miércoles, 16 de octubre de 2013

MANZANARES.; EL COMBATE DE MIRAFLORES- GUERRA DE 1877-

Alfredo Cardona Tobón*

                                             General Santos Acosta

En la alborada del  último día de febrero de 1877, una niebla espesa arropó  el cerro Sancancio y se extendió por las lomas de Guamal, San Antonio y El Perro.  Las tropas caucanas  habían avanzado hasta El Tablazo y amenazaban desde el  alto de San Julián en Villamaría. Al igual que en el año  1860, los defensores de la aldea esperaban un ataque en medio de la neblina, y confiaban  en que los asaltantes se estrellarían  contra Manizales,  tal como ocurrió  con las fuerzas de Mosquera. En  Medellín no estaban tan seguros del triunfo y por eso habían iniciado contactos  en secreto con el presidente Murillo Toro para encontrar una salida honrosa al conflicto.

Mientras el general Trujillo cerraba el cerco a la población, los habitantes de Manizales sentían cada vez más próximo el hálito de la muerte y el pillaje. Los pudientes desplazaron sus ganados hacia el norte y  muchas familias  buscaron cobijo en Aranzazu y Salamina.

En el Tolima las fuerzas liberales comandadas por el general Santos Acosta mantenían una guerra de posiciones con las tropas del gobernador Cuervo, cuyo interés era salvaguardar a su Estado. Entre Manzanares y Manizales los antioqueños habían situado los batallones Arboleda y Londoño y una compañía de Pensilvania en el sitio de Yolombal, fuerzas que por su número habrían sido incapaces de cerrar el paso a las tropas liberales.

Si Julián Trujillo con los caucanos y Santos Acosta con la gente del Altiplano hubieran atacado conjuntamente a Manizales,  los paisas no habrían tenido otra opción que buscar una rendición inmediata y honorable; pero el gobierno liberal buscaba la gloria para Trujillo y por ello frenaron las acciones del general Santos Acosta, lo que representó más sangre y más luto para los colombianos.

LA GUERRA EN EL TOLIMA

Desde principios de enero de 1877 una columna liberal bajo el mando de Didacio Delgado ocupó la aldea de Aguabonita desde donde hostigó las posiciones de Palmichal y Miraflores defendidas por los conservadores.

El 28 de febrero, Don Marcos García dormía placidamente en su casa de Llanadas, sitio ubicado entre Manzanares y Aguabonita. A media noche los perros ladraron frenéticamente anunciando la presencia de extraños y fueron callando uno a uno con aullidos de agonía. Don Marcos se levantó y agarró la escopeta. Golpes de cantonera de fusil retumbaron en las puertas de cedro de la humilde vivienda. “¡ Abran en nombre del gobierno!”  El gato dejó de acechar un ratón  y salió en estampida hacia la cocina. La soldadesca entró y la aterrada familia se internó en la oscuridad del monte dejando sus pertenencias a merced de los intrusos.

Al rayar el día los liberales emplazaron varios cañones delante de la casa de Llanadas y rompieron fuegos sobre el batallón Marulanda que  se atrincheraba en el sitio de Palmichal.

EL ATAQUE DE LOS CUNDINAMARQUESES

El cañoneo, débil al principio, se intnsificó a mediodía . El objetivo de los liberales era neutralizar las tropas de  Palmichal mientras los batallones Voltígeros, Bárbula y Vencedores atacaban las posiciones conservadoras de Miraflores.
Fue crudo el combate. Los liberales cargaron con intrepidez y separaron las fuerzas conservadoras dirigidas por el coronel Ignacio Buenaventura y por el sargento mayor Aurelio Parra.

En un esfuerzo desesperado los defensores de Miraflores  rechazaron el embate y tras reunir sus fuerzas hicieron frente,  con éxito, a una nueva arremetida.
Los refuerzos de los batallones Cazadores, Girardot y Líbano, compuestos  por combatientes paisas,  consolidaron las posiciones de Miraflores e  hicieron retroceder a las fuerzas liberales compuestas por cundinamarqueses y boyacenses que dejaron el campo regado de cadáveres.

Las pérdidas conservadoras fueron grandes. Murieron tres oficiales, once individuos de tropa y quedaron 29 heridos. Las víctimas liberales pasaron de un centenar entre muertos, heridos y capturados.

LA OCUPACIÓN DE LLANADAS.

Después de terminado el combate en Miraflores, alrededor de las cinco de la tarde, el general Antonio B. Cuervo, presidente del Tolima y General en Jefe del Ejército de ese   Estado, envió su Guardia de Honor y una compañía del batallón Cazadores hacia el sitio de Llanadas.

Los liberales habían retirado los cañones y solamente una guerrilla permanecía en el lugar, mimetizada entre unas piedras,  arriba de la casa de Marcos García.
Tras un nutrido tiroteo, la guerrilla se perdió entre los rastrojos y los conservadores,   con el teniente coronel Rafael Méndez al frente, retomaron  la vereda  de Llanadas.
Las gallinas y el marrano desaparecieron del corral de Marcos García. El palomar quedó desierto . Cuando regresó la familia, en la casa saqueada encontraron  solamente al gato  agazapado y erizado detrás de un bulto de leña que estaba en la cocina.


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