domingo, 18 de enero de 2015

LA ALDEA DE MARIA Y LOS INTERESES ANTIOQUEÑOS


Alfredo Cardona Tobón*

 

El 10 de enero de 1855 el Poder Ejecutivo de la Nueva Granada expidió un decreto fijando límites entre la provincia de Córdova y la provincia del Cauca; en tal decreto se corría la frontera hacia el Río Claro, con el argumento que ése era el río Chinchiná, y por tanto la aldea de María quedaba en jurisdicción de Córdova.

Con este cambio de límites se beneficiaba la Sociedad Gonzales y Salazar, heredera de la Concesión Aranzazu, el gobierno de la provincia de Córdova que era socia de González y Salazar y varios empresarios  que pretendían abrir un camino  entre Manizales y  Mariquita.

Con  la anexión de la Aldea de María a territorio antioqueño  quedaban a disposición de los empresarios paisas valiosos baldíos y el control de un camino expedito hacia el Magdalena por territorio controlado por la provincia de Córdova.

LA INCORPORACIÓN DE LA ALDEA

De inmediato el gobernador Venancio Restrepo, con asiento en Rionegro,  ordenó a las autoridades manizaleñas tomar las disposiciones necesarias para integrar a los aldeanos a la comunidad  antioqueña, haciendo todo lo posible para que cesaran los motivos de diferencia y celos que los separaban de sus vecinos.

Pero esa integración era  muy difícil por varios aspectos: aunque paisas, los aldeanos eran en gran parte desplazados  que  salieron de Antioquia por sus ideas políticas; estaban por fuera de los terrenos reclamados por la Concesión Aranzazu y gozaban de las libertades de un Cauca sin el dogal eclesiástico que ahogaba a los antioqueños. Por lo anterior era un perjuicio quedar fuera del Cauca y sometidos a las autoridades y los intereses norteños.

Sin consultar con el Cauca y haciendo caso omiso a toda disposición legal o de simple convivencia, el gobernador de Córdova ordenó la ocupación de la Aldea de María como si se tratara de una región conquistada por las armas.

Al son de tambor y de corneta se dio a conocer por bando el decreto del Poder Ejecutivo, anunciando en la plaza de la Aldea y en varios lugares públicos que el rio Chinchiná quedaba más al sur y que por tanto la comunidad quedaba dentro de las fronteras antioqueñas.

En una comunicación al alcalde de Manizales, el gobernador Venancio Restrepo, indicó que si encontraba oposición de palabra o acción o desobediencia manifiesta, cualquiera fuera el pretexto que se alegara,  debía levantar la correspondiente instrucción criminal y aprehender  a los culpables, haciendo uso de la fuerza si fuere necesario.

Numerosos aldeanos encabezados por su regidor Luis Ceballos se opusieron a los actos imperialistas de sus vecinos y se negaron a reconocer las autoridades de Córdova hasta tanto recibieran el asentimiento del Cauca. “Yo  en mi calidad de regidor- escribió Luis Ceballos al alcalde de Manizales-  no tengo ninguna noticia oficial de las autoridades superiores y tendré que hacer respetar mi autoridad. Supongo que igual conducta observaría usted, colocado en tan difícil  situación. La prudencia y el buen tino deben presidir los actos de los magistrados y ellos aconsejan que aguarde un poco tiempo más  para que revestidos de toda legalidad apetecible, extienda sus dominios hasta esta sección que se dice ha sido agregada a la provincia de Córdova.  Yo repito a usted, que si de buena fe desea la paz, la armonía entre nosotros, no dará  usted un paso alguno para que se turben, porque el que habla está dispuesto a protestar contra todo ataque y a resistir en el sostén de mi autoridad, aunque se vea el terrible caso de la agresión de conquista…”

SE DESTAPAN LAS CARTAS

El 19 de octubre de 1855 el alcalde de Manizales informó a las aldeanos  que el territorio donde estaba su pueblo estaba dentro del área cedida por el gobierno a la Sociedad González y Salazar, y por tanto debían mostrar los títulos que los acreditaran como propietarios.

Entre tanto el gobierno del Cauca movió todas sus influencias para mostrar que el  decreto estaba basado en un error, como era confundir el rio Claro con el río Chinchiná, y para fortalecer su posición en la frontera con la provincia de Córdova nombró a Pio Castaño como nuevo regidor y se iniciaron los trámites para elevar a la Aldea de María a Distrito Municipal.

Los antioqueños por su parte, se abstuvieron de forzar la ocupación, aunque conformaron una Junta Agraria que pretendió repartir los terrenos de la Aldea. Ese interregno municipal duró desde el 10 de enero de 1855 hasta el 11 de mayo del mismo año, cuando el Poder Ejecutivo de la Nueva Granada dio la razón al Cauca y  la línea fronteriza continuó sin variación alguna.

Aunque los aldeanos  se sintieron a salvo de las pretensiones de González y Salazar, el problema del camino hacia Mariquita continuó, pues  Pio Castaño se opuso  a la continuación de los trabajos por carecer de la aprobación legal del Cauca; el 5 de setiembre Pio Castaño recibió la orden de la provincia del Cauca de permitir la apertura del camino y entonces se adelantó la obra. En  noviembre los aldeanos terminaron el puente sobre el río Chinchiná que permitió el enlace entre Manizales y la Aldea de María.

Las relaciones entre las dos poblaciones tardaron meses en normalizarse; en Manizales acosaron a los aldeanos que osaban pasar el río Chinchiná y bloquearon el camino hacia el sitio de San Francisco; en una nota enviada por Castaño al alcalde de la localidad vecina   solicita que ” que no embaracen la marcha  a los transeúntes poniendo estorbos en la vía que lleva al puente, como hasta la fecha lo han hecho, pues se me ha dado parte que en la posesión de Andrés Hurtado han empalizado una parte del camino y que allí se amenaza a los que transitan por él”.

En tiempos de guerra la prevención entre los aldeanos y los manizaleños fue crítica y aún hoy las villamarinos  desconfían de sus vecinos, en tal forma que ha sido imposible su unión para conformar una asociación que beneficie a las dos comunidades.
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