martes, 28 de octubre de 2014

LA INDEPENDENCIA EN LA COSTA ATLÀNTICA DE COLOMBIA


Alfredo Cardona Tobón

 


Para evitar la intromisión de Napoleón en América, las Cortes de Cádiz propusieron la formación de Juntas de Gobierno ajenas a las influencias del rey impuesto a los españoles por las tropas francesas.

El 22 de mayo de 1810, Don Antonio de Narváez, diputado del Nuevo Reino de Granada a las Cortes de Cádiz, y Don Antonio Villavicencio, comisionado de la Regencia, se reunieron con el gobernador de Cartagena de Indias, los miembros del Cabildo y los ciudadanos más distinguidos del puerto, para establecer una Junta donde habría un co-gobierno de peninsulares y criollos.

Aunque el gobernador Montes aceptó inicialmente la Junta, después se arrepintió del pacto suscrito con los criollos y siguió dirigiendo la provincia de Cartagena a su antojo. Los miembros del Cabildo tacharon la conducta del alto funcionario de despótica y arbitraria y corrió el rumor de que los franceses en asocio con el gobernador iban a vender a los cartageneros como esclavos. El malestar contra el gobernador  creció en los barrios populares y el 14 de junio de 1810 una rebelión de notables y populacho permitió el derrocamiento de Montes y el nombramiento de  un gobernador interino.

 

LA JUNTA DE CARTAGENA

 

La Junta del 22 de mayo se reorganizó a fines de 1810  con representantes de Tolú, San Benito, Mompox y Simití. Era una Junta de notables de toda la provincia, sin presencia del pueblo, cuyos miembros gobernaron en nombre de Fernando VII en forma autónoma y sin contar con el  resto de la Nueva Granada.

Por la importancia militar y comercial del puerto, la Junta de  Cartagena se consideró al mismo nivel de la  Junta establecida en Santa Fe el 20 de julio de 1810. Pronto se enfrentaron las dos Juntas pues Cartagena proponía una organización federal con provincias soberanas y Santa Fe buscaba un sistema centralista. Desde los primeros meses del gobierno criollo, y sin haber decidido si continuaba dependiendo de España, la Nueva Granada se dividió, creando las barreras que más tarde dieron al traste con la llamada Patria Boba.

La Junta de Cartagena con sus secciones de Gobierno, Justicia y Hacienda administró la provincia en nombre del rey pero no acató las órdenes de la Regencia española, que decía representar a Fernando VII, entonces prisionero en Bayona. La  ambigüedad de los notables los hacía sospechosos a los ojos de los peninsulares, cuyos suboficiales del Regimiento Fijo, acantonado en Cartagena, decidieron recuperar el control de la plaza. El plan fue descubierto y  la ciudad amurallada  se libró de quedar bajo el dominio español como lo estaban las ciudades de Santa Marta y Riohacha.

 

LOS SUCESOS DE MOMPOX

 

La libertad  ha florecido en la costa del Atlántico, donde el hombre en simbiosis con el trópico y la naturaleza, no se resigna al  escarnio de los opresores. Fue feroz la resistencia de las tribus al invasor europeo; allí surgieron los palenques negros que mantuvieron a raya a las autoridades coloniales, y el coraje costeño dio ejemplo a la nación en la lucha por la independencia y  contra los tiranos de todos los partidos.

En la costa empezó el movimiento libertador y fue Mompox la primera ciudad granadina que rompió definitivamente sus lazos con la metrópoli. En junio de 1810 los mompocinos, dirigidos por los hermanos Gutiérrez Piñeros, se rebelaron contra las arbitrariedades del coronel Talledo y establecieron su propio gobierno. Después de los sucesos del 20 de julio en Santa Fe, el Cabildo firmó su adhesión a la Junta de Santa Fe, declaró la independencia de España y desconociendo la autoridad cartagenera  erigió a Mompox como cabecera de una provincia soberana.

 

EL 11 DE NOVIEMBRE DE 1811

 

La Junta de Cartagena crea un caos con sus tesis federalistas. Algunas provincias  reconocen a Fernando VII y a la Regencia, otras solamente a Fernando VII y unas pocas se declaran por la libertad absoluta.

Los notables de Cartagena tildan a Nariño de demagogo y de tirano y al pueblo santafereño de “ plebe insolente de miserables indios”. Desean una satrapía oligárquica y absolutista, para atender sus propios intereses, y por eso van contra el gobierno santafereño y contra la autonomía de Mompox, al que reducen y dominan con las armas.

La beligerancia de la clase dominante cartagenera, que hace causa común con la oligarquía santafereña,  enardece a los hermanos Celedonio, Germán y Gabriel Gutiérrez de Piñeres, que levantan el pueblo del puerto amurallado, como lo hicieron en Mompox,  y se van lanza en ristre contra los notables que se aferran al poder.

Los Gutiérrez Piñeres consiguen el apoyo de las milicias cartageneras, compuestas en su mayoría de negros e indios, y proponen a la Junta de Gobierno la declaración de Independencia del monarca y la nación española.

Llega el 11 de noviembre de 1811. Las horas pasan, los debates se alargan y  parece que los representantes no quieren hablar de la emancipación de la provincia. Al caer la tarde y viendo que se levantaba la sesión, los Gutiérrez Piñeres movilizan las barriadas cartageneras, como lo hizo Carbonell con el pueblo santafereño, y una masa armada de palos, lanzas e instrumentos de labranza toma el Palacio de Gobierno, y a la fuerza obliga a los notables a desconocer el gobierno español y  firmar el acta de independencia.

El 12 de noviembre la multitud oscura y parda del puerto continuaba celebrando el triunfo: ¡ Viva la Independencia!. ¡ Viva Santa Fe!. ¡Viva Cartagena! – eran los gritos que resonaban en los rancheríos del Morro, los Castillos y Bocagrande.

El pueblo de Santa Fe- relata Indalecio Liévano Aguirre- celebró como propia la victoria del pueblo cartagenero. Pero los Gutiérrez Piñeros, como sucedió con Nariño, no aprovecharon el furor popular. Los criollos tibios quedaron al mando en Cartagena, al igual que en Santa Fe,  pensando más en sus bolsillos que en el futuro y la felicidad de la Patria.

 

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