jueves, 31 de diciembre de 2015

GUNTRAS Y ARRAYANAL


Alfredo Cardona Tobón

 


La rebelión del cacique Ocuzca y la enconada resistencia de los nativos del Chocó hicieron que Jorge Robledo extendiera sus operaciones por la banda izquierda del río Cauca y estableciera las avanzadas de Plasencia, Morga y Guntras , como lo relata Juan de Velasco  en su Historia del Reino de Quito.

Los españoles identificaron esos puestos militares con nombres que recordaban a la lejana Patria, fueron fundaciones efímeras, que apenas se mientan en las crónicas de la conquista,  y que desaparecieron arrasadas por las tribus del Chocó.

Plasencia aparece en el año de 1539 y termina tres años más tarde Generen un sitio cercano al  poblado de Arma;  Plasencia tan solo duró tres años, pues al fundarse la aldea de Arma los vecinos se instalaron en el nuevo poblado.

Generalmente los españoles replicaban los nombres en sus descubrimientos y fundaciones ; Plasencia, por ejemplo, llevó  el nombre de una ciudad de la provincia de Cáceres en España, establecida    en 1186 por el rey Alfonso VIII de Castilla en los límites con los reinos musulmanes. La Plasencia europea  cuenta en la actualidad con cuarenta mil habitantes que conservan celosamente su historia y sus leyendas como el de un  torero salvado milagrosamente por la Virgen María.

De la Plasencia americana todo lo ignoramos, quizás haya algún hecho portentoso en los Archivos de Indias; no tendría nada raro en esa época de la  conquista, cuando según los cronistas,  el  apóstol Santiago  cabalgaba en un brioso caballo blanco al frente de las huestes españolas que hacían frente a los indígenas..

Los vecinos de Ansermaviejo,  de acuerdo con Juan de Velasco, establecieron  cerca de la ciudad el campamento de Morga, en recuerdo de un sitio de ese nombre en el país vasco En la moderna España se contabilizan unos doscientos morgatarras y de la desaparecida Morga ansermeña solo quedó un  reglón consignado en la extensa  Historia de Quito.

LA ALDEA DE GUNTRAS

En  las cabeceras del río Risaralda ,Jorge Robledo fundó en 1542 la aldea de Guntras; el caserío estaba asentado en el pequeño valle donde actualmente se levanta  la cabecera del municipio de Mistrató y constituyó por largo tiempo  la entrada a territorio del Chamí, un vasto dominio de  selva y humedad, de oro y eterno abandono..

En 1540 salió de  Guntras  la  expedición del tenebroso Gómez Fernández, un lugarteniente de Robledo,  en compañía de 50 hombres, perros carniceros y algunos caballos. Era una campaña punitivo con el  propósito de doblegar a las trilbus chocoes, pero falló en su intento y hubo de regresar a la ciudad de Anserma sin perros ni caballos y con  la vergüenza de la derrota.

En 1601  se rebelaron los jíbaros de la gobernación de Quito y varias  tribus de la Nueva Granada; la gente de Cartago contuvo a los noanamaes en tanto las  comunidades de los tabuyos, los guáticas y quinchias  les hacían frente creyendo que el ataque iba dirigido contra ellos.

Los chocoes y los pozos acosaron a la gente de Arma y los zitaraes destruyeron la ciudad de Toro matando gran número de vecinos y secuestrando las mujeres mientras los noanamaes sorprendían a los vecinos de GuntraS y arrasaban  para siempre ese poblado.

OTROS  CASERÍOS

En 1724 los misioneros franciscanos fundaron en el paraje de Altamira el caserío de Juan del Chamí y en la vía  al Atrato los nativos levantaron a San Juan de Tatamá. En el sitio donde los españoles establecieron a Guntras se fundó el poblado de Arrayanal en territorio del resguardo indígena de ese mismo  nombre. En 1843 Arrayanal contaba con 1034 vecinos y era un distrito del Cantón del Atrato con capital en Quibdó, con pobreza tan extrema  que su humilde capilla  no contaba siquiera con los elementos básicos del culto.

En 1907 el  inspector Teófilo Cataño describe a Arrayanal como un pueblo de miseria con una iglesia   desvencijada, donde se celebraba misa una vez al mes y por cuyas calles deambulaban indios desnudos que creían que los “racionales” o cristianos entraban y salían del cielo a su antojo.

 Arrayanal  fue un distrito chocoano con el nombre de Chamí, luego quedó bajo la jurisdicción de Ansermaviejo y de Nazareth, fue corregimiento de  Quinchía y posteriormente hizo parte de Belén de Umbría, de donde se segregó  para elevarlo a la categoría de un municipio  denominado Risaralda  que  a partir de  1925 se conoció como Mistrató.

Al primitivo  Arrayanal llegaron refugiados  de las guerras civiles que azotaron al Estado de Antioquia a lo largo del siglo  XIX. En 1864 sus vecinos se unieron a los habitantes de  Riosucio y Anserma en su rebelión contra el gobierno de Tomás Cipriano de Mosquera.La guerra de los Mil Días fue particularmente cruel en Arrayanal y a lo largo del siglo XX su extens curas fanáticos durante el gobierno de Ospina Pérez.

Mistrató es un pueblo bonito de historia desconocida, con tierras por explotar y el flagelo de grupos delincuenciales  en los límites con  el Chocó .Es una tierra por descubrir donde en tiempos idos tuvieron su territorio los resguardos indígenas de Arrayanal y del Chamí y donde en tiempos recientes se establecieron comunidades emberas procedentes del Chocó.

 

lunes, 21 de diciembre de 2015

LOS SIMBOLOS NAVIDEÑOS




En una fría noche de invierno varios campesinos de la aldea de Creccio en Italia, se adentraron en la montaña cercana para escenificar, en una gruta llena de musgo, el nacimiento de Jesús de Galilea.

A las doce de la noche los vecinos de Creccio dormitaban cuando el tañido arrebatado de las campanas del templo sobresaltó a los habitantes del caserío.

 ¿Un incendio?- ¿Una catástrofe?-

No. Era el llamado  de Francisco de Asís, que apoyado por el párroco y varios lugareños, convocaban a una Misa de Gallo en la gruta de la montaña.

Allí estaba una campesina con ropajes nazarenos, un joven vestido como San José…. los pastores, un buey, un asno y un bebito que hacía las veces del Niño Dios.

Así nació la hermosa idea del pesebre que se propagó por Europa y por los dominios ultramarinos de España. En Nápoles reprodujeron las escenas de Navidad con figuritas de barro y en el Renacimiento aparecieron los talleres belenistas donde crearon obras de singular belleza.

Cuando Inglaterra adoptó la religión anglicana se prohibieron  los pesebres, en tanto  el rey Carlos III de España ordenaba la construcción en  sus dominios en Europa y los misioneros introducían la costumbre  en todos los rincones de América.

La Sagrada Familia junto con el burro y el buey han sido desde los albores de la cristiandad los personajes centrales del pesebre;  pero desde hace unos siglos se le agregaron  los reyes magos, que fue una invención popular, ya que no figuran en la Biblia ni como reyes ni como magos. Fueron, quizás, si existieron, unos astrónomos que llevaron algunos regalos al recién nacido.

Los villancicos surgieron en el siglo XIII y llegaron a América en el siglo XVII. Inicialmente fueron tonadas campesinas; al pasar el tiempo se les adosaron  motivos de Navidad  y se cantó al Niño Dios, a la Virgen María, a los Reyes Magos y hasta al burro y al buey.

LA NOVENA DE AGUINALDO

Es una costumbre fuertemente arraigada en Colombia y Ecuador y conocida como Posadas en Méjico y Centroamérica.

Por petición de Doña Clemencia de Jesús Caicedo, fundadora del colegio La Enseñanza de Bogotá, Fray Fernando de  Jesús Larrea, fraile quiteño, escribió la novena que rezamos durante los nueve días previos al Nacimiento.

La novena se publicó por primera vez en 1743 y desde entonces repetimos: “Benignísimo Dios de infinita caridad que tanto amasteis a los hombres...”   con el resto de los textos escritos con lenguaje florido y arcaico y  muy pocos cambios como el de adoptivo por putativo al referirnos a San José.

Pocos años después de aparecida la novena, la madre Bertilda Samper Acosta, también de Bogotá,  agregó los gozos que cantamos con diversas entonaciones y melodías y se rematan con un “Dulce Jesús mío, ni niño adorado, ven a nuestras almas, ven no tardes tanto…”

EL ÁRBOL DE NAVIDAD

El  catolicismo tomó el árbol de navidad de las festividades paganas del norte de Europa, celebradas en honor a Frey, dios del sol y la fertilidad.

San Bonifacio y los conversos alemanes tomaron la idea para celebrar el nacimiento de Cristo; la costumbre tardó en difundirse por el resto de Europa  y al fin llegó a España hacia 1870.

Como por aquí ya no dependíamos de la Madre Patria y los radicales liberales le habían montado la perseguidora al clero, el árbol de navidad no se aclimató en nuestro medio y tardó en arraigarse entre nosotros.

A  mediados del siglo pasado se decoraban unos chamizos con algodones y festones. Con la llegada de Santa Claus y la ofensiva mediática de empresas comerciales el chamizo se remplazó  inicialmente por un pino y luego por un árbol de plástico con una estrella en la parte más alta.

SAN NICOLÁS Y SANTA CLAUS

Es una figura mutante con  diversas facetas y personalidades. Empezó como San Nicolás, luego fue Papá Noel y ahora es Santa Claus.

El primitivo San Nicolás nació en Licia, Turquía, en medio de una familia acaudalada. Se caracterizó por su caridad y desprendimiento, en tal forma que,  al morir sus padres repartió la herencia entre los pobres y se internó en un monasterio.

Alcanzó la dignidad de obispo y su fama llegó hasta Europa donde el seis de diciembre en muchos lugares se repartían regalos a los niños  en nombre de San Nicolás. Los holandeses llevaron esa costumbre a los Estados Unidos, donde idealizaron a San Nicolás presentándolo sobre un carro halado por un caballo volador que le ayudaba a repartir los obsequios.

En 1809 el escritor Washington Irving caracterizó al santo obispo como un hombre mayor, grueso y sonriente que arrojaba presentes por las chimeneas desde un trineo arrastrado por un portentoso caballo;  en 1823 el poeta Clement Moore  lo transformó en Santa Claus:  un  hombre robusto que silbaba alegremente mientras atravesaba las nubes en un trineo halado por renos.

En 1863 el dibujante Thomas Nast lo vistió de rojo con ribetes blancos y le puso un gorro de invierno; luego una empresa de agua mineral lo utilizó en su propaganda y en 1931 la fábrica Coca Cola lo convirtió en un símbolo publicitario, le encimó las carcajadas, el brillo pícaro de sus ojos y las mejillas  rosadas.

A la América Latina llegó Santa Claus con dicha gaseosa y la publicidad norteamericana  lo puso a competir con los Reyes Magos y con el pesebre. Santa Claus nada tiene que ver con San Nicolás, es una invención comercial como el árbol de Navidad y los festones.

Pese al modernismo el  pesebre, la novena con los gozos, la natilla y los buñuelos, el manjar blanco y los traídos bajo la almohada  no han pasado de moda. En cuanto al San Nicolás decembrino o navideño hay que darlo por perdido, pero podemos apropiarnos de Santa Claus; solo tenemos que ponerle un carriel y un poncho, cambiarle el gorro por un sombrero aguadeño y los renos por cuatro mulas como la Conchita de la Federación de Cafeteros.

sábado, 12 de diciembre de 2015

CUENTO DE NAVIDAD-. EN LA ALDEA DE BASTOGNE-


Alfredo Cardona Tobón*


Desde el jardín de una vieja casona de la aldea de St Laurent en la costa del Mediterráneo  se veían los veleros cabalgando sobre las olas y la espuma de los grandes petroleros que surcaban el mar. La edificación era de piedra, con escudos nobiliarios en la entrada, convertida en el  agradable refugio de viejos friolentos  que en las primaveras buscaban el tibio abrigo del golfo de León.

Por tiempo de Navidad, llegaban a la hostería Chateau du Perpignan  el alemán  Hermann Blumer y  el belga René Peiten, dos caballeros de aventura, empresarios quizás, que año tras año retornaban a St Laurent como las golondrinas a sus viejos aleros.

Hermann era un hombre menudito, rubio, ágil y tenía  una cicatriz en la frente; Monsieur René, en cambio, era macizo, pesado y usaba un bastón para equilibrar una pronunciada cojera. Aunque apenas conocían  sus nombres y solamente cruzaban  escasas  palabras en un idioma que mezclaba el francés y el alemán, los dos veteranos  se habían convertido en grandes amigos de temporadas; pasaban horas en los mullidos sillones de la terraza, donde entre jerez y jerez llenaban las  horas mirando el mar, viendo la danza de los cipreses cuando los zarandeaba el viento y el raudo paso de los coches por la carretera al lado del acantilado.

 Indefectiblemente, sin que faltaran un solo año desde 1950,   Herr Hermann y Monsieur René viajaban al empezar diciembre al Chateau du Perpignon; traían más canas, menos cabellos, el paso más cansado y  surtidos vinos   de las mejores viñas  como regalo de  Navidad para el anciano sacerdote vasco, cura de la parroquia, que había anclado  en St Laurent desde los tiempos de la Guerra Civil Española.

La capillita del padre Aurelio Olloqui se perdía entre los  pinares de la serranía que  se desvanecía en la orilla marina; el pequeño templo  parecía  flotar en medio de la niebla en las noches de luna y para los dos amigos era una ventana que los acercaba a Dios y revivía las navidades de la infancia lejana.

El veinticuatro de diciembre de ese año la municipalidad ofreció un vistoso espectáculo pirotécnico  con lucidos castillos de luces y voladores que  se elevaban y  estallaban en colores que se reflejaban en las olas. Desde el altozano de la capilla se observaba el esplendoroso  acontecimiento.

Pese a los  abrigos y las bufandas el frio arreciaba; el eco de las explosiones rebotaba en la marisma cercana y  hería los oídos. Al empezar a caer  espesos goterones tanto René como Hermann retrocedieron a la  fría Navidad de 1943, cuando en la Campaña de las Ardenas el uno luchaba en las filas aliadas y el otro era sargento de las fuerzas alemanas.

.

El recuerdo de esa fría Navidad volvió con la ventisca y el estallido de los voladores;  René Peiten pareció regresar  al poblado de Bastogne con la  101 División Aerotransportada de los Estados Unidos, viendo nuevamente los pinos destrozados adornados con guirnaldas y los boquetes de las bombas en la calle central.

 El  23 de diciembre las defensas de Bastogne resistieron heroicamente la embestida del V Ejército Panzer; el  24, el cielo despejado permitió la acción de la aviación aliada que atenuó el ataque enemigo; pero en la noche, una segunda oleada enemiga se precipitó sobre la aldea.

René Peiten, abrió fuego, desde una trinchera cercana al monasterio, contra un grupo de soldados alemanes, que comandado por el cabo Hermann  Blumer, avanzaba por la calle principal protegido por un tanque Panzer.

Cuando el tanque estalló envuelto en llamas, los atacantes se dispersaron esquivando las balas, Blumer  rebasó las trincheras aliadas y se topó  de frente  con Peiten. En ese momento un proyectil  alcanzó la torre del monasterio y las campanas empezaron a sonar como llamando a la Misa del Gallo. Con la claridad del fogonazo René Peiton vio el rostro del  alemán  bañado en sangre y se paralizó. No fue capaz de apretar el gatillo de la ametralladora, algo le decía que no era el momento de matar, que era tiempo de villancicos y de vida. Una  granada cayó sobre la trinchera;  todo se borró hasta que  despertó en un hospital de campaña.

Al igual que a Peiten, el frio y la pólvora hicieron retroceder los recuerdos de Hermann Blumer hasta la noche del 24 de  diciembre de 1943 cuando en medio de la ventisca avanzó con la División Panzer sobre las defensas aliadas en Bastogne: se repitió el sonido de las campanas, el encuentro con un enemigo petrificado de miedo y la explosión que lo sacó de una trinchera enemiga dejándolo aturdido y con el pie izquierdo hecho pedazos.

Se acabó el espectáculo; el padre Olloqui se despidió de los feligreses resguardados  del frio bajo el alero del templo. Los dos amigos regresaron a la hostería, el uno con una boina que le cubría una cicatriz en la frente, el otro con una muleta que le ayudaba a caminar por el camino de lajas;  ambos con sus propios recuerdos y con los pensamientos que nunca compartieron.

Ni Blumer ni Peiten supieron que por uno de esos  raros designios del destino, ese 24 de diciembre de 1943, la Providencia divina les concedió  la  vida  y la gracia de una amistad que llenó las últimas navidades de su existencia.

jueves, 3 de diciembre de 2015

DEL OBISPO DE BANGASSOU


Monseñor Aguirre: "¡Gracias Papa Francisco por haber venido!"


 


http://www.periodistadigital.com/religion/opinion/2015/11/30/monsenor-aguire-gracias-papa-francisco-por-haber-venido-iglesia-religion-dios-jesus-papa.shtml


 

(Juan J. Aguirre, obispo de Bangassou).- ¡Gracias Papa Francisco por haber venido! Al principio no nos lo creíamos: ¿Cómo todo un Papa viene a pisar la tierra roja de este país ensangrentado por la sangre también roja de tanta pobre gente?
Sin embargo, querido Papa Francisco, te saltaste a la torera las recomendaciones de los más cautelosos, no quisiste chaleco antibalas, te subiste en el Papa móvil sin blindar, para que todos te vieran mejor y te pusiste a hablarnos de paz y reconciliación.


Que con la paz todo se gana, mientras que con la guerra todo se pierde. Cosas sencillas pero que necesitábamos mucho volver a oírlas. Que la violencia no conduce nunca a la paz sino que genera más violencia hasta crear un remolino de violencia que engulle inocentes y pecadores.

Recién llegado, arropado por una multitud entregada y 2.800 scouts que ponían orden, pasaste por el mismo lugar en la avenida Combatant en el que, hace poco menos de un mes, 4 representantes de un grupo radical que venían a Bangui a negociar fueron linchados con palos y machetes.

Tocaste a los niños desplazados, que han perdido casa, familia, escuela, niños noqueados por la violencia, niños heridos por las balas, niños de casas quemadas que miran el horizonte sin ver ya nada más porque les habían robado su inocencia, de tantas maldades de las que han sido testigos.

Hijos del miedo, hijos del hambre, niños musulmanes y no musulmanes en dos campos de desplazados distintos, sin hacer diferencias, niños de mirada perdida a quienes les han saqueado el alma en Bangui. Te paseaste entre ellos, con los zapatones negros que trajiste desde Argentina... Gracias porque te pusiste en su lugar y denunciaste sin paliativos que muchos de aquellos niños y jóvenes habían sido utilizados por criminales como carne de cañón y esclavas sexuales.


¡Entraste el mezquita de Koudoukou sin miedo a las balas! El Imán Layama Kobina no estaba allí porque se la tienen jurada incluso muchos de los suyos, pero la habían pintado y aderezado sólo para ti Papa Francisco, porque decían que era un gran honor que pisaras sus esteras con tus pies desnudos y les hablaras de paz. 5 minutos quisiste rezar donde suele predicar el Imán, sin decir nada, en silencioso recogimiento.

Sólo después les saludaste con una gran sonrisa. No sé si los violentos te escucharán, pero sé que aquellos que te escucharon quedaron sobrecogidos. Lo mismo cuando hablaste en la escuela de Teología protestante. Lo mismo cuando, rompiendo el protocolo (horror para tu gendarmería, la Minusca y para todo tu séquito) y te acercaste a la escuela musulmana para escuchar los lamentos de mujeres que lloran con lágrimas de dolor, del mismo color por cierto que las lágrimas de las madres no musulmanas que viste el día anterior.

Un Papa en Bangui sin chaleco antibalas cuando dos días antes los kalasnikof no dejaron de tronar durante toda la tarde, allí mismito, a dos tiros de piedra de la Nunciatura, por la avenida Boganda abajo, en el P.K. 5 en donde hasta por respirar te juegas la vida.

Tuviste un recuerdo (te lo habíamos dicho los Obispos cuando comimos contigo el domingo en la Nunciatura) para los combonianos de la parroquia de Fátima, que no pudieron verte por no abandonar los 500 desplazados sentenciados a muerte si salían de la verja de la misión. ¡Dijiste que te hubiera gustado ir a Fátima, insuflar ánimos allí! No pudo ser, por motivos de seguridad.

Gracias por recordarme durante la comida solo con los Obispos (yo estaba sentado enfrente de su Santidad, comiendo pescadito del río Oubangui con habichuelillas verdes), que San Ambrosio decía que el nombre de Dios es misericordia y que donde hay misericordia, allí está Dios.


Estuviste "sembrao" Papa Francisco cuando sugeriste entre líneas que los que mueven los hilos para que nada funcione en Centroáfrica, curiosamente, no viven en Centroáfrica, y que nadie tiene que huir de Centroáfrica por ello, porque tuviste valor de decirlo todo sin pelos en la lengua, hablaste con arrojo a los jóvenes de Centroáfrica, confesaste a algunos y te paseaste en medio de los pobres como cuando te llamaban Padre Jorge por los arrabales de Buenos Aires.

Gracias porque nos has dado valor y esperanza, porque no te callaste, porque miraste a la cara a los pobres, porque abriste la Puerta Santa de la Misericordia enseñándonos un carril prioritario, diferente del del resto de la Iglesia, para ir más rápido hacia Sus Manos, experimentar su amor, y nos pediste que lo repartiéramos después, en forma de gestos de reconciliación.

Nos enseñaste un camino, nos mostraste cómo salir de hoyo, del laberinto en el que estamos... Cuando, después de la foto ritual en la Nunciatura, te cogiste a mi brazo para subir los escalones, sentí tu fuerza, no tanto física, sino sobre todo humana y espiritual. Bromeamos contigo en la comida con los Obispos cuando te enseñamos dos palabras en sango: ndoyé y siriri. Las repetiste a los jóvenes de la vigilia de oración 3 horas después: "Empapad vuestra vida de amor y paz"

La multitud del estadio de 20.000 plazas te sobrecogió, se te vio en la cara, porque rugían de amor y respeto cuando les dijiste de "pasar a la otra orilla" es decir pasar página y empezar de nuevo en la sociedad centroafricana. Cuando 25 almas gritaron a una el ema popular cristiano, sonreíste de oreja a oreja. Cuando me diste un regalo, (una custodia) me dijiste en español que rezara por ti y me guiñaste un ojo...

Luego, querido Papa Francisco, subiste al avión sobre las 12'30h de esta mañana, el segundo día de tu visita a Bangui, sin haber ni siquiera comido aún, con tu séquito de monseñores y periodistas, y nos quedamos mirándote y mirándonos, huérfanos ya de de ti, como embobados despertando de un sueño, oyendo en sordina el ruido del Boeing de Alitalia que te trajo hasta nosotros y que te llevaba de vuelta a Roma, porque mientras has estado, las armas se han callado unas horas, por respeto a ti.

¡Ojalá que te quedaras para siempre! Te fuiste a tu quehacer en Roma y en el mundo, a tu vatileaks, a bregar con asuntos de corrupción y a tu Santa Marta querida. Y nosotros, sin paz ni pan, a nuestra lucha por estar junto a los pobres por decirles que mañana será mejor, que después de la tempestad viene la calma.

¡Mi gente de Bangassou han recogido en unos botecitos tierra en donde tu pisaste! Dicen que está bendecida por tu huella. La llevarán a Bangassou como testigos de lo que han vivido en Bangui, de la inmensa esperanza que has sembrado en sus corazones porque por una vez en sus vidas, demonios negros armados de violencia se trocaron en un ángel blanco vestido de Papa Francisco. Que tus palabras de perdón y de paz, a fuerza de repetirlas, se nos metan en la piel, en el vientre y en el corazón.

Y gracias corazón a Dios Padre que nos ha permitido que nadie nos agüe la fiesta, que ningún retorcido nos estropee el encuentro, que ningún descerebrado haga daño a nadie. Y gracias sobre todo a Dios Padre que ha querido regalarnos dos día de ensueño, teñidos de paz porque incluso aquellos dos jóvenes que raptaron en Fátima ayer por la mañana para degollarlos, (RD publicó la noticia, pero 5 horas más parte fue desmentida por los mismos padres de Fátima y las familias de los dos jóvenes), los devolvieron sanos y salvos, (¿por milagro de quién?) al final de la tarde, vivitos y coleando, después de haber tenido la muerte rozándoles las gargantas.

domingo, 29 de noviembre de 2015

BOLÍVAR Y FANNY DE VILLARS


 

Alfredo Cardona Tobón*

 

El 22 de enero de 1803 la fiebre amarilla tronchó la vida de María Teresa Rodríguez del Toro dejando inmerso en  la mayor depresión a Simón Bolívar, un joven teniente de la Sexta Compañía  de Blancos Voluntarios del Valle de Aragua en Venezuela.

Fue entonces cuando Bolívar solicitó  al rey Carlos IV licencia para viajar a España y residir en la metrópoli durante dos años con el fin de arreglar asuntos familiares. El caraqueño llegó a Cádiz a fines de diciembre y tomó camino hacia Madrid, donde a los pocos meses tuvo que salir ante la posibilidad de una hambruna debido a la escasez de trigo y a la orden del rey de que abandonaran la ciudad todas aquellas personas que no residiesen habitualmente en ella.

El viudo millonario de apenas veinte años de edad llega en plena primavera a Paris y se instala en un cómodo hotel, cuya edificación aún existe y tiene una placa que recuerda el paso del Libertador por ese sitio.

Fanny Louise Troubiand Aristagueta, prima segunda de Bolívar, ayuda a instalar al recién llegado y se convierte en el bálsamo del desolado joven  que de la mano de su pariente entra a los altos círculos sociales de Paris. En el torbellino de su ardiente edad Simón Bolívar se entrega al juego y a devaneos con  bailarinas y coristas, que difícilmente controla Fanny, convertida en hermana mayor, en su guía y en su amante.

Fanny fue una mujer seductora, siete años mayor que Bolívar,  de belleza altiva, afable, elegante, con cutis de porcelana, cabellos negros y ojos azules que armonizaban con su boca y su hermosa cara. Había nacido  en junio de 1775 en Bretaña, donde cumplidos catorce años su padre la desposó con el conde de Villars que le doblaba la edad y parecía estar más interesado en la Botánica que en su mujer y el resto del mundo.

Fanny amaba las ideas de la Revolución Francesa y al igual que otras notables damas parisienses,  auspiciaba un Salón  donde se reunían  intelectuales, científicos, políticos y altos funcionarios  franceses.

 Bolívar se embelesó con su prima; la acompañaba en el día, la llevaba al teatro y a los mejores sitios parisinos en las horas de la noche y en los intermedios le escribía cartas plenas de romanticismo. La  coqueta y liberada Fanny correspondía a Bolívar, sin que a una  y a otro les importara lo que pensara el resto del mundo.

Fanny  modeló en gran parte el carácter del joven venezolano  que ignoraba adónde lo llevaría el destino. Por intermedio de  Fanny,  Bolívar conoció a Humboldt y a Bonpland,  al lado de los revolucionarios bonapartistas se impregnó de las ideas de independencia y libertad y en los salones con su mezcla de clases sociales, donde las mujeres representaban un papel preponderante,  el futuro Libertador de Suramérica se acercó al pueblo y se bajó del pedestal de los mantuanos caraqueños.

Al conde de Villars le tenían sin cuidado las actividades sociales de su esposa, pero  le inquietaron las peligrosas confrontaciones verbales  de Simón Bolívar  con encumbrados personajes franceses como Eugenio de Beauharnais,  hijo de Josefina, esposa de Napoleón y con Charles Oudinot, futuro mariscal de Francia, que también pretendía a Fanny de Villars. El conde de Villars temió por la vida de Bolívar y le aconsejó salir de Francia; el belicoso joven no atendió el consejo pero presentó  sus disculpas a Oudinot, quizás por la presión de la misma Fanny.

El inquieto Bolívar tuvo tiempo de estudiar en la Escuela Politécnica y en la Normal Superior y de asistir de vez en cuando a los Salones de Madame Recamier, de Madame Amelie Suard y de Madame Talleyrand, donde se debatían, como en el Salón de Fanny, los acontecimientos que estaban transformando a Europa.

EL REGRESO DE BOLÍVAR

En 1805 Simón Bolívar decide regresar a América y Fanny desconsolada le suplica que permanezca a su lado; Bolívar le jura amor eterno y le entrega como prenda de su pasión un anillo grabado con fecha  6 de abril de 1805.

Bolívar siempre amó a Fanny de Villars, pese a sus devaneos y su infinidad de aventuras amorosas, pero inexplicablemente solamente contestó una sola de más de doscientas cartas enviadas por Fanny a su primo.

Fanny fue la más fiel admiradora de la gloria del Libertador en los escenarios europeos y guardó con unción los retratos obsequiados por el héroe suramericano.

Para Fanny fueron los últimos recuerdos en San Pedro Alejandrino: el 6 de diciembre de 1830 en los postreros días  de vida, Bolívar le escribió: “Querida prima: ¿Te extrañará que piense en ti al borde del sepulcro?... Tú estás conmigo cuando todos me abandonan… tuyos son también mi último pensamiento y mi pena postrera...”

Fanny tuvo tres hijos, uno de los cuales se presume fue de Bolívar. La bella y descomplicada mujer, que despejó el camino hacia la gloria de un joven casquivano, murió el 21 de  diciembre de 1837 cerca de Lyon en Francia.

De todos los amores del Libertador, que fueron muchos y muy variados,  el de Fanny de Villars  ocupó el corazón de Bolívar desde sus tiempos de mozuelo hasta el borde del sepulcro; nunca olvidó a su prima  y la memoria de Fanny lo acompañó por sus largos y espinosos caminos llenos de gloria y también de tristeza ante la ingratitud y la mala leche de los americanos.

Si Manuelita fue la pasión, Fanny, “El elixir de la vida”, como la llamó Bolívar;  fue el espíritu que catapultó el  Genio hacia la gloria.

domingo, 15 de noviembre de 2015

LOS CHILENOS EN LA INDEPENDENCIA COLOMBIANA


Alfredo Cardona Tobón *

 

                                                           Juan  Illingworth
 

Entre los episodios poco divulgados de la historia colombiana está la campaña de la nave corsaria “Rosa de los Andes”, que con bandera chilena y bajo el mando del oficial  inglés  John Illingworth, combatió a los españoles en  la costa granadina del Océano Pacífico.

John Illingworth inició la carrera militar como grumete y en la guerra de 1812 entre Inglaterra y Francia se distinguió por su valentía. Las fuerzas unidas de Chile y Argentina adquirieron la corbeta “Rose” que bajo el mando de Illingworth  tocó costas americanas en el año  1818 para convertirse en el buque corsario  “La Rosa de los Andes” que recorrió la costa del Pacífico convirtiéndose en una pesadilla para la Armada española

LA ROSA DE LOS ANDES Y LOS SOLDADOS CHILENOS

El 25 de abril de 1819  “La Rosa de los Andes” zarpó de Valparaíso armada con 36 cañones y con  550 voluntarios, la mitad chilenos y el resto  de varias nacionalidades. Bajo el mando de  Illingworth  el buque emprendió un viaje sin regreso plantando la libertad en los puertos y estuarios del virreinato  de la Nueva Granada.

Con “La Rosa de los Andes” empezó la historia de la Armada chilena: la nave corsaria trabó combate en el norte del golfo de Guayaquil con la fragata española “Piedad”  que casi echa a pique a la corbeta patriota; con graves destrozos  “La Rosa de los Andes” toma rumbo hacia el archipiélago de “Galápagos”  donde efectúa las reparaciones necesarias para continuar su recorrido con destino al puerto de Tumaco. Los infantes desembarcan y  tras un violento combate con los españoles  la bandera de la libertad ondea por primera vez en nuestras arenas del Pacífico.

“La Rosa de los Andes”  ancla en la isla Gorgona y tras recoger algunos prisioneros patriotas enfila proa  con destino a la isla de Taboga en Panamá. Allí los chilenos se enfrentan con los realistas, capturan algunos de sus oficiales y los canjean por los sobrevivientes de la  fracasada expedición  de Gregor Mc Gregor  contra  Portobelo.

“La Rosa de los Andes” ataca, aborda, se apodera de las armas y bienes españoles y  se oculta en los estuarios selváticos; en  los primeros días de enero de 1820  unos indios cholos vecinos dela bahía de Cupica informan a Illingworth sobre una expedición enemiga que se prepara a orillas del río Atrato para reconquistar las posiciones liberadas por la tripulación de la  “Rosa de los Andes”.

Illingworth quiere salirles adelante y con cien hombres remonta el rio San Juan, cruza el Arrastradero de San Pablo y  llega a la parte alta del Atrato donde se embarcan en canoas y buscan al enemigo que no aparece por parte alguna. Fue fue un acto heroico, asombroso, sin par en los anales de nuestra historia, realizado por un puñado de valientes que se enfrentaron a la manigua chocoana.

El templado oficial inglés repasó con su gente el camino de regreso a la costa y desplegó  velas con rumbo a  Buenaventura, donde se reunió con el general Cancino y le entregó el armamento que  hizo posible el triunfo patriota sobre las fuerzas realistas que ocupaban el Chocó.

 El 28 de octubre de 1819 los chilenos desembarcaron cerca del  puerto de Guapi en la provincia de Popayán, defendido por los realistas del regimiento Cantabria. Los infantes de marina de la ”Rosa de los Andes” bajo el mando del capitán Desseniers avanzan por los manglares protegidos por las sombras de la noche,  al amanecer sorprenden al enemigo y a golpe de bayoneta, toman  85 prisioneros y se apoderan de los cañones y el armamento de la plaza. Los chilenos continúan la ofensiva, al día siguiente se embarcaron de nuevo,  ocuparon  el puerto de Izcuandé y  se apoderaron  del  fortín de Juanaco, defendido  por 200 hombres bien armados  y por seis poderosos cañones.

Un solo corsario ha desestabilizado el poder español en el Pacífico y  puesto en riesgo la seguridad del Virrey Pezuela. Para acabar con   Illingworth y la tripulación de  “La Rosa de los Andes” salieron del Callao las poderosas fragatas de guerra  “Prueba”  y “Venganza” con la orden de localizar y hundir al buque republicano. Las  naves buscan al barco corsario por  bahías y estuarios hasta que  la fragata “Prueba,” de 1300 toneladas, la localizó   en la desembocadura del río Esmeralda.

Illingworth intenta abordar el navío enemigo que responde con toda la potencia de fuego; una bala hirió gravemente al comandante de la nave patriota que da la orden de retirada antes de quedar inconsciente. De nuevo se salva “La Rosa de los Andes”, pero de los 550 voluntarios que zarparon de Valparaíso, solamente sobreviven 130 valientes.

No sabemos con certeza cuál fue el fin de “La Rosa de los Andes”. La versión  patriota asegura que encalló en Izcuandé y fue imposible volver a llevarla al  mar; los españoles dicen que ante el acoso de la fragata “Prueba”, el buque corsario  se embarrancó y  los realistas lo  abordaron y destruyeron a la ”Rosa de los Andes”

EPILOGO

Illingworth y sus compañeros se  unieron a las tropas de Bolívar en la campaña de Quito; posteriormente el héroe  inglés se integró  a la fuerza naval del Ecuador, donde fundó la Escuela Náutica de Guayaquil, precursora de la Escuela Naval del Ecuador.

El Ecuador acogió a Illingworth  como uno de sus hijos y en tierra ecuatoriana murió a la edad de 67 años rodeado del respeto y el aprecio que le brindó su segunda Patria; que se sepa no hay una sola placa que  exalte el valor de Illingworth y los chilenos en las costas colombianas y realce  la presencia de la “Rosa de los Andes” en las aguas granadinas.


 

 

 

 

miércoles, 11 de noviembre de 2015

DOMINGO QUINTERO



EL PROTOTIPO DEL EMPRENDEDOR QUINDIANO-

Tomás Calderón- Mauricio –Periódico La Patria-  abril 5  de 1944-

 

Desde el terraplén  de “La Marina”, que será un elegante barrio residencial con el nombre de  Alcázar,  vemos a lo lejos una torre bizantina.

-       ¿Qué es aquello?-
     

-       Es el castillo  de Getsemaní de Domingo Quintero-
 

-       Es la obra de un hombre extraordinario que hizo un templo en su casa con adherencias de una fábrica de café y de jabón.  El púlpito y el altar tienen enchapados de oro y plata, oro del más fino y plata suntuosa.

El automóvil se detiene después  frente al singular edificio. Es casa de familia, fábrica y templo a la vez. Con más de seis estilos: el gótico se mezcla con el romántico, el bizantino al español colonial, el renacimiento  al barroco y plateresco.

Don Domingo sale a nuestro encuentro. Entren señores, esto está muy revolcado exclama, al subir las escaleras

Es moreno,  de poca estatura y  pelo duro. Dijérase un descendiente de Quimbaya poseído del ancestro aborigen  de una tribu que hubiera pasado la vida modelando guacas. Lleva el sombrero puesto, pero no parece que lo llevara en la cabeza, es como si lo colgara  de un clavo, le sobra por todas partes

Al llegar al último tramo de la escalera una claraboya deja ver allá, en el interior, en el primer piso,  el altar de la capillas, el púlpito con enormes medallones de oro y dentro de una hornacina, en forma de palio quiteño,  el Señor Caído frente al cual se celebra la misa.

-       Esto es lo que yo quería- dijo este industrial llegado de Antioquia hace muchos años bajo el imperio de la ventura, tener un templo en casa y oir la misa aquí mismo.

-       Después de conocer las habitaciones que están sobre la fábrica,  en las cuales ha puesto don Domingo un lujo que responde a su concepto caótico del arte y de los estilos, subimos a la terraza.

-        

-       - Dese aquí se  ven muchos pueblos- nos dice- Quimbaya, Caicedonia, Zarzal y otros más. Esta vista es maravillosa.

-       En el ábside , bajo la cúpula bizantina,  tiene don Domingo una fábrica de llantas. Es el único hombre en Colombia que las está fabricando. Su taller es exótico, huele a caucho. Las llantas van montadas en un eje caliente de su propia invención.

-        

-       - Esto por dentro es de palo- nos dice-  Después se destroza todo esto y queda la llanta, no ve usted?- La marca es Esmeralda.

-        

-       Nadie entiende  esta fabricación  es como cosa de brujería. El mismo don Domingo se ríe un poco de su invención.

-        

-       Bueno como el pan, Quintero ha dedicado mucha parte  de su capital a servir a la Iglesia. Regala campanas, atiende Salas-cunas, pone cada día más adornos a su capilla  que puede ser un revoltijo de arte oloroso a café, a velas su fábrica se incorpora al aroma del incienso.

-        

-       -¿Quien hizo el plano de todo esto?

-       No hubo planos responde- lo hice a ojo.

Don Domingo es un práctico,  un honrado y laborioso trabajador y como gusta del colorido y lo vistoso, optó un día por bautizar a cada uno de sus productos con el nombre de Esmeralda, que retrata su ambición y su esperanza.

Su lecho queda cerca del sitio desde done puede oir la misa, en el último piso de la casa donde también tiene una pieza especial que alojó a Monseñor Gonzalez. En algunas procesiones don Domingo porta el estandarte con su anillo encima de los guantes.

-“Espérame esta tarde en tu jabonería. Domingo,  hubiera dicho Jesús si se hubiera topado con el quindiano

domingo, 8 de noviembre de 2015

BALSEROS CUBANOS Y COYOTES COLOMBIANOS


José Alvear Sanín
 
 

Los balseros que escapan del Medio Oriente hacia las costas europeas, buscando asilo en un continente donde muchos no los quieren, ocupan prominente lugar en la diaria dieta de horrores; pero para otros no hay cobertura mediática, gobiernos amigos ni exhortaciones pastorales.

En Colombia tenemos balseros invisibles… Desde hace meses me inquieta el tratamiento que reciben en nuestro país los que tratan de escapar heroicamente de Cuba. De vez en cuando nos enteramos de la captura de algún desventurado que nuestro gobierno devuelve a la isla-prisión, donde lo esperan la tortura y los trabajos forzados.

Más tarde, un magnífico médico que ejerce apostólicamente su profesión en favor de los más pobres en Urabá, ha llamado mi atención sobre el infame tráfico de los coyotes colombianos, que abusan de los cubanos exigiéndoles sumas muy elevadas por llevarlos en balsas rumbo al norte.

Los que no alcanzan a entregar todo lo que se les exige son denunciados a la policía, donde muchas veces los esperan otros abusos.

No se trata de unos pocos casos aislados y reprobables, porque no son escasos los cubanos que tratan de escapar del Gulag antillano a través de Colombia.

Uno se pregunta cómo pueden aparecer en el Chocó y Urabá numerosos cubanos, dada la miseria imperante en la isla del hambre, la represión, la permanente vigilancia de los comités de defensa de la revolución, la delación premiada y el miedo cotidiano. 

La respuesta es que desde hace algún tiempo se permite salir de ese “paraíso” a los que se dirigen a Venezuela o Ecuador. Algunos con parientes en USA o España reciben dinero para volar a Caracas o Quito. Atraviesan luego como indocumentados por Colombia. Desde que llegan a nuestras fronteras se ponen en manos de los coyotes que los han de embarcar. Los más afortunados llegan a México o Florida, en una navegación varias veces más larga que la de Siria a Grecia. Muchos, como los del Medio Oriente o África, se ahogan. Algunos, cuando son entregados por las autoridades colombianos a la Embajada cubana, prefieren suicidarse antes que regresar a la isla.

¿Cuál es la magnitud del problema que los medios embadurnados en mermelada no revelan? ¿Qué espera a quienes nuestro gobierno entrega a los esbirros de la más despiadada dictadura? ¿Por qué la democracia colombiana no ofrece asilo a unos hermanos tan dignos de conmiseración como los que llegan, extenuados, a Europa?

Afortunadamente, la Deutsche Welle (DW), el pasado 2 de noviembre llamó la atención sobre esta tragedia. Según esa insuperable fuente, en los últimos seis meses el servicio de fronteras de USA registró la entrada desde México, de 13.000 cubanos. En el 2014 lo lograron 17.459.

Por tal razón Raúl Castro (según me acabo de enterar mientras esto escribo), en visita oficial a México, busca taponar también esa vía de escape.

Y Colombia, según la misma DW, “movió” en los primeros ocho meses de este año 3.194 cubanos. Discreto neologismo este de “mover” para describir ese infame atropello de nuestro gobierno en materia de derechos humanos, “conexo”, quizá, al proceso de paz con las bandas narco-castristas.

Se ha vuelto tan peligroso huir por mar de Cuba a Florida que las gentes prefieren intentar la ruta de los coyotes colombianos y centroamericanos, pero tendrán que afanarse, porque Mr. Obama, el “nuevo mejor amigo” de Raúl Castro, para congraciarse con la dictadura fidelista, piensa proponer la derogatoria de la ley de “ajuste cubano” de 1966, que autoriza el asilo de los que llegan a territorio de Estados Unidos.

Ese temor, según parece, ha disparado el número de personas capaces de jugarse la vida en busca de la libertad.