sábado, 4 de octubre de 2014

CACERÌA DE BRUJAS EN MANIZALES


Alfredo Cardona Tobón.

 


En enero de 1894 José Jesús Villegas , en ese entonces alcalde de Manizales, desarrolló un operativo, que hoy sería envidia del cuerpo élite de la policía, para poner a buen recaudo vagas y prostitutas,  perseguidas por la ley con el mismo rasero.

Según documentos del Archivo Municipal, el burgomaestre concedió cuatro días de plazo a las acusadas para que demostraran su inocencia.

Mariana Trejo envió una carta al personero  diciendo que no se le podía  tildar de inmoral, pues “ ella no contrataba coito con anticipación” y que si algo podían reprocharle, no era debido a su maldad, “sino como consecuencia de la debilidad de su sexo y de las astucias de los hombres, que persiguen y engañan a las mujeres para satisfacer sus deseos naturales.”

Dolores Bedoya se defendió alegando  que estaba próxima a contraer matrimonio con el Sr.  Juan de la Rosa Acevedo y que si lo dudaban  podían preguntarle al  cura párroco, quien daría fe de esas intenciones.

Al cumplirse el plazo de los cuatro días, el alcalde encarceló a  algunas infelices, como sucedió  con Isabel Viana, que pese a su avanzado embarazo, fue a dar a un insalubre calabozo con dos pequeños hijos. “Me hallo por orden suya en esta cárcel- escribió la pobre mujer al alcalde- y quisiera que Ud. se dignara tomar informes sobre mi conducta con las personas que me conocen... Debe informarse que soy una mujer trabajadora, huérfana de padre y madre y para caer en cama en los próximos días”.

 María de Jesús Durán y Alejandra Estrada  quedaron privadas de su libertad  y de la  escasa ración de comida que suministraban a los reos, pues el alcalde Villegas  exigió que comprobaran su inhabilidad para trabajar. “...ciertamente no somos inhábiles para el trabajo, pero como estamos condenadas a prisión no se puede concebir cómo una persona aprisionada pueda trabajar, aún en quehaceres domésticos. De suerte pues, respondieron las condenadas, que si no se nos da la ración, la pena que se nos impuso no fue la de la prisión, sino la pena de muerte, porque nada menos nos irá a pasar a nosotras que no tenemos renta de qué vivir”.

Entre las cincuenta acusadas por vagancia estaba Doña  Tulia Franco de Villegas, suegra del alcalde de marras y viuda del coronel Fermín Villegas, muerto en el combate de Salamina en defensa del gobierno conservador. En una nota enviada al personero, doña Tulia  señalaba los abusos de su yerno : “ Se ha adelantado bajo una sola cuerda una investigación contra innumerables personas por hechos inconexos.... ningún  testigo afirma nada, sólo se conceptúa y esa ha sido la prueba para perseguirnos y avergonzarnos”

“Este juicio- agregó Doña  Tulia al personero-  hará época en los fastos de la Administración manizaleña, porque además  de ser la persecución y proscripción de la parte más débil y desgraciada de la sociedad, es la recopilación de todas las arbitrariedades que pueda llegar a cometer  un empleado..”

 

La cacería de brujas de José Jesús Villegas, fue una de las tantas incongruencias de la doble moral de la cultura paisa del siglo diecinueve: en 1872 el prefecto de Salamina, Juan Manuel Llano remitió cartillas de “Instrucción  de la Guerrilla” para el  “uso de los alumnos de las escuelas públicas”,  al tiempo que daba órdenes para desterrar las prostitutas a las mortíferas riberas del tío Magdalena.

 En 1886 Ramón Hoyos, otro alcalde de Manizales, mandó a los vecinos a  dormir desde tempranas horas, para salvaguardar la moral pública, fortalecer los nexos familiares, y aumentar, como alguien comentó en broma, el número de los muchachitos, tan necesarios en ese entonces para poblar la región.

  Además del cierre de los establecimientos públicos, el alcalde Hoyos agregó en  el decreto No. 18: “Todo individuo que se encuentre en la calle de las nueve de la noche en adelante podrá ser conducido a la cárcel y allí permanecerá 24 horas”.

Un año más tarde Ramón Hoyos detuvo a Ramón Orozco por el delito de  blasfemia y extrañó a varias mujeres, sin juicio previo, a la vecina población caucana de Villamaría. Lo que no pudo evitar  el burgomaestre fue la visita de un sinnúmero de manizaleños  a la Aldea de María,  al otro lado del río Chinchiná , para buscar los favores de las paisas exiliadas.

Las causas de la terrible aflicción moral que hoy padecemos debemos buscarlas en el siglo  diecinueve, cuando a la sombra de los partidos, de una iglesia beligerante  y de los  Estados Soberanos, se sembraron las semillas de todo tipo de iniquidades. No se respetó la vida, ni la honra, ni los derechos de los vencidos. Fue una orgía de sangre, que  la Regeneración de Nuñez  y el gobierno de Rafael Reyes trataron de parar inútilmente.

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