lunes, 23 de diciembre de 2013

EL ARZOBISPO CABALLERO Y GÓNGORA Y FRAY CIRIACO ARCHILA

LOS MUNDOS PARALELOS DE UN FRAILE Y UN ARZOBISPO

Alfredo Cardona Tobón*



En todas las comunidades se ve la opulencia y la pobreza,  la humildad y la soberbia; pero donde más se notan esas contradicciones es en la iglesia católica, donde el lujo ofensivo de los cardenales es una palmada en la cara de los curas con hábitos raídos de los caseríos miserables y donde clérigos cínicos hacen todo lo contrario a lo que predican.
La historia latinoamericana es pródiga en tales contrastes; en estos días que deberían ser de reflexión es conveniente recordar  al arzobispo que traicionó a su pueblo y al fraile que, bajo las mismas circunstancias, arriesgo todo por su gente. Es la historia del arzobispo Antonio Caballero y Góngora y de fray Ciriaco de Arcila.

BAJO LA SEÑAL DE LA CRUZ

Antonio Caballero y Góngora nació en Priego de Córdoba, España, en el año  1723, en cuna noble y acaudalada. Su vocación lo llevó al seminario. Por las relaciones familiares y sobre todo por su elocuencia, su vasta cultura y excelentes dotes administrativas, pasó de canónigo de Córdoba al obispado de Yucatán y en 1877 al arzobispado de Santa Fe de Bogotá.

Ciriaco de Archila nació en 1724 en Simacota, provincia del Socorro en la Nueva Granada . Su familia de hidalgos campesinos se preciaba de llevar sangre pura, es decir con ancestro español sin contaminación de negros, judíos o herejes.
Las labores del campo hicieron postergar el sueño de Ciriaco de ingresar a la Orden de los Dominicos, sueño que pareció frustrarse definitivamente cuando se encaprichó de una apuesta vecina y con ella tuvo dos hijos naturales.

Tiempo después el inquieto Cirilo se enamoró de Juana Rodríguez, contrajo matrimonio y trajo al mundo otros seis hijos. En 1773 murió doña Juana. Ya viudo, renació en Cirilo la vocación de los años mozos que lo llevó, por fin, al convento de Santo Domingo en Santa Fe de Bogotá, donde  lo recibieron como fraile después de repartir su estancia y cincuenta reses entre sus hijos y la congregación de dominicos.

EL ARZOBISPO VIRREY

El Arzobispo Caballero y Góngora  informó al rey Carlos IV de las excesivas contribuciones de los granadinos, no solamente para atender los impuestos de la corona sino también para sostener la burocracia glotona del virreinato.. Pese a ello, el visitador Gutiérrez de Piñeres llegó con nuevos tributos y aumentó de los antiguos. Se pagaba por todo: por las lanas, los huevos, la harina, el tabaco, el aguardiente..

Mientras el Virrey Florez  estaba en Cartagena con las tropas coloniales en prevención de un ataque de los ingleses, los pueblos del Socorro y de los Llanos se levantaron contra recaudadores y las autoridades abrumados por los pechos y las contribuciones forzosas. El visitador Gutiérrez huyo despavorido  y sin otra autoridad , el arzobispo Caballero y Góngora quedó en mayo de 1781 al frente del gobierno de la ciudad de Santa Fe.

Los sublevados marcharon hacia la capital y era imposible detenerlas. Entonces el arzobispo se desplazó a Zipaquirá como parlamentario y arrogandose unas funciones que no tenía concedió todo lo que pidieron los comuneros en  35 capitulaciones.

EL PORTERO DEL CONVENTO DE SANTO DOMINGO



No obstante el aislamiento conventual, fray Ciriaco de Archila seguía con interés los avatares de la revolución, pues el oficio de portero facilitabalos contactos con Simacota y la provincia del Socorro.

Cuando estalló el motín, el hermano Ciriaco sintió arder la sangre y en cuartillas y más cuartillas escribió unos  versos incitando al pueblo a la rebelión y los envió a Simacota. Para los españoles era otro  pasquín revoltoso, pero para los  comuneros los versos de  fray  Ciriaco se  convirtieron en  su Cédula y en la  “ Santísima Gaceta”.

El estilo literario de la Cédula-  según fray Alberto Ariza- es llano, grosero y hasta vulgar, sin ropajes ni hopalandas de salón,  mero lenguaje de la tierra, libre como el galope del viento en el Cañón del Suárez, desparpajado como los comentarios den la plaza el día de mercado..¨  es, sin duda, el estilo de un hombre campesino, sin doblez ni miedo y aferrado a los suyos y a sus tierra: “ Solo nosotros estamos de pendejos, en las Indias aguantando” dice fray Ciriacon en sus versos.

En otros Fray Ciriaco se va de frente contra los burócratas españoles y se anticipa a Nariño y a Miranda, y al igual que Tucpac Amaru desconoce la autoridad del rey y reivindica los derechos  americanos:

“ A más que estos dominios tienen
sus propios dueños, señores naturales,
por qué razón a gobernarnos vienen
de otra regiones malditos nacionales?-“

Las cuartillas de fray Ciriaco se multiplican en las poblaciones sublevadas,  los que saben leer y escribir los reproducen y los fijan en calles y caminos, unos las recitan otros las guardan como talismanes. Los versos van de boca en boca y el furor de la gleba va en aumento.

CON RUMBO A LA PENÍNSULA

Al Arzobispo-Virrey, impulsor de la Expedición Botánica, promotor de la minería ,  motor de desarrollo en Antioquia y el piedemonte, le tocó el triste papel de verdugo  Ordenó el sacrificio de Galán y los otros capitanes comuneros y también el destierro de Fray Ciriaco de Archiva a un convento en la península ibérica.

El traidor Berbeo dijo que los escritos del fraile habían sido la gran causa de la sublevación. Eso es exagerado. Lo cierto es que sus versos catalizaron la revolución y  fueron el misal de la revolución.

Caballero y Góngora regresó a España y como Obispo de Córdoba se fue contra las ideas de los revolucionarios franceses.El humilde fray Ciriaco, lejos de los suyos en tierra extraña murió solo y desterrado en 1784 en el convento Dominico de Cádiz. El alto jerarca Antonio Caballero y Góngora, rodeado de honores entregó su alma en 1796 en la ciudad de Córdoba, donde se hacían preparativos para ungirlo con el  capelo cardenalicio


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