jueves, 29 de enero de 2015

BALBOA- LA OBRA QUE CAMBIO EL DESTINO-



Alfredo Cardona Tobón

 
 

                                      Emilio Gartner Gómez


Después de una reunión de cafeteros realizada  en Balboa el 5 de abril de 1972, el doctor Federico Drews vio una larga procesión  de niños y mujeres  que iban con baldes y todo tipo de recipientes hacia una quebradita cercana a la plaza.

Y esto es pan de cada día- anotó apesadumbrado don Emilio Gartner Gómez, miembro  del  Comité Municipal de Cafeteros-

-“Esto es una tragedia- agregó el doctor Drews- ¿por qué no construyen un buen acueducto?” -

- Hace tiempo que lo estamos proponiendo, pero el agua está como a treinta kilómetros y el proyecto vale muchos millones de pesos-

- Adelante Emilio- tenemos un compromiso con nuestra gente  y hay que  buscar la manera de ayudarla-  Adelante- recalcó el doctor Drews- vamos a quitarle la sed a Balboa-

En esa forma, sin preámbulos, sin temores y con decisión se gestó el acueducto que  empieza en la quebrada La Sirena y  por la serranía se descuelga hasta las proximidades de La Virginia, despejando el futuro de un pequeño poblado amenazado de muerte por la falta de agua.

AVANZA LA CONSTRUCCIÓN

Un año  después de la visita del  Doctor Drews  finalizaron los trazos de la magna obra;  a los ocho meses   se terminó la carretera de 17 kilómetros paralela a la tubería y se llevaron los materiales hasta la propia bocatoma.

Fue una  obra de titanes con innumerables inconvenientes como el levantamiento de los cinco primeros kilómetros por errores de cálculo del  IMPES. En 1976 el Comité de Cafeteros  se encargó del proyecto y la obra se terminó satisfactoriamente.

LAS PERIPECIAS DEL ACUEDUCTO

Años más tarde  en su almacén  situado en  una de las dos calles de Balboa,  don Emilio recordaba  el arduo trabajo para abrir trochas y tender la tubería por terrenos inaccesibles hasta donde llegaba Alirio Gómez  con sesenta mulas que transportaban los materiales y el bastimento. Fue una lucha contra la naturaleza virgen jamás hollada por planta humana;   Alirio Gómez tenía la fibra de Pedro Benjumea, el legendario arriero de la trocha de la Gironda. Alirio- continuó recordando don Emilio- curaba las picaduras de las culebras y  los abejorros, sacaba los enfermos en parihuelas, espantaba los duendes y levantaba los ranchos que daban albergue a los trabajadores.

Hubo tramos muy difíciles;  uno de ellos se abrió en roca viva en los flancos de una enorme peña donde los zapadores  suspendidos con  manilas se balanceaban sobre el abismo mientras abrían la brecha para instalar la tubería.

Los topógrafos Aníbal Ruiz y Marco Tulio Ibarra, además de esquivar las hormigas, los ciempiés y demás bichos, tuvieron que soportar  la continua llovizna que en meses de invierno azota las faldas del Tatamá, y manejar la rula para abrirse paso en el sotobosque.

Por las tardes, al terminar la jornada, se reunían en un improvisado campamento hasta cien trabajadores; por las noches se escuchaban los chillidos de los animales de monte que algunos confundían con los ayes de la Madremonte y   se sentían los gruñidos de osos   y el rugido de algún puma que venía de las alturas del Tatamá.

Hubo historias de amor como la de la jamona y veterana  cocinera  con un muchachote de 18 años que la pidió en matrimonio; también las hubo de desamor cuando uno de los soldadores intentó quitarse la vida  al saber que  su compañera se había escapado con otro.

EL ALMA DEL ACUEDUCTO

Con toda justicia el Acueducto tiene el nombre de Emilio Gartner Gómez, un quinchieño con alma balboense.  Este descendiente de alemanes y caucanos fue el promotor del acueducto,  el interventor ad- hoc y quien movió cielo y tierra para que las encumbradas esferas departamentales y el Comité de Cafeteros invirtieran una cuantiosa suma de dinero en un proyecto poco rentable económicamente, que serviría a una pequeña comunidad sin poder y muy poquitos votos.

El doctor Alberto Mesa Abadía  consiguió la financiación y el ingeniero Darío Maya se apersonó de la dirección del proyecto que salvó a Balboa, una cabecera  desahuciada  por los caldenses que intentaron trasladarla porque veía imposible llevarle carretera y dar agua suficiente a sus vecinos.

EL AGUA LLEGA A BALBOA

El día de la inauguración, Don Emilio Gartner llevó diez botellas de aguardiente al sitio de la Laguna. Ese era el punto clave, pues una vez que  llegara el agua a la Laguna de seguro continuaría  fluyendo  cuesta abajo hasta llegar a Balboa.

A mediados de 1981, se acercaba la hora de la puesta en marcha del acueducto. Al llegar el momento de la apertura de las compuertas de la pequeña represa en La sirena, muchos dudaban del éxito del empeño por el extenso recorrido y por la arisca topografía,  donde un error mínimo impediría el flujo del líquido. Se cruzaron apuestas y esperaron con ansiedad que  se precipitara el agua por la tubería.

El ingeniero Maya y don Emilio abrieron las compuertas de la represa situada en territorio de Santuario y raudos abordaron un campero  que los llevó al  sitio de la Laguna donde los esperaba don  Rafael Vélez, presidente del Comité Municipal de Cafeteros de Balboa.

¿Ya llegó el agua?- preguntaron y el líquido no llegaba.  Transcurrieron varias  horas de angustia y de pronto se sintió un rumor sordo. Don  Efrén García, acercó su oído  a la  válvula de salida y con un grito que se oyó a cuadras de distancia anunció a  todo pulmón: “¡Ya viene esa hijueputa!.”

El agua llegó a La Laguna pitando a borbotones; la tubería vibraba jubilosa mientras una cascada de agua-lodo se precipitaba al tanque auxiliar con explosiones de victoria. Algunos  testigos no  pudieron contener la emoción y lágrimas de hombre surcaron sus rostros curtidos; en medio de gritos, de risas y brindis de aguardiente  algunos se zambulleron en las redentoras aguas que estaban cambiando el destino de su pueblo..

Luego de que se llenó el tanque de La Laguna, el agua siguió  su recorrido hacia la cabecera municipal… a las cinco de la tarde el precioso líquido salió por las llaves de Balboa en medio de voladores, pitos de carros y el ulular de la sirena del cuerpo de bomberos.

El Doctor Federico Drews, don Emilio Gartner, el doctor Alberto Mesa, el ingeniero Darío Maya, don Rafael Vélez, don Alirio Gómez  con el concurso de centenares de obreros y funcionarios anónimos fueron los artífices de una obra colosal que cuidó celosamente don Emilio hasta que la crisis cafetera lo empujó hasta Cali.

Infortunadamente la incuria y la mala administración están por acabar el acueducto Emilio Gartner Gómez. Habrá que pedir a Dios que haga el milagro de  resucitar al noble viejo para que  sacuda a los balboenses y aleje otra vez la sed de sus hogares..
 

 Alberto Mesa Abadía, Emilio Gartner con personal del acueducto

1 comentario:

  1. Seria muy triste que algo que se construyo con tanto sacrifio y tanto amor, se pierda.

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