lunes, 16 de marzo de 2015

LOS MANIZALEÑOS Y EL BATALLÓN ZAPADORES


Alfredo Cardona Tobón*

 

Comparado con el Manizales del siglo XIX la ciudad actual  se ha aplanado, ahora vemos zonas llanas y numerosas calles con suaves pendientes. Esa transformación  ha sido una labor tesonera que cambió la cara de una ciudad que en 1878 tenía la forma de una enjalma con  dos calles broncas que constituían el lomo y a los lados voladeros con ranchos parados en zancos.

Los fundadores aplanaron el lote para la iglesia y el coronel cundinamarqués Valentín Deaza Zamora con su  “Batallón Zapadores” banqueó a pico y pala el sitio del “Guayabo” donde empezó a gestarse el  “Parque Caldas”. Con estas dos obras empezó a desarrugarse  la aldea y a convertirse en una ciudad trepada en un collado con inverosímiles zonas horizontales..

El “Batallón Zapadores”  de antaño, con el moderno “Batallón Ayacucho”  están cosidos a la historia manizaleña por sus obras sociales y el apoyo a la  comunidad en horas aciagas. El Batallón Ayacucho ha contado con el apoyo de todos; en cambio el Zapadores concitó el rechazo de los manizaleños que vieron en ese cuerpo militar caucano la quintaesencia de los invasores sureños.

LAS CAMPAÑAS DEL BATALLÓN ZAPADORES

Después de la batalla de “Los Chancos,” cerca de la localidad vallecaucana de San Pedro, los antioqueños retrocedieron hacia  su Estado seguidos de cerca por los liberales caucanos. Tras algunas escaramuzas a lado y lado del río Otún,  los paisas continuaron su retirada hacia la frontera.

 El “Batallón Zapadores” comandado por Jorge Isaacs cruzó el río Otún,  bajo el mando del coronel Valentín Deaza tomó la vanguardia y el 22 de febrero de  1877 en el sitio de “La Cabaña” chocó con las tropas que defendían a Manizales. Fue un sangriento combate que dejó en el campo diez caucanos muertos  y los  cadáveres de cuarenta antioqueños, entre quienes  se contó al valiente general Francisco Jaramillo.

La ofensiva de los liberales caucanos continuó mientras los conservadores de Antioquia retrocedían y se atrincheraban en las cercanías de Manizales. El 6 de abril de 1877 se empeñó  el combate y correspondió al “Batallón Zapadores” la toma de Morrogordo y  del Canasto, sitios donde pereció la flor y nata de la tropa marinilla  y los caucanos mostraron su enorme capacidad de lucha.

Una vez ocupada la ciudad de Manizales,  el “Zapadores” junto con tropas liberales de Antioquia, se encargaron del control de  la ciudad.   A partir de entonces  menudearon los incidentes entre los soldados del “Zapadores” y la gente del pueblo que no perdía oportunidad de  agredirlos.  El 26 de diciembre  de ese año, como a las seis y media de la tarde, un grupo de civiles atacó una patrulla del “Zapadores” y se armó la trifulca. Se trató de inculpar a la tropa pero el coronel Valentín Deaza salió en defensa de los suyos en un informe a los superiores  donde justificaban la reacción de los militares argumentando que “con gente de mala índole y aspiraciones bárbaras, no se puede transigir en forma alguna.”

EL “ZAPADORES” EN  HORAS ACIAGAS

En la noche el 9 de febrero de 1878 un fuerte temblor destrozó gran parte de las edificaciones manizaleñas, fueron sesenta segundos  de terror: los ranchos cayeron como  si fueran cartas de baraja, se averiaron gravemente el frontispicio de la iglesia, la  Casa Consistorial y la escuela de niñas,  se hundieron calles y se derrumbaron barrancos y terraplenes.

 En esos trágicos momentos, los habitantes de Manizales, dominados por el terror y la impresión abandonaron sus hogares; fue entonces cuando el “Batallón Zapadores” rescató a los heridos, sacó de los escombros a los muertos y montó guardia para que los saqueadores no acabaran de arruinar a los damnificados.

Como si no bastara la guerra y los terremotos, al empezar el año 1879, una enorme manga de langosta asoló los cultivos en Manizales. De inmediato el coronel Valentín Deaza con  los soldados del “Batallón Zapadores”  abrió zanjas y arriaron los pichones de langosta hasta los huecos donde les prendieron fuego; fue una labor dispendiosa y agotadora que  salvó a los vecinos de una hambruna como la  que sufrieron los habitantes del norte  del Cauca.

MÁS CONFLICTOS  EN LA CIUDAD

En enero de 1879  rebeldes conservadores apoyados por el clero se levantaron en armas en Manizales.  A las tres de la tarde del 29 de ese mes los insurrectos atacaron al “Batallón Zapadores”  en las faldas de la quebrada Olivares.  Después de media hora de combate y con el auxilio de los batallones Alzate y  Rifles  y la policía local, se logró desalojar de sus posiciones a los alzados en armas.

 El 3 de febrero el “Zapadores” chocó de nuevo con  los revolucionarios en Alto Pelado y en el sitio de Abejorral y tras estas acciones valerosas,  la tropa caucana se integró a la Primera División que combatió en Salamina y  venció las fuerzas de Cosme Marulanda.

Pese a los esfuerzos de  Valentín Deaza, fue imposible acercar el “Zapadores” a la comunidad y a  otras unidades militares de origen paisa. El seis de septiembre de 1880   algunos militares del Batallón No. 12 de la Guardia Colombiana atacaron  el cuartel del Batallón Zapadores maltratando a  tres soldados que prestaban guardia en esos momentos y a dos enfermos que  se reponían mientras sus  compañeros  trabajaban en obras públicas de la ciudad. Fue una acción injustificable entre dos unidades que servían al gobierno liberal, motivada por los celos regionales, pues el Batallón No. 12 estaba compuesto por paisas y el “Zapadores”, como se ha dicho , era una fuerza caucana.

Sea invasora o no, la tropa del Zapadores debe recordarse por su ayuda en los terremotos, en inviernos, en la lucha contra la langosta, en su trabajo en obras públicas. Al igual que el actual Batallón Ayacucho, el  Batallón Zapadores por todos lo anterior y por su valor en el combate se ganó su lugar en la historia manizaleña.

 
*

No hay comentarios:

Publicar un comentario