domingo, 26 de octubre de 2014

CONFLICTOS EN LA FRONTERA ENTRE ANTIOQUIA Y CAUCA


 Alfredo Cardona Tobón.*

 
Villamarìa  en primer plano y en la cuchilla de atrás està Manizales
 


Las relaciones de Manizales con los poblados vecinos no fueron siempre color de rosa. Durante el gobierno de Pedro Justo Berrío partidas armadas de Neira, capitaneadas por Servando Marulanda, invadieron territorio manizaleño con el natural sobresalto de sus habitantes. El alcalde  protestó ante las autoridades del distrito norteño amenazando con impedir tales desmanes, así tuviera que emplear la fuerza.

Las protestas de los burgomaestres de Manizales por el envío de vagos y gente indeseable de Salamina y otros municipios antioqueños fue constante a mediados del siglo diecinueve. Este problema disminuyó, en gran parte,  cuando la localidad tomó importancia comercial y política y dejó de considerarse como un rincón perdido en la geografía  paisa.

Con los vecinos del Cauca los roces fueron muy graves, a veces con derramamiento de sangre. En la ciudad fronteriza se topaban dos culturas, dos identidades con valores diferentes, enfrentados a menudo por cuestiones políticas y raciales.

Del río Chinchina hacia el norte estaba la Antioquia clerical, de doble moral, conservadora y relativamente próspera. Hacia el sur se extendía el Cauca liberal, de principios laxos y económicamente más débil.

En la Aldea de María se concentraban refugiados políticos que conspiraban contra el régimen antioqueño; en Manizales buscaban refugio los perseguidos por el régimen liberal del Cauca, quizás más corrupto que el antioqueño e igualmente violento y excluyente.

A lado y lado del Chinchiná medraba  una población flotante de contrabandistas, abigeos y oportunistas que se desplazaban de un estado a otro de acuerdo con sus conveniencias.

 

EN  TIEMPOS DE MELO.

 

Tras el levantamiento de Francisco de Paula Albarracín  en favor de la dictadura, el avance melista hasta Mariquita y las insurrecciones en Salamina y Neira, los manizaleños vieron melistas por todos los rincones. Como la Aldea de María respaldó a Albarracín, el Prefecto de la Provincia prohibió el enganche de aldeanos en la milicias constitucionales y se impidió el acceso de los habitantes de María a los edificios gubernamentales de Manizales.

Suponían que todo aldeano era un espía o un rebelde que buscaba infiltrarse en las filas de la legalidad.

 

EL BLOQUEO DE LOS CAMINOS.

 

Después de la intentona de anexar la Aldea de María a la Provincia de Córdova para favorecer los intereses de la Compañía González y Salazar, las relaciones  entre Manizales y la Aldea se deterioraron notablemente.

En 1855 los aldeanos suspendieron por la fuerza los trabajos del camino que pretendía unir a Manizales con el río Magdalena y el 10 de marzo de 1857 bloquearon la vía que comunicaba el distrito antioqueño con el Cauca. Ante la enérgica protesta de Medellín, que pudo conducir a un conflicto armado, el gobierno caucano destituyó al Regidor de María y lo juzgó por abuso de autoridad y mal desempeño en el ejercicio de sus funciones.

En la guerra de 1860 los antioqueños capitulan y las tropas del Cauca imponen un gobierno radical  en La Montaña. Pese  a la derrota el conservatismo paisa conserva su fortaleza y controla de hecho la mayor parte del territorio. Las tropas liberales del Cauca y de Antioquia trasiegan constantemente los caminos fronterizos tratando de conservar su frágil hegemonía. Para disminuir distancias se construye el camino del Tablazo, que evita la llegada a María y conecta directamente a Manizales con Santa Rosa.

Como cada distrito debe auxiliar las tropas,  la Aldea de María trata a toda costa de mantenerse al margen del tráfico y Manizales busca que los militares pernocten en la aldea caucana. El camino del Tablazo se bloquea una y otra vez y  sucede lo mismo con el que conduce a  María.

 

EL FOGONAZO DE LOS RIFLES.

 

En diciembre de 1863 los conservadores retoman el poder en Antioquia. Los liberales del Cauca los acosan desde Supía y la Aldea de María intentando desestabilizar su revolución.

El 7 de enero de 1864 una columna manizaleña ataca la Aldea de María invocando el Derecho de Gentes que justifica la invasión en defensa propia. La débil fuerza caucana acantonada en María es incapaz de resistir el embate de Antonio Jaramillo y su tropa, que entra al poblado, lo saquea, toma prisioneros y se roba cuanto caballo y mula encuentra en sus mangas.

En 1876 se repite la escena. En la guerra promovida por los antioqueños contra el gobierno central,  la gente del general Casabianca entra a Villamaría, la saquea nuevamente, ataca a niños y mujeres que se refugian en un campamento sanitario y quema numerosas viviendas.

Meses más tarde se voltea el Cristo. Cae Manizales en poder de los liberales y tras la capitulación del 5 de abril de 1877, los villamarinos entran a Manizales  donde roban colchones, camas, gallinas, ganado y todo lo que encuentran, apaleando a cuanto vecino se atreve a salir a la calle o a hacerles frente.

 

CONTINÚAN LOS CONFLICTOS.

 

 En las últimas décadas del  siglo diecinueve los manizaleños continúan sus incursiones por tierras caucanas en busca de delincuentes  y rebeldes, sin respetar límites, pese a las protestas de los alcaldes de Villamaría y Santa Rosa de Cabal.

En la guerra de 1885 Villamaría respalda la revolución liberal, sus hombres se  suman a las guerrillas tolimenses y presentan combate en la Florida donde son derrotados y apresados por fuerzas manizaleñas.

Los roces violentos desaparecen con la creación del departamento de Caldas y con el desarrollo acelerado de  Manizales. Sin embargo  persiste la desconfianza entre los dos municipios que en el siglo veinte impidió la integración para emprender proyectos comunes y hasta para ponerse de acuerdo en el control de los borrachos trasnochadores de Manizales, que amparados por la laxitud de la autoridades villamarinas, aumentan el índice de víctimas  de la mezcla fatal del alcohol y la velocidad.

 

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