sábado, 6 de abril de 2013

EL NUEVE DE ABRIL DE 1948 EN COLOMBIA


Alfredo Cardona Tobón.


Asesinaron a  Luis Carlos Galán y  Colombia se cubrió de desaliento y de pañuelos blancos; sacrificaron a Bernardo Jaramillo  y a Alvaro  Gómez y  el país sintió que se agotaba la esperanza. Cuando mataron a Gaitán, hace 52 años, el pueblo se encegueció y en un arranque caótico se estrelló contra un sistema que nos sigue conduciendo por caminos de corrupción y de injusticia.

En todos sus tiempos Colombia ha sido una nación violenta  A las guerras continuas del siglo diecinueve siguió esa carnicería inexplicable que se agigantó con saña  a partir de  1947.

El 22 de octubre de 1947 en “La Patria” de Manizales un columnista  escribió : “... las esperanzas del conservatismo pueden fracasar por el empleo de la violencia. Un grupo insignificante por el número pero terrible por su sectarismo, ha decidido hacerle sentir al liberalismo que en esta tierra se puede gozar del cielo y sentir el castigo del infierno..”. Eran horas de angustia, más terribles, aún, que las que estamos viviendo.

Ante la ola de sangre que envolvía a Colombia , Jorge Eliécer Gaitán se pronunció contra los violentos. En la Marcha del Silencio del 7 de febrero de 1948  una multitud sin palabras  acompañó al caudillo hasta las gradas del Capitolio, la voz de Gaitán fue la voz del liberalismo que se alzaba para decirle a Ospina Pérez : “Señor  Presidente no os reclamamos tesis económicas o políticas. Apenas os pedimos que nuestra Patria no siga por los caminos que avergüenzan ante propios y extraños. Os pedimos tesis de piedad y civilización. Os pedimos que cese la persecución de las autoridades. Impedid  Sr. Presidente la violencia. Sólo os pedimos la defensa de la vida humana, que es  lo menos que puede pedir un  pueblo”.

Mientras Gaitán alzaba su voz para invocar el derecho a la vida de miles de compatriotas, desde los balcones de la gobernación de Caldas  unos asesinos anónimos dispararon contra la multitud manizaleña que marchaba en silencio orando por la paz y el derecho  a la existencia. La tragedia se repitió  a esas mismas horas en las calles de Pereira. Ocho humildes ciudadanos quedaron tendidos en la Plaza Bolívar de Manizales. Su sangre sigue clamando justicia.

En esa época, quizás la más aciaga  de la historia de Caldas, los gobernadores Gerardo Arias y Carlos Arturo Jaramillo negaron toda participación del gobierno en la ola de terror que envolvía  al Departamento. Muy pocos dirigentes  hablaron de paz en esos momentos críticos. Se sembraba la venganza por todas partes. Algunos  hombres eméritos, que hoy figuran entre los próceres caldenses, fueron cómplices de la barbarie.

En  la prensa, en la Asamblea y ante el gobierno ,el Doctor Otto Morales Benítez  hizo suyo el clamor de las víctimas de esa violencia. Fue una voz corajuda que no temió a los asesinos  Los nombres  de los caídos  quedaron registrados en los anales de los periódicos de la época y en el ‘ yo acuso’ del senador Don Alejandro Uribe.

 Cuando en la tarde del nueve de abril de 1948 la radio anunció el asesinato de Gaitán,  reacciones encontradas envolvieron al liberalismo. En las zonas conservadoras los liberales se escondieron  llenos de pánico. En las pocas cabeceras liberales la  gente  salió a las calles a manifestar el dolor por la muerte de su Jefe.
En Santuario el teniente de la policía se asustó con los gritos de los manifestantes y entregó el cuartel al alcalde Aristóbulo Ibañez.  El burgomaestre nombró una Junta y organizó un cuerpo de policía cívica , que en asocio con algunos agentes que permanecieron en sus puestos, tomó el control de la localidad y evitó  los desmanes. En Balboa se constituyó una Junta  Revolucionaria con Epitacio Cruz como Jefe civil y Epifanio Hernández como Jefe militar.



Siguiendo las órdenes de las emisoras bogotanas  de tomar el poder y organizar juntas provisionales los liberales de  Norcasia  se apoderaron del caserío; en el corregimiento de Arauca  los  habitantes se sublevaron y desarmaron a los pocos policías que atendían el puerto y en Pereira Camilo Mejía Duque instaló una Junta que nombró a Don Jesús Cardona como alcalde.; en Victoria Caldas la ciudadanía tomó el control de la población y en Armero, un populacho desenfrenado asesinó al cura párroco.

Sin un líder y preso en su propia violencia la revolución se consumió en sus llamas, la policía y el ejército con el apoyo de los chulavitas boyacense retomaron la capital y en el resto del país el ejercito desbarató los planes revolucionarios. Tras el  fracaso del levantamiento popular en Bogotá y Barrancabermeja  llegó la reacción de los gobiernistas; un piquete de policía de San Diego, Caldas, apoyado por gente del corregimiento de Florencia atacó a Norcasia y  saqueó  el pueblo. Un avión del ejército lanzó  miles de volantes sobre Santuario del antiguo Caldas exigiendo la rendición inmediata, el pavor se apoderó de los vecinos que cubrieron las calles  con sábanas blancas  para señalar el sometimiento al gobierno, no imaginaban los santuareños que un año más tarde tendrían que abandonar el pueblo para salvar sus vidas.

Vecinos  de Belalcázar  con algunos policías entraron a  Balboa, Caldas,  a la medianoche del 11 de abril. Capturaron a los cabecillas del alzamiento y los molieron a planazos y el 12 de abril  el ejército retomó el control del corregimiento de Arauca. Meses despues los antisociales matriculados en el conservatismo quemaron el caserío , nunca se sabrá cuántos cadáveres  arrastraron las aguas del río Cauca ni cuántos  muertos transportó el ejército a  Manizales cuando en  acción tardía desalojó a los victimarios .

La violencia trajo más violencia. La barbarie localizada en unos pocos focos hasta la mitad del siglo veinte, se extendió por todas partes. A “Satanás”, el ”Celoso” y demás  asesinos con cintas azules, le siguieron “Chispas”, “Venganza” y otros compinches con trapo rojo.

 Y aquí estamos ahora,  en medio de la delincuencia común,  la guerrilla, los narcotraficantes y paramilitares,  preguntándonos  hasta cuando seremos cómplices por acción o por omisión de la gran tragedia que envuelve a  la Patria colombiana. Habría que empezar por bajar de sus pedestales a tantos antisociales disfrazados de próceres y a exigirles cuentas a todos aquellos que nos traído a la actual encrucijada, incluyendo a los mercaderes del crimen que aprovechan hasta las telenovelas para lucrarse de la violencia.. 

jueves, 4 de abril de 2013

LA PRESENCIA DE RAFAEL URIBE URIBE EN EL VIEJO CALDAS


Alfredo Cardona Tobón


Después de 16 años de lucha con la selva, don Tomás Uribe Toro vendió su hacienda “El Palmar” en Valparaíso, Antioquia, y se dedicó al comercio en Medellin con pésimos resultados económicos. Casi en la ruina y acosado por los enemigos políticos, don Tomás  dejó su tierra y se aventuró por el norte caucano. En 1870 compró varios derechos a los indígenas de Tachiguí y en el sitio de Pumia, en la parte media del río Risaralda, levantó un rancho pajizo y abrió potreros para las reses que trajo de El Palmar.

Selvas milenarias rodeaban la hacienda “Pumia” y en las colinas circundantes la naturaleza explotaba en guásimos floridos;  tatabras en el monte y ojolotes en los charcos del río mantenían surtidas la despensa de la enorme hacienda. Todo marchó bien al principio, y pese al calor, el ganado se levantaba sin dificultades, pero a los pocos meses los tigres inicialmente ariscos, se volvieron tan osados que sacaban el terneraje de los corrales y perseguían a los cerdos en plena luz del día.

Cuando engordaron los novillos surgió un gran problema: no había a quién venderlos y el traslado de las reses hacia Cartago  por trochas y ciénagas  era tan difícil y  costoso que el margen de utilidades no permitía mantener los potreros. Ante tales circunstancias, don Tomás autorizó a su primo Heraclio Uribe, residente en Marmato, para que vendiera los derechos en Pumia dando fin a un esfuerzo que se perdió en esas soledades.

Don Tomás regresó a Medellín y en 1873 emprendió viaje con toda su familia hacia el Valle del Cauca a la hacienda “El Overo” en cercanías de Buga. Fue una terrible travesía con sus nueve hijos y su esposa María Luisa  por caminos deplorables. La salud de doña Maria Luisa se resintió y empeoró desde el paso por la posada en el río San Eugenio. A partir de entonces  los viajeros avanzaron muy lentamente, no solamente por la enferma sino por la punta de ganado de Pumia que arrearon desde el río Cañaveral.

LA VIDA EMBISTE A RAFAEL

Para ese entonces Rafael Uribe Uribe, cuarto hijo de don Tomás, era un muchachito de catorce años, desaplicado y tímido que valientemente  osó desafiar la turbulencia del  rio Cauca en una pequeña canoa, para hacer avanzar hasta la orilla opuesta a las reses que querían devolverse.

A los pocos meses  de llegar a Buga, murió doña Maria Luisa y al poco tiempo fallecieron dos hermanitas y un hermanito víctimas de tifo.  Fueron cuatro tragedias seguidas que enlutaron el alma del jovencito, en una tierra sin familiares donde no se veía con buenos ojo0s a los antioqueños.

A los diecisiete años de edad,  Rafael tomó las armas  bajo las banderas de los radicales del Estado del Cauca y en 1876 recibe el bautismo de fuego en la sangrienta batalla de Los Chancos. En el combate las acciones se igualan y la victoria parece inclinarse a favor de los conservadores de Antioquia; las municiones escasean y envían a Rafael por más pertrechos. El jovencito ‘vuela’ al campamento y al regresar, una bala le atraviesa una pierna y hiere al caballo que corcovea y lo lanza a un rastrojero. Milagrosamente lo rescata un pariente y lo lleva a una tienda de campaña donde se resguarda de las balas detrás de un arrume de maletas.

Los caucanos continúan su avance hacia la frontera antioqueña; al apoderarse de Manizales el 5 de abril de 1877, Wenceslao Uribe acoge a su primo Rafael y lo atiende hasta que su herida sana completamente.

RAFAEL URIBE EN QUIEBRALOMO

En la revolución de 1885, el coronel Uribe con su batallón Legión de Honor, se descuelga por Santa Bárbara, cruza el río Cauca, asciende por Supía y el el alto de Quiebralomo vence a las tropas gobiernistras comandadas por Benigno Gutiérrez.

No hay quién ataje a Rafael Uribe; pero en el resto del país el gobierno de Núñez barre con los radicales quienes al fin capitulas. Sinembargo, Uribe quiere continuar la lucha y cerca de  El Retiro, en Antioquia, el coronel Uribe asesina vilmente añ soldado Resurrección Gómez, tratando de obligar a la tropa a seguir en una guerra que estaba perdida. En la notaría de Anserma, aparece a fines del Siglo XIX un poder otorgado por Rafael Uribe Uribe a un pariente residenciado en Marmato para que vendiera uno de los lotes cedidos por el Resguardo de Tachiguí; no está claro si perteneció a la hacienda de Pumia y se adquirió por herencia o fue comprado directamente por Uribe Uribe.

De ahí en adelante, las huellas del líder liberal habrá que buscarlas en Bogotá, en los Santanderes y en la Costa Atlántica, inmersas en la sangrienta Guerra de los Mil días. Después del conflicto  durante el gobierrno de Reyes, el veterano militante liberal recorre el norte caldense en misiones de paz y en la hacienda El Águila, cerca de Manizales, los ciudadanos rinden un apoteósico homenaje a Rafael Uribe, al mayor impulsor de la creación del Departamento de Caldas.