viernes, 6 de junio de 2014

EL CORREGIMIENTO DE IRRA



Alfredo Cardona Tobón





Irra es un corregimiento del municipio de Quinchía ubicado  a orillas del río Cauca; el comercio se hace principalmente  con Manizales y su gente tiene que ver más con el departamento de Caldas y con Medellín que con su propia cabecera municipal.
 
Así como numerosos poblados nacieron en  un cruce de caminos o al lado de una fonda, Irra nació al pie del ferrocarril de Occidente y bajo el ruidoso padrinazgo de las cantinas. En  cuanto al nombre del poblado, las autoridades caldenses se lo pusieron en memoria de la tribu Irra  que ocupó el territorio.


Los primitivos habitantes que pertenecían a la familia Irra eran comerciantes. Fueron el enlace entre los nativos  quimbayas y  ansermas   que se acercaban a los "tianguez" o mercados a orillas del Cauca, donde  hacían trueques de sal y oro por mantas y alimentos.
 
A la llegada de los españoles, el cacique Cananao, amo y señor de las vecindades, estableció alianzas con el conquistador Jorge Robledo y marchó con los españoles en las cruentas campañas contra las tribus  de los armados y los carrapas. La alianza no duró mucho y al lado de  sus hermanos de raza los irras se levantaron contra los europeos. En 1557 el cacique Capirotama apoyó la rebelión Quimbaya y allí se pierde la historia de los irras;     quizás los exterminó la viruela y la gripa, tal vez se refugiaron en las selvas chocoanas huyendo  de la explotación española o dejaron sus huesos en las minas de Quiebralomo y Buenavista..


En  1623 el Oidor Lesmes de Espinosa y Saravia agregó el territorio irra al resguardo de Quinchía y la zona permaneció desierta hasta muy entrado el siglo XX, bajo la custodia del paludismo y de los bichos.


EL CASERÍO DE IRRA


La historia del moderno Irra empieza con  el vado del “ Ciruelo” por donde en 1850  escaparon los melistas manizaleños perseguidos por las tropas constitucionalistas y pasaban los guerrilleros liberales en sus ataques a las poblaciones del sur de Antioquia.


Los testimonios de los ancianos registran en 1900  la presencia del riosuceño Vicente Garcés, un  vendedor ambulante  que prestaba dinero y aseguraba su pago con escrituras y alhajas que guardaba en una caja fuerte. En la guerra de los Mil día, que tan duramente azotó los campos quinchieños, Vicente Garcés se apropió de los bienes de  Buenaventura Manso, de Higinio Trejos, de Julián Tapasco  y otros muertos reuniendo un gran capital del que hizo parte la  Hacienda El Ciruelo, que se extendía desde el Alto de Guerrero hasta  el cauce del rio Cauca y de los límites de Riosucio hasta la desembocadura de la quebrada Opiramá, incluyendo la zona poblada del actual corregimiento de Irra.


En los predios de Vicente Garcés nació el rancherío de Irra. Fue una fundación hecha al calor del aguardiente y al ritmo del jaleo de catre cuyos primeros vecinos fueron los cantineros y las putas que alegraban las noches de los trabajadores que levantaban las vías del tren que  conectó a Cartago con La Pintada.


En  la década de los años treinta del siglo pasado Luis Ladino construyó la primera casa decente del caserío. Ante la afluencia de mineros, labriegos y de los obreros que estaban tendiendo la carrilera, las autoridades de Quinchía nombraron un inspector de policía en el año de 1941.


En  1942  el inspector reportó a la gobernación de Caldas 134 construcciones pajizas, una casa de teja y la presencia de 28 mujeres  públicas  que se multiplicaban en Irra en los días de pago y en los fines de semana. Las dificultades económicas hicieron cerrar la inspección, pero hubo que restablecerla el 14 de junio de 1943 debido a los graves problema se orden público. .


La  construcción de las carrilera avanzó por dos frentes: el uno desde el norte con trabajadores paisas y el otro desde el sur con personal valluno. Las grescas eran fenomenales entre esos dos grupos tan diferentes en costumbres y en cultura; se disputaban las cantinas y las prostitutas; se trenzaban a garrote y a cuchillo sin que el inspector pudiera hacer algo para evitarlo, pues no contaba con agentes del orden  que lo respaldaran. El funcionario se limitaba a levantar los cadáveres y a rescatar los muertos que flotaban Cauca abajo.


Poco a poco  fueron llegando nuevos pobladores provenientes de las veredas cercanas de Quinchía y Filadelfia. Entre ellos figuran Tomás Pulgarín, Manuel Salazar,  Carmen Emilia Molina,  Balbino Alarcón, Alejandro Loaiza, Graciela Yepez,Teresa Trejos, Cosio Valeno, Jesús M. Piedrahitas, Arturo Piedrahita,  Pedro Gaviria, Congo Rios, Luis Ladino,  Otoniel Ruiz, Manuel Moreno,  Rosalía Bernal, Rafael Mesa, Nacianceno  Mina, Justiniano Grajales, Jesús Espinosa, Luis Londoño e Israel Casquete.


Por la orilla oriental el tren pasó por la  Estación de Tapias en territorio de Neira; en  la orillas de Quinchía Irra seguía creciendo con los peones y los obreros ferroviarios que dejaban su salarios en las tiendas y en cantinas, en tanto que los  dueños de las haciendas, oriundos de Manizales, sacaban sus reses y cosechas sin dejar nada,  convirtiéndose, eso sí, por  su poder e influencias, en los mayores invasores del espacio público de Irra, incluyendo un gran lote al lado del puente y situado en la entrada principal del poblado que  los empresarios manizaleños ocuparon con la anuencia del inspector de policía.
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EN TIEMPOS MODERNOS









Como ocurrió con  la carrilera, la construcción del ramal de la Carretera Panamericana entre La Pintada y Tres Puertas, pasando por La Felisa y por Irra, dio otro gran empujón al caserío de  Irra.  Entre 1956 y 1962 numerosos obreros de la via se instalaron en el poblado y muchos se radicaron definitivamente en Irra atraídos por el oro y por las posibilidades comerciales de los alrededores



El 14 de mayo de 1945 se había conformado una Junta pro corregimiento presidida por el ingeniero Luis Ordoñez, Jefe de Mantenimiento de los Ferrocarriles Nacionales y con Efraim Romero Ramírez como secretario. Por esa época fue imposible lograr la aprobación, pero el desarrollo del caserío y los graves problemas sociales que lo acompañaban  hicieron que la administración de Quinchía y la gobernación de Caldas  erigieran a Irra en corregimiento.







A partir de entonces Irra va conformando su identidad y recuperando su historia. Llegará el día que la comunidad  y las instituciones educativas  de Irra honren los nombres de quienes han luchado por el corregimiento y se olviden de nombres de próceres pereiranos que solamente se lucraron de sus votos.


Irra abarca ocho veredas, su cabecera está a 835 metros sobre el nivel del mar y en sus 55 kilómetros cuadrados alberga casi la tercera parte de la población de Quinchía. Es la   puerta del departamento de Risaralda, pero es una puerta cerrada,  porque para comunicarse con la cabecera y el resto del departamento  cuenta con una carretera estrecha y peligrosa  por donde apenas   se aventuran motos y yipes desvencijado


En meses recientes Planeación de Risaralda asignó unos recursos nacionales para ampliar y pavimentar la vía, pero sin proyección hacia el futuro, pues no servirá para tractomulas ni vehículos pesados. De igual manera, los habitantes de varias veredas, entre las cuales está la de Mápura, deben viajar a Riosucio a mercar y vender sus productos pues la vía que las conecta con Irra es una trocha casi intransitable.



En los años sesenta del siglo pasado un enorme derrumbe en el sitio de Chirapotó, en límites con Antioquia, destruyó la carrilera del tren que iba hacia Medellín.  Un nuevo proyecto pretende empalmar por via ferroviaria a  Buenaventura con Medellín, lo que indudablemente dará gran impulso a Irra.  Infortunadamente la proyectada  Autopista de la Montaña  no pasará por el puerto quinchieño pues unos kilómetros antes se desviará a la ora orilla del río Cauca por un puente que remplazará al puente de Irra...


 

La región de Irra  podría  ser un polo turístico por el clima, la ubicación y su riqueza cultural.  Cerca del puerto se encuentran varios salados y las comunidades umbras que producen una de las mejores panelas de Colombia ; es una zona minera cuyos aluviones auríferos  dan las mayores regalías que recibe el departamento y que injustamente no le llegan en servicios  a los  mineros que las producen



Pero no hay quien hable por Irra; los apocados alcaldes que eligen los quinchieños gobiernan a espaldas de Irra y en Pereira los diputados no miran más allá de sus narices.
La redención de las comunidades de Irra, favorecida por  la posición estratégica del puerto   vendría con  vías  asfaltadas que comunicasen el corregimiento con Riosucio y Anserma, con proyectos turísticos para aprovechar los salados, desarrollar el Resguardo indígena Escopetera Pirsa que incluye comunidades de Quinchía y Riosucio y con  la legalización y tecnificación de la pequeña minería, que constituye el sustento de gran parte de la población del corregimiento.



Irra ha sido  castigada severamente por todas las violencias: Por allí se movieron los "pájaros" del norte de Caldas en los años cincuenta,  las bandas del “Capitán venganza” en  los años sesentas del siglo pasado;  “Los Magníficos” en tiempos de los  paramilitares y por último  “Leyton” y su cuadrilla de antisociales.  Ahora reina la paz, pero el germen de esas violencias sigue agazapado en medio de los barequeros y de los campesinos sin tierra que apenas cruzan el puente del Cauca y se internan en tierras caldenses, ven la enorme inequidad en el reparto de las oportunidades.

2 comentarios:

  1. En Irra fué la única vez que vi buses quemados por la guerrilla, con las pintadas de ELN, viajando de noche. En el pueblito, todos tomando aguardiente y sólo señales de manos muy parecidas, levantar las manos para pedir más aguardiente y pararse a la orilla de la carretera para detener un bus, todos siempre yéndose física o mentalmente, rápido, ya.
    jotagé gomezó

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  2. Sandra Milena Orozco Gómez24 de julio de 2017, 16:25

    Es prioritario unir voces y encontrar una solución eficaz para que Irra no desaparezca y siga siendo un pueblo donde se está desaprovechando el turismo emergente, podemos unir voces y buscar inversionistas que apuesten un proyecto de turismo emergente y darle otro sentido de vida a las nuevas generaciones.

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