viernes, 10 de enero de 2014

SOLDADOS COLOMBIANOS EN LA GUERRA EN COREA


 RECUERDOS DE VETERANOS


Tokio año de 1952.



En un cabaret con  música estridente, bellas mujeres de ojos rasgados levantan sus copas en medio de soldados de cuatro continentes; en una mesa cercana a una gran pista de espectáculos un grupo de combatientes colombianos empiezan a despedirse de sus compañeros, para algunos el tiempo se les está acabando pues en poco tiempo dejarán sus vidas en la línea de combate.

Al salir una bailarina ofrece un recuerdo de Tokio, medio borrachos le dan dos o tres dólares y reciben un pergamino de “Los dominios del Dragón Verde”, donde consta que son miembros de una secta oriental con poder absoluto sobre el amor y la muerte.

Con una sonrisa lo hermosa muchacha entrega un pergamino a un gringo pecoso de Tennesse, otro a un negro neoyorquino y otro a un soldado kurdo de las fuerzas turcas y el último, enrollado y con una cinta roja  fue el que vi en la pared de un pequeño cuarto, al lado de un corredor bordeado de milfloras, en una finca de Belalcazar.

Son las tres de la madrugada, la policía militar desaloja el cabaret y la japonesita de los pergaminos se cubre con un abrigo y se pierde entre las luces de la avenida de la gran ciudad oriental mientras Julio Ernesto Jaramillo Arango con otros compatriotas se dirige a las barracas del cuartel donde están acantonadas tropas de las Naciones Unidas.

LA PRESENCIA COLOMBIANA EN COREA

Varios países escucharon el llamado de la ONU para hacer frente a la invasión norcoreana a  Corea del Sur; el gobierno de Laureano Gómez envió tropas colombianas en 1950 dizque para defender la democracia de la expansión comunista. Era irónico, fue una cortina de humo para tapar las iniquidades del régimen cuya policía chulavita arrasaba a sangre  y fuego poblaciones liberales y conculcaba todos los derechos ciudadanos.

La memoria colombiana ha tendido un manto de olvido sobre los soldados que envió un dictador sanguinario a defender una democracia ajena,  en la Avenida Cien de Bogotá vemos un monumento levantado por Corea del Sur en honor a los colombianos caídos en su suelo y el Hospital Militar se construyó con los dólares donados por los Estados Unidos en pago del sacrificio de nuestros combatientes. En algunos municipios, como en Quinchía, se ven modestas placas que recuerdan  a los héroes caídos en tierra asiática.

NUESTROS COMBATIENTES

Julio Ernesto Jaramillo Arango vivió  en la vereda La Sainera del municipio caldense de Belalcázar y fue uno de los soldados colombianos distinguido con la medalla de bronce por su valentía en el combate. Es, si no ha muerto, un labriego pacifico que nunca empuñó un arma, pero a quien los arrebatos de la juventud lo convirtieron en un momento dado en una máquina de muerte.

Hace unos cuantos años conocí a Julio Ernesto y aunque la bruma del tiempo estaba borrando los hechos, recordaba la travesía de 25 días por el Océano Pacífico, la llegada Pusán  y el agotador entrenamiento de artillero.

Con el machete al cinto, el rostro quemado por el sol y sus manos callosas hechas  para labrar la tierra, Julio Ernesto no quería recordar los sucesos coreanos, pero pudo más mi curiosidad y la empatía que nos acercaba y me mostró, al fin, el pergamino de “Los Dominios del Dragón Dorado” que estaba en la pared del cuarto al lado de un corredor lleno de milfloras. Vemos los álbumes repletos de fotografías de Corea, Hawai, Estados Unidos, Panamá y Cartagena... los recuerdos llegan en Cascada  y mi mente vuela hacia las remotas tierras de oriente mientras Julio Ernesto me cuenta su experiencia en Corea.

EN PLENA LUCHA

Jaramillo llegó  al frente de combate con el segundo contingente del Batallón Colombia; ya era conocida la legendaria capacidad de nuestros soldados en el combate  de “La Chamicera”, donde mostraron un arrojo y una temeridad que no tenían los gringos.

Los comunistas empleaban todo tipo de ardides para doblegar la voluntad del enemigo; los norcoreanos con sus aliados chinos habían estudiado la cultura latina para encontrar los puntos débiles de los colombianos y los portorriqueños. Al caer la tarde en las trincheras comunistas se trasmitían tangos y rancheras y en castellano decían en los altoparlantes:” Vuelvan a casa, esta guerra no es de ustedes. No se hagan matar por defender a los norteamecanos.”

El 26 de octubre de 1952 dos pelotones colombianos salieron a patrullar la zona; se hizo tarde y al caer las sombras la avanzada se ubicó en un pequeño cerro, cavó trincheras y se preparó para pasar la noche en ese lugar.

Como a las 21 horas un estrépito de pitos y cornetas rompió el silencio, una enorme gritería resonó en las laderas y los norcoreanos se precipitaron  con bayoneta calada. Un muchacho de Viterbo de nombre Jorge Toro cayó herido de muerte, pese a la superioridad numérica los colombianos repelieron el ataque.... al amanecer el comandante pasó lista y vio que el ansermeño José K. Ramírez yacía sin vida al lado de varios cadáveres enemigos.

La guerra de Corea era muy diferente a la conocida por el Batallón Colombia en sus choques con las guerrillas del Tolima; era una guerra de posiciones y tecnología donde se permanecía semanas enteras en las trincheras; los proyectiles rebanaban colinas enteras, las bombas carbonizaban los bosques y el tronar de los cañones era continuo y desesperante.

Durante el día los ataques comunistas eran esporádicos y débiles; a medida que llegaba la noche el peligro aumentaba; cuando oscurecía los norteamericanos iluminaban los campos adyacentes a las posiciones con potentes reflectores y colocaban micrófonos sensibles donde esperaban los ataques.

Para confundir a las tropas de la ONU los norcoreanos soltaban perros y gatos con tarros amarrados a la cola; los aullidos lastimeros de los animales heridos ponian la carne de gallina; en la oscuridad estallaban las minas cazabobos y retumbaba el tableteo de las ametralladoras.

En una ocasión, contó Julio Ernesto, un soldado colombiano impresionado por la barahunda lanzó una granada contra los atacantes sin darse cuenta que su trinchera estaba rodeada de una gruesa malla de alambre; la granada rebotó y destrozó a tres muchachos que estaban en la casamata.

Sabe usted, continuó diciendo Julio Ernesto, que me daban lástima los norcoreanos y los chinos, uno los veía menuditos, desarrapados y hambrientos. En un cinturón de lona, que aseguraban al pecho, llevaban una tira de harina y de pescado para alimentarse durante días, a veces llegaban a la trinchera sin armas, con cuchillos y piedras... parecían drogados, atacaban con furia pero eran fáciles de vencer, algunos se dejaban capturar para que los curáramos y les diéramos comida..

TESTIMONIO DE OTRO VETERANO DE  BELALCAZAR

Por información de Julio Ernesto pude contactar otro veterano de la guerra de Corea residente en Belalcazar, se trataba  del teniente de infantería Edgar Vallejo Marín, nieto de uno de los fundadores de la población.

Cuando se envió  el primer contingente del Batallón Colombia a Corea, Edgar Vallejo estaba recién casado y no tenía ningún interés de irse como voluntario a tierra extraña. Pero era un oficial reconocidamente liberal y el régimen despótico de Laureano Gómez, vio en la guerra de Corea  la manera de librarse de los oficiales adversos a su régimen.

Así pues, Vallejo y otros tantos liberales, fueron enviados a pelear al lado de los turcos y los gringos.
Vallejo llegó a Pusán como Oficial Administrativo, con la misión que la tropa disfrutara de las comodidades ofrecidas por el Tio Sam. Enviaba a las trincheras periódicos y revistas, chicles, chocolatinas, gaseosas, leche, cigarrillos  y cuanto apetecieran los soldados. Vallejo oía la guerra pero no la peleaba hasta el viernes 23 de enero de 1953, cuando los comunistas tomaron la colina T-Bon.

Era necesario recuperar esa posición y para hacerlo se tenía que conocer la potencia del fuego enemigo, misión que se encomendó al Batallón Colombia. Unas patrulla denominada “Bravos compañeros” avanzó en campo enemigo causando diez bajas y destruyendo  algunas instalaciones enemigas, pero no logró el objetivo propuesto, entonces se envió una segunda patrulla de reconocimiento comandada por Vallejo.

“No tuve miedo- me dijo Vallejo- mientras un aguacero barría las calles de Belalcazar, “ sentí rabia simplemente, porque me estaban sentenciado a muerte junto con los compañeros  de patrulla al mandarnos hacia la boca del lobo.” Yo le manifesté al general Ruiz Novoa que me dijera por qué me mandaba al degolladero, que me lo dijera, pues todo condenado a muerte tiene derecho a sabre por qué lo matan”- Nada me contestó- Entonces le dije: “ Le aseguro mi general que tendrá que rendirme honores esté vivo o en pedazos, Le juro ante Dios que moriremos con heroismo.”

Al anochecer del 25 de enero el teniente Vallejo salió con la patrulla y no tardó en ser emboscado por el enemigo. Vallejo recibió impactos de ametralladora en la pierna, el estómago y un brazo en tanto que sus hombres respondían el ataque  con granadas de fragmentación; se incorporó como pudo y puso a salvo cinco compañeros heridos y con el resto de la patrulla repelió al enemigo que en una segunda oleada trató de aniquilarlos.

La patrulla se retiró en orden con sus heridos dejando en el campo al soldado de  Armenia Alfonso Silva totalmente destrozado por las balas.

EL COMBATE DEL CERRO CALVO

El batallón Colombia tomó posiciones en el cerro Old Baldy o Viejo Calvo, llamado así por los destrozos que había causado la artillería norteamericana en su cumbre. El cerro en si, era apenas un promontorio, que había sido tomado 41 veces por los comunistas y recapturado otras tantas por las fuerzas de la ONU.

El 22 de marzo tras continuos ataques y 55 bajas colombianas, se recibió la orden de evacuar el cerro; a las siete de la noche estaba casi totalmente  evacuado, solo quedaba una avanzada de la Compañía A compuesta totalmente por colombianos.

Cuando nadie esperaba otro ataque llegaron los comunistas que rebasaron los tanques y la artillería y cercaron al grupo de colombianos que aun quedaban en el cerro. El pelotón de morteros del Batallón Colombia trató de auxiliar a sus compañeros y después de disparar 3500 proyectiles se vio que era imposible detener a los norcoreanos. Los soldados de la Compañía A se defendieron como fieras,  una bala de cañón mató a Camilo Echeverri, un soldado natural de Apía, cayó tambien el ansermeño Gabriel López y el quinchieño Manuel Ladino.

El combate duro dos días, el  24 de marzo el cabo Marco T. Trejos, de Quinchia, con otros compañeros pudieron llegar a la roca East View  donde combatieron hasta quedarse sin municiones y perecieron defendiéndose a pedradas..

REGRESAN LOS VETERANOS

La explosión de una mina elevó a Julio Ernestos y lo dejó inconsciente, este fue el pasaporte de regreso a casa; una vez recuperado de sus heridas el teniente Edgar Vallejo regresó al cuartel de infantería en el Cantón Norte de Bogotá, José Vinasco, de Riosucio, cayó en poder de los comunistas y fue canjeado en Pan Mun Jon, su paisano Norman Guzmán regresó a tiempo de celebrar los carnavales del diablo en Riosucio... Estos fueron los más afortunados. De otros se repatriaron las cenizas y de algunos ni apareció el cadáver...

Que se sepa no hubo flores ni música a la llegada de los veteranos... muchos lisiados e incapacitados para trabajar que al fin murieron agobiados por la pobreza esperando una pensión que jamás les llego como le sucedió al combatiente inmortalizado por García Márquez en "El coronel no tiene quien le escriba".



14 comentarios:

  1. ESPECTACULAR, QUE DIESTRA PLUMA DESCRIBE CON ARGUMENTOS ESTA ETAPA FUNESTA DE COLOMBIA Y MAS DE NUESTROS SOLDADOS COLOMBIANOS QUE SOLO HAN RECIBIDO PLOMO, SANGRE Y PLOMO DE UN GOBIERNO QUE AL DIA DE HOY HACE LO MISMO QUE EL DE ANTAÑO, DARLE LA ESPALDA A LOS HEROES DE LA PATRIAA

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  2. Muchas Gracias por tu investigación y exposición. Hasta ahora lo leo y me parece muy valioso todo lo que estos personajes pueden compartir. Recuerdo que mi abuelo paterno estuvo allí, en pusan, su nombre era Alvaro Jose Suarez.

    Nuevamente Gracias!

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  3. Hola Profe Alfredo, mi tio abuelo combatió allï también. Jesus María Zuluaga.

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  4. Buenas tardes a todos yo estoy orgulloso que mi papa es también héroe de guerra pero hasta ahora a el no se le a hecho de reconocimiento ninguno el se llama guillermo alvarez y estuvo en la guerra de Corea y el nos cuenta sus historia donde en estuvo esperó q Colombia reconosca la labor q dio mi papa muchas gracias

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    1. Por favor recoge los testimonios de tu padre y me los envias para enriquecer este articulo.
      A muchos veteranos se les indemnizo. Dile que averigue en la sección de veteranos de las fuerzas armadas.

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  5. mi padre Gonzalo Parrado Cuellar estuvo presente

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  6. quien puede tener la lista de los soldados que participaron en la guerra de corea

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  7. buenas tardes mi padre se llama justo maria moreno prieto, el participo como soldado en esta guerra , actuamente tiene 88 años, el me dice que a el no le reconocieron ninguna indemnizacion por ir alla, el tiene un libro viejo en el que aparece casi todos los nombres de los que estuvieron combatiendo alla

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    1. Darwin! Cómo me gustaría saber si en el libro de tu padre aparece el nombre de mi padre, él se llama JOSÉ ISAÍAS RODRÍGUEZ HERRERA. Ese libro es un tesoro.

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  8. Darwin, hago un cortometraje y la info de ese cuaderno me podria ser de gran ayuda. Podriamos charlar para que tan solo me lo dejes ver? Me sería de inmensa ayuda.

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  9. Mi abuelo participo en la guerra de corea se llamaba mariano Bustos oriundo de nariño

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  10. Mi abuelo tambn estuvo en la guerra de Corea su nombre Venancio Quiñones que el día de hoy acaba de fallecer de un ataque al corazón en la ciudad de Tumaco el día de hoy

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    1. lamento la muerte de don Venancio. Qué recuerdos tienes de tu abuelo?- Tienes fotos?- Por favor envíalos a alcartob@gmail.com

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  11. Mi padre también estuvo la guerra de Corea, su nombre es José Isaías Rodríguez Herrera. El fue uno de los héroes sobrevivientes.

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