sábado, 19 de julio de 2014

EL IMPERIO DE LOS VIOLENTOS



Alfredo Cardona Tobón* 



Cada zona colombiana tiene su propia historia de violencia; es un mal que repiten comparsas con la misma letra y actores diferentes  con tonadas a cual más deprimente y lúgubre. En la región del  antiguo cantón de Marmato, cuya capital fue Riosucio, han confluido todos los tipos de violencia:  la usurpación de las tierras de los indígenas, el desconocimiento de derechos mineros, la polarización partidista, los desplazamientos forzados, el  sicariato y el narcotráfico. Está allí condensada nuestra triste historia que se repite, pues poco han variado las condiciones que han dado como resultado esa danza macabra.

EL ESTADO ENEMIGO

En el papel los reyes españoles y la iglesia católica trataron de proteger al indígena. La realidad fue otra pues las leyes se acataban pero no se cumplían y las enormes distancias cubrían con la impunidad todas las iniquidades de los conquistadores, de los encomenderos y de los criollos que usufructuaban el poder.

Al llegar la república se acentuó la injusticia; el gobierno se puso al lado de los latifundistas, de los políticos y militares  quienes arrebataron las mejores tierras de los resguardos y convirtieron la gleba indígena y a los negros libertos en carne de cañón y en peones sometidos a los arbitrios de los poderosos.
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El  Estado fue un cobrador de impuestos y el reclutador en la guerras civiles,  sus guardas  destrozaban los alambiques de aguardiente y decomisaban el tabaco pero no generaba trabajo;  la policía oficial, entre tanto, no garantizaba la vida y los bienes pero era la enemiga de quienes se oponían al régimen dominante.. Es explicable, pues, que el campesino indígena o mestizo , haya visto en el Estado como un enemigo y se haya unido a las bandas irregulares en todas las épocas republicanas.


LOS PARTIDOS POLÍTICOS EN NUESTRA REGIÓN

No se sabe cuál de los dos partidos tradicional, el liberal y el conservador,  ha hecho más daño al país.; es posible que sus postulados y filosofía sean nobles y patrióticos, pero sus máximos dirigentes políticos , por acción o por omisión,  sólo contribuyeron a llevar desolación y ruina.

 Para mantener la hegemonía en el norte de la provincia del Cauca en las últimas décadas del siglo XIX,  Clemente Díaz y otros jefes conservadores de Riosucio apoyaron la invasión antioqueña al Resguardo de Guática ylas   bandas de forajidos que desplazaron a los nativos; por otro lado la contraparte liberal de Cartago, animó a los marmateños y quinchieños para que asolaran los campos de los municipios vecinos  durante las guerras del siglo diecinueve entre liberales y conservadores, entre los mismo liberales y entre los estados de Antioquia y el Cauca..

Desde los primeros tiempos de la República la Iglesia Católica fue una aliada del conservatismo, los sacerdotes bendijeron las banderas de los alzados en armas en las aldeas del cantón de Marmato en 1875 y negaron el bautismo a los hijos de los liberales en los años anteriores y posteriores a la cruel guerra de los Mil Días.  En 1930 al caer el gobierno conservador y tomar el control el liberalismo los llamados curas guapos se opusieron al cambio de gobierno;  durante el período del presidente Olaya Herrera ,el párroco de Belén de Umbría, polarizó los ánimos de los feligreses que terminaron por enfrentarse en el atrio de la iglesia; lo mismo sucedió con el pastor de almas de Balboa, que convirtió el minúsculo poblado en una tierra invisible y se repitió la situación en Riosucio, donde  en 1936 una asonada dejó varios cadáveres después de un incendiario sermón en la misa del domingo.

La persecución liberal de 1879 empujó a centenares de familias conservadoras a las selvas del Tatamá  y la oersecución conservadora llevó a muchos labriegos paisas a la cordillera occidental; en mitad del siglo veinte la violencia conservadora desocupó los pueblos y llenó los cementerios de la banda izquierda del río Cauca. 

En tiempos recientes, de inventos, civilización y luces, se repitió la historia del siglo diecinueve; las arengas de los “Leopardos” manizaleños y del jefe conservador Gilberto Alzate Avendaño  llenaron de cruces los caminos de Occidente del Viejo Caldas; en el campo liberal  Camilo Meuía Duque, conocido jefe pereirano,  completó el desastre mandando emisarios a dar apoyo moral y financiero a los liberales que militaban en las cuadrillas del Capitán Venganza en la zona de Quinchía y Riosucio.

MARXISTAS Y NARCOTRÁFICO

`Pedro Brincos` y Libardo Mora abrieron el camino al ELN en las castigadas breñas de Quinchía. El campo estaba abonado por la impunidad, la debilidad del Estado, la pobreza y la desesperanza. De las  escopetas de fisto de los años cincuenta del siglo pasado con el dinero del narcotráfico  se pasó  a metralletas y fusiles automáticos. En los años ochentas del siglo XX  aparecieron las cuadrillas de las FARC en la banda izquierda del río Cauca y para combatirlas surgieron grupos paramilitares como " Los Magníficos" que pronto se convirtieron en delincuentes comunes y aterrorizaron  a toda la población sin distingos partidistas..

A fines del siglo pasado los promotores de las matanzas  no fueron los políticos liberales y conservadores sino los capos de las mafias del narcotráfico.Ellos pusieron de rodillas al Estado y la región se convirtió en   una cantera de sicarios y de “mulas”.  Durante la presidencia de César Gaviria los municipios del occidente del Departamento de  Risaralda estaban bajo el control absoluto de los narcotraficantes. Estos removían alcaldes, hacían trasladar a los oficiales de policía y  en poblaciones como Balboa, Risaralda, y en otras poblaciones del departamento,  la policías estaban controlada por  Olmedo, el  “capo” l de La Virginia, que mantenía su poder a base del terror asistido por sicarios como Carepalo y otros tenebrosos asesinos que gozan  de libertad o están refugiados en USA adonde inexplicablemente se les obstaculiza la visa a los ciudadanos decentes y se acoge sin reparo a los delincuentes..

La concentración de tierras que en el siglo diecinueve fue obra de latifundistas paisas y caucanos, a fines del siglo XX fue obra de los narcos; las tierras frías de Sanclemente,  por ejemplo,  quedaron en en manos de pocos individuos y en la mayor parte de los municipios los mafiosos compraron tierras, erradicaron el café y los cultivos de pan coger, que remplazaron por pastos para caballos finos .

Cada pueblo de la región del antiguo Cantón de Marmato tiene su historia de violencia. La comunidad liberal de Santuario se convirtió a la fuerza en un fortín conservador, Anserma fue tan peligroso que la gente lo llamó "Malpaso", Vitgrabo fue un nido de "pajaros" al igual que Apía yen Guática, aprovecharon la violencia para dejar sin tierra a los nativos. Son historias que deben escribirse y divulgarse para oir la voz de las víctimas  y permitir, así, al menos que puedan desahogarse.

La violencia actual no tiene cariz de partido, ni tinte religioso, ni siquiera social, como en épocas pasadas. La ejercen bandas asesinas que rivalizan entre sí con diferentes motes: ELN, FARC, paramilitares, etcétera… Son simples negocios que viven del terror y del trabajo ajeno y se lucran del jugoso negocio de las drogas.

Cada una de las violencias ha tenido su ciclo. Desaparecerá la actual pero surgirá una nueva si las condiciones culturales y económicas no se cambia, es un cìrculo vicioso que no parece romperse.



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