martes, 4 de noviembre de 2014

EN LAS BUENAS Y EN LAS MALAS


Alfredo Cardona Tobón*
 
 

Muchas mujeres dejaron todo para acompañar a sus seres queridos en los campos de combate; otras se hicieron cargo del  hogar, de las empresas y de  los negocios mientras sus hijos y esposos luchaban por la Patria. Fueron muchas las que tomaron el fusil y la lanza para enfrentarse al enemigo e innumerables las  historias de amor que muestran la devoción y la generosidad de las americanas en los duros años de la lucha por la independencia.

Tomemos dos de esas historias de amor: la de Pepita Machado y la de Magdalena Ortega: la primera, compañera de Simón Bolívar, la segunda la esposa de Antonio Nariño.

PEPITA MACHADO, LA ENAMORADA DEL LIBERTADOR

Josefina Machado entró a la vida de Bolívar en agosto de 1813. Fue una de las doce doncellas vestidas de ninfas que coronaron a Simón  en su entrada triunfal a Caracas en la Campaña Admirable. Pepita era una morena clara, de cuerpo sensual, ojos oscuros, carácter audaz y de gran inteligencia.

Entre Pepita y el Libertador nació una pasión que desafió todos los convencionalismos y la oposición de María Antonia Bolívar, que no aceptaba la relación de su hermano con la hija de un canario enriquecido.

Los amoríos de Pepita con Simón Bolívar duraron seis años de largas ausencias y cortos encuentros. Cuando avanzaron las hordas de Boves y el ejército de la primera república venezolana se replegó hacia Barcelona, Pepita se unió a la columna que, en viaje lleno de penas y angustias,  huía de la crueldad de las tropas realistas.

Muchos cayeron bajo las lanzas enemigas  y  otros lograron ponerse a salvo en las naves que los llevaron a las Antillas, entre ellos estaba María Antonia Bolívar y Pepita Machado, que junto con su madre, desembarcó en la isla de Saint Thomas.

Bolívar se dirigió a Cartagena  y luego navegó hacia Haití, donde con el apoyo de Petión reunió tropas y organizó la expedición de Ocumare contra las fuerzas realistas de  Venezuela. Ya en tierra firme el Libertador llama de nuevo a Pepita, que tras dos años de ausencia se encuentra con su amado en las costas de Angostura. Son varios días de espera en el campamento, tiempo que se pierde en la campaña, y que según varios autores fue una de las causas que malograron la  ventaja de la sorpresa y  llevaron a una desastrosa derrota.

 

La derrota sume a Bolívar en la más profunda depresión, reúne lo que queda de su tropa y en el bergantín “Indio Libre”  toma rumbo a  la isla danesa de Saint Thomas a dejar a Pepita, a su madre, a un grupo de mujeres, ancianos y niños que huían de la represión de los realistas.

Al anochecer del 5 de agosto de 1816, Bolívar, recién cumplidos sus treinta y tres años, “El Indio libre” encalla en la isla de Viques, en Puerto Rico. El Libertador estaba agotado, sin víveres, ni agua ni dinero

En esas condiciones hay que desembarcar para conseguir como fuera algunas provisiones para los tripulantes y soldados y para el grupo numero de civiles que navegaban en el bergantín. La partida se internó en la isla en las horas de la noche y saqueó la hacienda de un ciudadano  llamado Juan Roselló, que informó a las autoridades españolas que una partida de insurgentes habían invadido su casa cercana a la playa y “le mataron cuatro bueyes, todas las gallinas, le robaron dos barriles de sal, uno y medio de harina, el baúl con ropa y papeles que contenía, con 186 pesos metálicos unos pocos del que da el parte y el resto lo tenía guardado de particulares. También un esclavo de su propiedad, hachas, y demás instrumentos de trabajo; una carabina, un par de pistolas, con cuanto contenía la casa…”

PEPITA MACHADO Y LOS PIRATAS DE BOLIVAR

Los insurgentes permanecieron  cinco días en Viques. El bergantín seguía encallado y el peligro de caer en manos de las tropas enemigas de Puerto Rico cada vez era mayor.  En la madrugada del último día, apareció en el horizonte un velero con bandera española. Las mujeres se agolparon en cubierta y agitando sus pañuelos pidieron auxilio.

El capitán del velero español acompañado de algunos marineros  llegó en un bote sin maliciar la emboscada que le estaban preparando y al pisar la cubierta del “Indio Libre” quedó como rehén de los insurgentes.

Con el capitán español en su poder los rebeldes abordaron el otro buque y obligaron a su tripulación a poner a flote la nave encallada. A cambio de víveres y la promesa de llevar a Saint Thomas a los refugiados, Bolívar y Brión respetaron la vida del capitán ibérico y de sus marineros.

Con un beso apasionado el Libertador se despidió de Pepita Machado, serían dos años de larga ausencia,  durante los cuales solo las cartas que se cruzaban los amantes mantendrían  vivo el recuerdo.

Después de treinta y tres días de navegación, el “Indio Libre”  llega al puerto de Güiria… Las calamidades continúan tras el Libertador. A la llegada a tierra firme, José Bermúdez y Santiago Mariño, oficiales de la expedición, no solamente desconocen la autoridad de Bolívar, sino que lo acusan del fracaso de Ocumare y lo atacan. Bolívar es hábil espadachín y se defiende hasta que  Luis Brion y su gente  acuden en su ayuda para llevarlo nuevamente al bergantín que iza vela de regreso a Haití.

 

La lucha por la independencia continúa. Los patriotas establecen una cabeza de playa en Angostura con el apoyo de Petión .El recuerdo de Pepita no ha muerto a pesar del tiempo y la distancia y al llamado de su amado, la bella caraqueña parte de Saint Thomas  y se encuentra con Bolívar en la costa venezolana. Desde Angostura la libertad se extiende por los llanos de Aragua, de Casanare, trepa la cordillera por Pisba, hasta que la victoria sonríe en el Pantano de Vargas y en Boyacá.

 

Pepita prepara viaje a Santa Fe de Bogotá y  en 1820 emprende el largo viaje que la llevará a la capital de Colombia, algunos dicen que Pepita  remontó el Orinoco y llegó a San Rafael de Atamaica donde murió de tuberculosis, otros aseguran que se fue por el Arauca, dobló hacia el Matiyure, pasó Guasimal y llegó a Achaguas y ahí la derrotó la enfermedad. Sus restos estarían en algún rincón escondido  del viejo cementerio de Achaguas.

 

MAGDALENA ORTEGA
 
 

Si alguna mujer sufrió a causa de las ideas de su esposo fue la esclarecida santafereña Magdalena Ortega, esposa del Precursor Antonio Nariño.

La desgracia toca las puertas del hogar de Magdalena el 29 de agosto de 1794, cuando embargan los bienes de la familia y llevan preso a Nariño con destino a la metrópoli, acusado de malversar fondos eclesiásticos y participar en movimientos sediciosos contra el régimen español. Todo lo arrebatan, hasta la esclava de 80 años que ha acompañado a la familia por generaciones.

La situación es tan crítica, que lo único que puede recoger Magdalena, para auxiliar a su esposo en la larga travesía son 400 míseros pesos, de la venta del último sillón que le quedaba.

Tras un largo peregrinar por Europa, en 1797 Nariño llega de incógnito a Santa Fe. Es un reo prófugo que se acoge a la misericordia del virrey, que no se duele del abandono de la familia y pone al criollo nuevamente en prisión.

Magdalena escribe al rey, a la reina, a quien pueda oírla, pero Nariño continúa prisionero hasta que el deterioro creciente por la tisis, obliga a los españoles a darle una finca por cárcel. Allí renacen las esperanzas de la familia, Nariño establece una lechería y levanta cultivos de papas y hortalizas, con el alivio de la calamitosa situación económica.

Más la desgracia no abandona a Magdalena, pues de nuevo ponen preso a Nariño por viejas deudas y por supuestos nexos con la insurgencia. La venta de  unos zapatos que Magdalena tiene en consignación son el único recurso que puede ofrecerle a su esposo, además de unos pañuelos bordados que el Precursor cambiará por pollos en el camino.

Otra vez los chapetones embargan los bienes de los Nariño: ganado, semillas, cosecha… y nuevamente Magdalena verá el hambre y las necesidades que acogotan a su familia… se repetirá la historia cuando los pastusos capturen al Precursor y durante la larga estadía en las prisiones de Cádiz la familia quede desamparada, con el dolor de que el hijo mayor de Nariño, viendo la lucha inútil de su padre, abrace la causa de los realistas.

 

 

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