Camilo Alzate.

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