lunes, 21 de septiembre de 2015

EL PALENQUE DEL NEGRO PRUDENCIO


Por: JOHN JAIRO VERA OSPINA*
 
                                                    Oleo de Edward Walhouse- 1845  

Desde los tiempos de la Colonia, se conoce como palenque al caserío de negros esclavos fugitivos, llamados “cimarrones”, ya que con ese nombre se denominaban los cerdos domésticos quefugados de sus porquerizas iban adoptando particulares dotes de salvajía”. Dichos esclavos establecían comunidades en parajes selváticos de difícil acceso, dedicándose a la recolección de frutos, cultivos de pan coger, la cacería y la pesca. Entre los estudiosos de los procesos de libertad de la raza negra en la América hispana, hay consenso, tal como lo señala el historiador Jaime Jaramillo, al definir estos palenques como sitios estratégicamente ubicados para la defensa, seguros y con terrenos cultivables. Se llamaban así por estar rodeados de empalizadas, púas envenenadas, fosas y trampas

En nuestro país existieron diferentes palenques, tantos como explotaciones esclavistas hubo en el interior y hacia los litorales del mismo. Algunos gozaron de mayor notoriedad que otros, como lo han consignado “los cronistas al reseñar el levantamiento del palenque de la Ramada, en Santa marta, en 1529, y en lo sucesivo por toda la Nueva Granada, siendo el más notorio el de La Matuna, organizado por el legendario Benkos Biohó, en los montes de la Sierra de la María, al sur de Cartagena, durante el siglo XVII”. Así como los de  Domingo Criollo y Pedro Mina (Bolívar) en 1694, Santa Cruz de Masinga (Valle de Upar), San Basilio (Cartagena), Guayabal (Cundinamarca), Tadó (Chocó), El Castillo (Valle del Patía), Nóvita (Chocó) y San Bartolomé (Mompox) en 1799, entre muchos otros.

El palenque del negro Prudencio adquiere notoriedad en nuestro entorno, debido a que las nacientes empresas agrícolas que ya se ubicaban en la confluencia de los ríos La Vieja y Cauca, demandaban cada vez más mano de obra de esclavos negros, y un hecho de estas características llenaba de temor a los propietarios criollos y españoles, por el mal ejemplo que podría ser imitado en distintas explotaciones, disminuyendo su capacidad de producción y poniendo en riesgo la integridad física de los dueños y familiares de éstos.

Los historiadores Orlando Fals Borda y Víctor Zuluaga Gómez, coinciden en afirmar la existencia de este palenque en cercanías al perímetro urbano de la actual ciudad de Pereira, aunque Fals Borda ubica dicho asentamiento en “Cerritos” y Zuluaga Gómez en lo que hoy conocemos como “Turín”.

Después de vivir algunos años en la región de las sabanas, el negro Prudencio adquiere cierto grado de liderazgo entre su gente, por lo que se aventura a abandonar los predios de sus dueños el 18 de agosto de 1781, acompañado de 27 esclavos (Zuluaga Gómez, 1998), los cuales remontaron el río La Vieja, hasta el sector de Cerritos, en donde el grupo cruzó en línea recta buscando las colinas selváticas del norte, hasta hallar el cauce del río Otún, por cuya ribera prosiguieron su camino “en dirección a su nacimiento, los esclavos llegaron hasta el punto en el cual la quebrada Egoyá desembocaba en el Otún, y ascendieron… Allí construyeron un rancho y alcanzaron a sembrar unas matas de plátano, de acuerdo con el testimonio dado por alguno de los vecinos que intervinieron en la captura posterior de dichos esclavos” (Zuluaga Gómez, 2004). Ambos autores, Fals Borda y Zuluaga Gómez, precisan que los fugitivos buscaron la colaboración de algunas tribus indígenas de la región, como los que residían en Pindaná de los Zerrillos y los del poblado de Vía, ubicado este último en las laderas que cruzaba el camino hacia el nevado del Ruiz, lo cual puede llamar a confusión.

Decir exactamente hasta qué punto llegaron los fugitivos en su ascenso por las orillas de Egoyá, es bastante difícil, debido a la fuerte pendiente que se levanta por más de 300 metros desde el cauce del Otún. Muy seguramente, dada la experiencia de quienes huían, el lugar escogido para levantar sus ranchos fue una pequeña explanada hallada antes de que la quebrada Egoyá comenzara su descenso brusco.

Como era de esperarse, los propietarios de los esclavos fugitivos solicitaron la ayuda de las autoridades de Cartago, quienes organizaron un grupo perseguidor para darles alcance y castigo merecido. “La comisión constaba de quince personas armadas, quienes partieron de Cartago rumbo al poblado de Cerritos, con el fin de obtener información de los indígenas sobre la ruta que habían tomado los fugitivos. La presión de los comisionados sobre el alcalde indígena de Cerritos, Juan de Rojas, logró su objetivo y fue así como este último fue obligado a acompañar a los expedicionarios para dar captura a los esclavos” (Zuluaga Gómez, 1998)

Podemos pensar que el desbroce de monte al ascender por la ribera del río Otún, sirvió de guía al grupo de perseguidores, quienes confrontaron a los “cimarrones” el 7 de septiembre, ante la sorpresa de éstos que ya se daban por libres y la resistencia que pudieron ofrecer fue bien poca, dado que no llevaban armas sino objetos de labranza. No obstante, dado el tamaño de la afrenta y la vileza de algunos de los perseguidores, varios de los esclavos fueron golpeados, como escarmiento para los que les acompañaban, y luego llevados a Cartago.

Debido a que las autoridades españolas consideraban una verdadera afrenta dichas actitudes dentro de las poblaciones indígenas y negras, los castigos siempre eran severos, ante la indisposición de los terratenientes esclavistas, quienes veían disminuida la producción de sus tierras y en riesgo la vida de aquellos que eran de su propiedad.
Entre los esclavos que participaron de aquella osadía estaban Prudencio, propiedad de don Mariano Matute, y quien fue el principal instigador de la misma; Atanasio, esclavo de don Antonio Mazuera;Simón, al servicio de don Jacinto Useche, así como la negra Manuela, Andrés y Juan Manuel, siendo la mayoría de ellos condenados a la pena de ser azotados públicamente y remitidos a trabajos forzados y en horarios extenuantes, a factorías de la ciudad de Cartagena, lejos de sus núcleos familiares y sin ninguna contraprestación salarial.

 
BIBLIOGRAFIA

·        DE LOS RIOS TOBON, Ricardo (1981). ORIGENES Y COLONIZACION HASTA 1850. Biblioteca de escritores caldenses. Manizales. 466 p.

·        JARAMILLO URIBE, Jaime, citado en http://html.rincondelvago.com/historia-de-colombia_1.html

·        ZULUAGA GOMEZ, Víctor (1994). CRONICAS DE LA ANTIGUA PEREIRA. Gráficas Buda, Pereira. Págs. 11-19.

·        ZULUAGA GOMEZ, Víctor (2004). LA NUEVA HISTORIA DE PEREIRA. FUNDACION. Universidad Tecnológica de Pereira-Empresa Telefónica de Pereira. Pereira. Págs. 33-36

·        ACUARELA DE NEGRO EN: http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/revistas/credencial/julio2010/esclavos.htm

*Academia Pereirana de Historia

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