miércoles, 21 de mayo de 2014

APUNTES PARA LA HISTORIA DE LA VIRGINIA- RISARALDA-

RECUERDOS POCO CONTADOS



Alfredo Cardona Tobón



En los comicios de octubre de 1947 los ciudadanos liberales no pudieron  votar en los municipios de Belén, Mistrató, Anserma y Apía debido a la falta absoluta de garantías.

En las elecciones del 19  de junio de 1949 no se inscribieron listas liberales para los concejos de Risaralda, Anserma, Belén, Guática, Pueblo Rico, Apía, Mistrató y Filandia.

En la cabecera de Belalcázar acudieron a las urnas 86 liberales y 1416 conservadores, mientras que  en su corregimiento de La Virginia sufragaron 1136 liberales y solamente 101 conservadores.

A finales de 1949 los corregimientos de La Virginia y de Arauca,   con los municipios de Marmato y Quinchía eran los únicos poblados del Occidente de Caldas con mayorías liberales; los violentos siguiendo consignas de Gilberto Alzate Avendaño habían conservatizado a Santuario y a Balboa.

En1949  La Virginia era una callecita que desembocaba en el puente Bernardo Arango donde  paraban los buses y los camiones  a recoger pasajeros, a comer pescado y a tomar cerveza fría en  el “Café Limber” que aún existe, aunque en un local de un solo piso porque el segundo cayó hace unos diez años víctima del comején y las goteras.

Los campesinos desplazados del occidente caldense llegaron al puerto con el hambre y la miseria y la calle creció, se ramificó a los lados, con su carga de damiselas y gente sin oficio.
La Virginia existió de puro milagro, era un pozo de zancudos cuando se creo Caldas; se vio constreñido por la finca de los Marulandas que rodeaba el mísero caserío y como en los tiempos de Sopinga y de los barcos  la violencia  lo asfixió en sus fauces.

EL PASADO PRÓXIMO

El 13de marzo de 1948 los partidarios del régimen de Ospina Pérez destruyeron el busto de Olaya Herrera del parque de Belalcázar y destrozaron  los avisos luminosos de los comerciantes liberales de la localidad. En la madrugada del domingo14 una banda de forajidos dirigida por Uriel Herrera, con apoyo de la policía y del alcalde dinamitó las casas del notario Jorge Angel,  la de Manuel Angel, Antonio Aguirre, Ramón Arias y José María Peláez.

La inseguridad fue tan terrible en la cabecera municipal de Belalcazar que después del nueve de abril de 1948 la bancada liberal del Concejo acordó sesionar en el corregimiento de La Virginia, donde los anatisociales aún no habían establecido su cuartel.

Al pequeño puerto se trasladaron la Tesorería, la Personería y la Oficina de Estadística y se solicitó el traslado de la Notaría y el Juzgado Municipal. En Belalcázar solamente permaneció el alcalde con la policía y unos pocos funcionarios.

Casi un año duró la situación anómala; el 17 de marzo de 1949 la tragedia fratricida enlutó el puerto. Como a las nueve de la noche llegaron dos vehículos a la localidad: uno proveniente de Viterbo y el otro de Belalcázar;  los ocupantes se bajaron en la zona de tolerancia y empezaron a desafiar e insultar a  quienes se les cruzaron por el camino.

A las once de  la noche los antisociales cortaron el fluido eléctrico y el pueblo quedó en tinieblas. En medio de la oscuridad los bandidos recorrieron las calles disparando indiscriminadamente,  hirieron a Martín Álvarez, a Carlos Hernández, a Luis Becerra, Eduardo López y Cecilia Quiceno.

La gente llena de  pánico se encerró en las viviendas mientras los violentos hacían y deshacían en las calles. Alguien solicitó ayuda al Batallón San Mateo  y apenas al amanecer llegó la tropa . La Virginia estaba desierta y los atacantes hacía rato que  habían regresado  a sus lugares de origen.

HISTORIA MÁS RECIENTE

A  la violencia conservadora de los años cincuenta, siguió la delincuencia común y la violencia liberal de los años sesenta cuando los secuaces del “Capitán Venganza”  fueron los dueños de los campos de Balboa e irrumpieron en varias veredas de Santuario y en el poblado de La Virginia.

En el régimen de Rojas Pinilla, el gobernador de Caldas Cuervo Araoz, propuso  elevar La Virginia a municipio y en su territorio incluyó  veredas de Pereira y de Belalcázar; la reacción pereirana fue violenta  y el gobierno de Caldas tuvo que archivar el proyecto. Después se intentó  con veredas de Belalcázar y Balboa y  también fracasó la propuesta. Al fin los porteños  se salieron con la suya y La  Virginia quedó como municipio, pero con una estrecha franja rural y la menor extensión   entre los municipios de Risaralda.


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