lunes, 3 de noviembre de 2014

LA GUERRILLA DE LOS ALMEIDA


Alfredo Cardona Tobòn*
 
 

Pese a la represión, pese a los cadalsos y a la vergonzosa crueldad de una nación que se empecinaba en mantener bajo su imperio gran parte del territorio americano, los republicanos de Venezuela y la Nueva Granada  se  levantaron en guerrilla para hacer frente a la llamada “Reconquista española.”.

Por los lados del Socorro la guerrilla de “Niebla”  acosó a los realistas; lo mismo ocurrió en la zona de Honda y Guaduas donde  “El Mosco” Rodríguez mantuvo en jaque a las fuerzas coloniales. En el Valle del Cauca la guerrilla de Mora  puso en alerta a las autoridades de Popayán; los irregulares de Casanare  fueron invencibles y por los lados de Machetà  la guerrilla de los Almeidas escribió una  página inmortal en nuestra historia cuando en operación relámpago  ocupó las poblaciones que colindan con los llanos orientales.

LOS HERMANOS ALMEIDA

El uno era Ambrosio y el otro Vicente; eran oriundos de San José de Cúcuta y miembros de una acaudalada familia que hacía causa común con los patriotas granadinos.

Doña Josefa Acebedo de Gómez describe a Ambrosio Almeida en su romance “Los guerrilleros”:

Buen mozo, pálido, flaco

de cara fresca y risueña,

alto de cuerpo, delgado

y con nariz aguileña.

 

En las redadas de Sámano en busca de agitadores y rebeldes los dos hermanos fueron a dar a la  cárcel. Fue entonces cuando Policarpa Salavarrieta, haciendo gala de su astucia y valentía   les llevó dinero dentro de unas naranjas para sobornar a los guardias y al cabo  Pedro Torneros y conseguir la huida de la prisión.

Los Almeida se refugiaron en una finca de Machetá conseguida por la Pola y allí con el apoyo de  Juan José Neira organizaron una fuerza de caballería con campesinos de la región y con desertores de las tropas del Rey que motivados por las continuas victorias patriotas en los llanos buscaban unirse a las guerrillas insurgentes.

El 13 de noviembre los Almeida ocuparon  a Tibirità y ejecutaron a cuatro realistas; el día 18 entraron a Chocontá con 300 hombres a caballo y lanza y 20 fusileros. La campaña guerrillera encendió los  ánimos de los vecinos en forma tal que  el 19 de noviembre de 1817 se levantó el pueblo de Ubaté al grito de ¡Viva nuestro generalísimo Bolívar! ¡Mueran los chapetones, godos ladrones!

El 21 de noviembre la gente de los Almeida estaba en Chocontá de donde salieron partidas armadas hacia Suesca, Nemocòn, Ventaquemada y Ubaté donde aún quedaban brasas del rescoldo comunero.

Cundió el pánico en Zipaquirá y en Santa Fe de Bogotá y ante tan peligrosas circunstancias el general español Juan Sámano  dio órdenes a sus mejores soldados para que bajo las órdenes de Carlos Tolrá, Simón Muñoz y Simón Sicilia, a quién  más cruel y despiadado, marcharan al encuentro de los Almeida sin dar cuartel ni perdonar al enemigo.

Los guerrilleros rechazaron a Simón Sicilia en el puente del Sisga y horas más tarde chocaron con la avanzada de Carlos Tolrá. Esta vez la valentía no les sirvió a los patriotas superados en número y en armas. En el campo dejaron seis muertos y diez  guerrilleros cayeron en poder de los españoles que los ejecutaron de inmediato.

LA FUGA DE JUAN  JOSÈ NEIRA

Ante la inminencia del desastre total, los Almeida con 26 sobrevivientes tomaron el camino de los llanos tratando de escapar de los españoles; fue entonces cuando Neira con algunos guerrilleros trataron de contener al enemigo para proteger la retirada. Uno por uno fue cayendo y al final únicamente  Neira quedó con vida, que le perdonaron para  enviarlo a Santa Fe y ejecutarlo como escarmiento a los rebeldes patriotas.

Neira se dejó conducir  sin oposición como si estuviera resignado con el destino que le esperaba, iba con grillos  en una bestia  en medio de la escuadra realista. Al pasar por el voladero de Machetá los caballos desfilaron uno a uno por la estrecha senda; entonces Neira se arrojó al precipicio pues prefería morir despeñado y ser pasto de los gallinazos que servir de solaz a los enemigos que gozarían con su sacrificio. Nadie se preocupó por recuperar el cadáver, tan seguros estaban de su muerte, pero por un designio de la Providencia los grilletes se enredaron en un arbusto y Neira quedó suspendido en el abismo.

Entrada la noche pudo descender hasta el lecho del río Barbosa y al amanecer lo socorrieron unos labriegos  que curaron sus heridas. Después se  dirigió a Pacho y allí casi lo recapturan; al final se unió a las fuerzas patriotas y  con pundonor y heroísmo desempeñó  un papel estelar en la historia republicana.

Como Carlos Tolrá no pudo capturar a los Almeida ni a Pedro Torneros, mandó fabricar unos muñecos que ahorcó  en nombre de los fugitivos.

Los Almeida se sumaron a las fuerzas de Santander y una vez lograda la Independencia de Colombia Ambrosio se dedicó a atender los negocios de la familia. De Vicente no  se tienen más datos.

La incursión  de los Almeida fue un gesto osado e inútil. En ese momento y con los recursos que tenían era imposible derrotar a los veteranos españoles.  Esa arriesgada campaña solamente sirvió para que Tolrà se cebara con la población indefensa: asesinó más de cien labriegos en  Chocontá, Machetá, Tibiritá y Tenza: se apoderó de todas las bestias de la región, recogió las armas blancas y de fuego, destruyó las cosechas y confiscó  todos los elementos de hierro de las poblaciones que apoyaron a los Almeida.
Ante todas esas atrocidades y miles más, al final del siglo XIX  a los notables de la Regeneración conservadora no les dio vergüenza llamar Madre Patria a la cruel y explotadora España.

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