domingo, 28 de diciembre de 2014

TRÁNSFUGAS Y POLÍTICOS


Alfredo  Cardona Tobón  *
 
 
Felipe Ortiz, Ponciano Taborda  representan la caterva de políticos y corruptos que  infestaron el norte caucano.

 

A Don Antonio Meza le avisaron en Sepulturas, hoy Caramanta, que podía regresar a Supía a continuar sus funciones de Juez en tal distrito parroquial. Pero no regresó. ¡Qué iba  a volver,  si en 1850 debió salir del pueblo para salvar su vida y ahora, en 1854, salió  de Supía desterrado por los melistas!

Como Don Antonio Meza miles de ciudadanos meritorios abandonaron el norte caucano a lo largo del siglo diecinueve debido a la situación caótica, violenta e inestable de la región.

 

Bajo las administraciones de Cartago, de Toro o de Riosucio y  con regímenes democráticos o  de facto, liberales o conservadores,  esa vasta zona dio bandazos al son de los dirigentes corruptos y tránsfugas  que amalgamaron el poder político con el económico para lucrarse de la Administración  Pública.

Al analizar la vida de los personajes que tejieron la historia del norte caucano, u occidente del Viejo Caldas, se advierte que,  en la mayoría de ellos, existe una dualidad entre sus actuaciones políticas y su actividad económica. Se nota, también, la inconsistencia de sus ideas que cambiaron  de acuerdo con las circunstancias o con el caudillo con el cual estaban comprometidos.

 

Lorenzo Villa fue jefe civil y militar del  Cantón de Supía durante varios períodos. Era un empresario ilustrado y hábil para los negocios. En 1854 le hizo frente al melismo y sorteó con éxito la invasión de Laureano Urrego y su montonera. En 1863 se levanta en armas contra el gobierno caucano que apoya a Mosquera y lo intenta de nuevo dos años más tarde. Es indudable su ascendencia en  la región  y es grande su riqueza, representada en minas y tierra, las cuales aumenta a costa de los Resguardos  indígenas que le confían su administración.

 

El ansermeño Felipe Ortiz empieza su carrera militar en las filas conservadoras. En  la década del  860 lo combate al lado de los radicales, seducido, según dicen sus enemigos, por los extensos terrenos que el gobierno del Cauca le cede en los Resguardos de Tabuyo y de Tachiguí.  Después de la guerra de 1877 el Cabildo Indígena de Quinchía le regala  los derechos en una productiva salina como agradecimiento por su defensa de la parcialidad.

 

Los hermanos Emigdio y  Ramón Palau, el primero conservador y el segundo liberal tienen gran poder en Cartago y en la provincia de Marmato. Ambos aprovechan sus conexiones con jueces y tribunales para litigar, hacer política y de contera, en  pago de los servicios, quedarse con tierras  de las parcialidades de La Montaña y de Guática,  y con las minas  y salinas de  sus defendidos.

 

El salamineño Rudecindo Ospina tras de hacer fortuna en Filadelfia y Manizales montó sus negocios en Supía. Se convirtió en el líder indiscutible de los radicales de la provincia de Marmato quienes  lo  llevaron a la Asamblea Legislativa del Cauca. Fue Jefe  Civil y Militar y también representante de la Western Mining Co.  que explotaba el oro de Marmato. Con tal poder, no fue difícil que fijara los límites de la Compañía a su antojo y  que se convirtiera en uno de sus accionistas en perjuicio de los intereses de los resguardos de Supía y Cañamomo.

 

El riosuceño Clemente Díaz no se apoderó de tierras ni de minas, pero fervoroso defensor del conservatismo apoyó la colonización  conservadora del  Mismís para neutralizar las parcialidades liberales del área. Al analizar las causas remotas de la violencia en la región le podrían  pasar varias cuentas a Don Clemente y sus protegidos de San Clemente.

 

Ponciano Taborda, Jefe Militar de Anserma desde 1885 hasta la guerra de los Mil Días, en asocio con el corregidor Isaías  Gamboa se valió  de sus posiciones para obtener derechos en los Resguardos de Tabuyo y de Tachiguí y conseguir en remates amañados las propiedades de los nativos a vil precio.

 

La mayoría de los  antioqueños  estaban unidos en su Estado alrededor de la Iglesia y el clero. Pero en el Cauca, y sobre todo en el norte de este Estado, la situación era un caos completo. Se marchaba tras los caprichos de Mosquera y cuando éste se marginó de la actividad política, las comunidades y los dirigentes pasaban de las toldas radicales a las independientes o viceversa, según la fortuna en las revoluciones locales.

Cuando el norte caucano pasó a formar parte de Caldas, Don Alejandro Gutiérrez hizo notar la diferencia entre los distritos que pertenecieron al Cauca y los que pertenecieron a Antioquia.  En el nuevo departamento  la población de Riosucio perdió paulatinamente su importancia y los dirigentes de la banda izquierda del río Cauca,  exceptuando quizás a los Gartner, se convirtieron en peones de estribo de los Gutiérrez y los Arangos de Manizales.

 

Si analizamos el siglo XIX y lo comparamos con el XXI se ve que, infortunadamente, muy pocos cambios políticos se han efectuado en las comunidades del viejo norte caucano que siguen  comprometidas y al vaivén de dirigentes tránsfugas y oportunistas.

 

Ayer fueron conservadores y liberales, ahora están matriculados  en Cambio Radical, Centro Democrático, La U,   El Polo, etc.. etc…    Hoy senadores, diputados , concejales y alcaldes  están  con un movimiento y mañana con otro… No hay consistencia de ideas  porque todos son “ la misma perra con  distinta guasca”, en un país de tránsfugas donde  el voto se vende y las elecciones las gana quien tenga más dinero para comprar las conciencias.

 

 

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