miércoles, 2 de abril de 2014

LOS ENVIGADEÑOS DE LA CARAVANA DEL JARDÍN

Alfredo Cardona Tobón



En la guerra de los Mil Dias, el general Cándido Tolosa reclutó tropas en Medellín y tomó rumbo hacia Marinilla; al llegar al cementerio de San Pedro, un recluta liberal  armado con una vara aguzada preguntó  por las armas.

-¿Las armas?- ¡Ah sí¡- a eso vamos- dijo el general- a eso vamos.. a quitárselas al enemigo.
 
Después de una marcha de quince días, evitando las milicias gobiernistas, los  liberales desentablaron el puente de occidente y esperaron  el ataque conservador. Desde una trinchera Germán Tobón Tobón  vio como  los conservadores armaban las balsas y cruzaban el Cauca. Los enemigos llegaron a la orilla y cautelosamente avanzaron entre los matorrales. La munición era escasa y tenían orden solo de disparar sobre seguro. Así que Germán esperó  y vio acercarse dos soldados  dos soldados conservadores que al  no ver resistencia se  sentaron dándole la espalda y se pusieron a fumar. !Quémeles Germán !- ! Quémeles!- dijo Trino, el compañero de trinchera que lo apoyaba con una peinilla a falta de fusil.
Germán apuntó con cuidado... su boca estaba reseca.! No Trino! yo no les disparo, no los conozco ni me han hecho nada. Pues entonces vámonos- le constestó Trino-

Los dos muchachos conservadores  continuaron fumando mientras Germán y su amigo tiraban el fusil al rio y regresaban al  camellón de Buenos Aires para viajar hacia el Jardín  de huida de la guerra.

LA COLONIZACIÓN ANTIOQUEÑA

El ingeniero Roberto White trazó en 1833 un camino entre el suroeste antioqueño y las tierras del Chocó; sobre tal vía, en tierras frías de Riosucio,  el prefecto de la provincia, don Rafael Tascón, inició la fundación de un caserío llamado El Rosario.

Después de la guerra de los Mil Dias arreció la persecución contra los liberales en el suroeste de Antioquia, ante lo cual un grupo de familias acompañadas por el padre Marco Antonio Tobón y su hermano Germán, salieron del Jardín, atravesaron la frontera caucana y se instalaron en El Rosario, donde tumbaron rastrojo y monte, abrieron potreros y los surtieron con ovejas y reses.

El Rosario creció.. se construyeron casas de dos pisos, hubo  sembrados de trigo, el  padre Tobón instaló un molino y una fábrica de ruanas y cobijas, levantó una iglesia y se montó una posada caminera, se fundó un colegio, compraron una imprenta y el poblado empezó a figurar en los mapas de Colombia.

El padre Marco Antonio era el líder y su hermano Germán  el inspector de policía, se convirtió en el terror de los ladrones y de los indios uchimas que desde tiempo atrás salían del resguardo del Chamí para emborracharse con alhucema y protagonizar escándalos y peleas.

LA MALDICIÓN DEL PADRE TOBÓN

El sacerdote Marco Antonio Tobón era un extraño clérigo liberal, aficionado a los aguardientes dobles y a las mulatas bonitas; por todo ello los conservadores de Riosucio, que miraban con temor el crecimiento de un reducto rojo en su territorio, hicieron imposible la vida al cura Tobón con acusaciones y pasquines, con amenazas y memoriales.

El padre Tobón se cansó de lidiar con el párroco y el obispo y como los paisas tienen las alas listas, remontó vuelo hacia la aldea de Carmén del  Atrato.

LA PEREGRINACIÓN POR EL CHOCÓ

De Carmen del Atrato el padre Tobón pasó a Quibdó , luego se adentró en las selvas del Chocó y llegó al caserío de Pueblo Rico; allí encontró una colonia de paisas llegados del oriente antioqueño. El padre Tobón abrió los libros de la viceparroquia, invitó a su hermano Germán y a Juancho Tobón quienes con varias familias de la aldea del Rosario se instalaron en Pueblo Rico y dieron vida a la pequeña población..

El padre Tobón se integró a la provincia misionera de Quibdó pero cuando  llegaron  los claretianos a la zona lo tildaron de modernista y lo acusaron de libertino  por su  respeto a la cultura de los negros y los indígenas  a quienes catequizaba con el ejemplo sin forzarlos a abrazar las prácticas cristianas.

El sacerdote era amigo personal del general  Rafael Uribe Uribe y con su apoyo consiguió que separaran  a Pueblo Rico del Chocó y lo agregaran a Caldas. Por liberal y modernista  y por sus divergencias con los claretianos las autoridades eclesiásticas lo alejaron del altar y  entonces se dedicó a tumbar montaña y a sembrar potreros. Los detractores no lo dejaban en paz, le levantaban todo tipo de infundios,  un día  se encontró con uno de ellos en  la esquina de la plaza de Pueblo Rico: “ Vil calumniador- le dijo el levita- no serás tu ni los hombres quien me juzguen. Haz de comparecer ante el Supremo Juez quien me hará justicia". -Una semana después, a  la misma hora y en el mismo lo asesinaron vilmente, lo que fue interpretado por los vecinos como un castigo de Dios. 

UN PAISA GALLERO Y SOLITARIO

Germàn Tobón acompañó a su hermano Marco Antonio  adonde iba; estuvo con él en El Rosario en Pueblo Rico, en Santuario y cuando el padre Tobón viajó a Quinchía a fundar un colegio, Germán Tobón encayó al lado del cerro Gobia.

Entre los hijos de Germán estuvo Pablo, el último sobreviviente de la caravana del Jardín. Fue  el  calavera de la familia: aficionado al licor y al juego, aventurero como su padre y su tío y empujado al garete por todas las tormentas.
Los amores de  Pablo fueron los gallos y los caballos finos. Sus ojos se iban tras los cascos de los potros y su alma hacia el tremolar rojo de la bandera liberal. Cuando llegó el cine a Quinchía , Pablo Tobón se identificó con los vaqueros del oeste y en una arranque etílico enfiló su caballo contra el único carro del pueblo con la intención de saltar sobre el  vehículo; la desdichada bestia no estaba adiestrada para tales acrobacias y cayó reventada mientras el jinete se estrellaba contra el empedrado.
Pablo Tobón fue una de las primeras víctimas de la violencia política en Quinchía; el domingo 28 de marzo de 1948 por la noche entró un bus escalera repleto de chulavitas escupiendo plomo. Pablo les salió al encuentro junto con Pateperro, desabrochó su camisa, mostró el pecho desnudo y les gritó:-
-        
      Disparen hijueputas que no le tengo miedo a las balas-

Los fusiles respondieron y un proyectil le atravesó la pierna lánzadole de bruces contra la acera. Ni siquiera el tiro de grass  calmó al viejo excéntrico, porque cada vez que se emborrachaba cuadraba su caballo en un extremo del parque y a grito pelado cruzaba la calle de la Quiebra mentándole la madre a  los conservadores. En uno de los lances un policía le reventó un ojo de un cachazo de pistola. “ Así quedo mejor- dijo después a sus amigos- con un solo ojo no veo tantos malparidos”.
Pasaron los años. Al fin Pablo arrugado y enfermo se olvidó del  trago, de los gallos, los caballos y de las peleas con los godos. El viejito, derecho como una guadua y delgadito como un suspiro, recorría con dificultad las cinco cuadras entre la pensión donde vivía y el cafetín donde tomaba tinto y jugaba dominó con antiguos compinches. A las cinco de la tarde se recogía y trancaba su pieza por dentro. La noche del 24 de septiembre de 1984 dejó este mundo sin quien lo llorara; fue el último sobreviviente de la caravana de Jardín.

Los pasos de Pablo Tobón se perdieron en el laberinto oscuro de las gestas sin nombre y de las historias sin cronista. Al igual que la aldea del Rosario se perdió en el pasado sin dejar huella.




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