sábado, 20 de septiembre de 2014

SAN JOSÈ CALDAS

EN EL ALTO DEL GUAMO


Alfredo Cardona Tobón.  *

 


 

El sangrero aseguró el bastimento de la mula de punta, sacó el yesquero y prendió el tabaco que compró en  Puerto Chávez; atrás quedaba el valle del río Risaralda que semejaba una alfombra de distintos verdes, donde sobresalían a intervalos inmensos ceibos y festones de guayacanes floridos. Las volutas de humo del tabaco hacían malabares entre las ramas de los yarumos blancos que se descolgaban al lado del camino y eran el linde del reino de los zancudos y de la fiebre amarilla.

Faltaba poco para alcanzar el Alto del Guamo con cuatro ranchos que desprendían un sabroso olor a sancocho. La recua continuò el camino hasta el naciente caserío. El sangrero detuvo la mula guión, o bestia madrina, la desenjalmó y desamarró las provisiones que traía en el hatillo mientras atrás, en la retaguardia de la tropilla, vociferaba el caporal José María Ramírez, alias Macuenco, tratando de levantar un macho resabiado.

En la fonda del alto del Guamo había panela,  maíz y tocino salado. Además había pasto para las bestias y  un comedero famoso por sus fríjoles con 'hogao' y sus arepas de chócolo.

 LA TELARAÑA DE UN PASADO

 Ni el caporal ni el sangrero adivinaban que en ese monte perdido, en ese fin del mundo como decían, en esas soledades del Alto del Guamo, en el camino que comunicaba a Ansermaviejo con  La Virginia, empezaba a tejerse la historia de  una nueva  comunidad campesina

 Rudecindo Ospina adquirió parte de esa Serranía en 1874  a cambio de bonos territoriales y la revendió a  inversionistas antioqueños cuyo negocio era el loteo de tierras deshabitadas. Ellos querían ganar dinero en esas tierras ociosas, pero otra cosa pensaban los campesinos pobres que después de la  guerra de los Mil Días empezaron a establecerse en esa serranía sin preguntar por dueños ni títulos legales. Epitacio Herrera construyó la primera casa en el Alto del Guamo; después levantaron sus ranchos Juvenal Jiménez, Rafael Marín y  José María Valencia.

 En su continuo trajinar por la trocha que llevaba a Puerto Chàvez sobre el rìo Cauca, Macuenco pensó muchas veces en construir su casa y abrir  barbechos pòr los lados del Alto del Guamo, desde donde se atalayaban  tierras del Cauca y de Antioquia y se contemplaba el voluptuoso correr de las nieblas matinales  que se levantaban de los ríos Cauca y Risaralda.

 Pero después de meditarlo veía como un imposible anclar en ese mirador de paisajes, pues su destino de arriero era el de un judío errante que hoy estaba en el Guamo  y mañana en la posada de Damasco en las faldas de Santa Bárbara,  sin itinerario fijo ni fechas marcadas en el almanaque.


Macuenco recuerda que a  principios de 1909 vio un inusitado trajín al pasar por  el Alto del Guamo. El Cabildo de Ansermaviejo había nombrado a Fabriciano Rincón, hijo del famoso coronel José María como Juez Poblador del Guamo, quien, sin reparar en títulos de propiedad, cedió solares y lotes en los antiguos predios de Rudecindo Ospina y emprendió la tarea de fundar un caserío, que era la moda en esos tiempos.

 Los  artesanos José María Valencia, Marcos Londoño  y Juvenal López a plomada y golpe de martillo edificaron decenas de casas y una pequeña iglesia de tapia. El notario Jorge Orozco y su socio Adolfo Naranjo aprovecharon la coyuntura y vendieron a tres pesos la cuadra que habían rematado  meses antes a centavos.

 El pueblito creció. Macuenco siguió con sus recuas hacia los lados de Manizales a llevar café al cable aéreo y cuando volvió a pasar por el Alto del Guamo tras cinco años de ausencia, encontró un poblado con el nombre de San José que estaba pidiendo su anexión a Belalcázar, pues no querían pertenecer al poblado de  San Joaquín que quería ser un municipio aparte con el nombre de Risaralda.

LA PUJA DE LOS CORREGIMIENTOS DE ANSERMA

En 1915 los corregimientos ansermeños de San José y San Joaquín intentaban alcanzar la categoría de municipios. San Joaquín  logró tal categoría con la Ordenanza No. 17  de 1916 y San José, antiguo Alto del Guamo, tuvo que resignarse a ser  su  corregimiento por muchas décadas, hasta que por fin fue municipio..

 Pasaron los años. Macuenco cansado de recorrer caminos y acorralado por los camiones vendió sus mulas y se asentó en San José donde terminó sus días, añorando los viejos tiempos de arriería.

En una tienda del pueblo, con una canción montañera al fondo  y una botella de aguardiente como compañera, tuve la fortuna de entablar palique con Isidro Ramírez, el hijo mayor  de Macuenco; entre trago y trago fue desgranando  las historias de su padre y sus andanzas por la serranía; me habló de  Luis Eduardo Yepes, el fundador de Almacenes LEY, quien empezó su emporio comercial con una tiendita en San José, donde vendía zarazas y ropa de cargazón; ;  recordó también las correrías del bandido "Mirús"  por los lados de la desaparecida aldea de La Libertad, donde burlaba a la policía convirtiéndose en gallinazo o en una mata de plátano.

 Al igual que el esposo de mi tía Inés, que fue uno de los primeros corregidores de San José, Isidro me contó las tropelías del bandido "Calzones". Me contaron que Calzones raptó una  bella  quinceañera en San José y se la llevó para Medellín; donde, por informaciones de un malqueriente, apresaron al bandido. La Noticia corrió por todos lados . Cuentan que Bernardo Garcés, el esposo de mi tia, enterado de los hechos y preocupado por la quinceañera mandó el siguiente telegrama a la capital de Antioquia, URGENTEpuntoURGENTEpunto Enterado de la captura del secuestrador punto Favor remitirme Lucelly Arango con  Calzones o sin Calzones punto".

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