lunes, 21 de octubre de 2013

WILLIAM WALKER EN NICARAGUA

Alfredo Cardona Tobón*



No hubo tambores  ni uniformes vistosos, tampoco una  voz amiga que lo consolara; erguido e impasible el mercenario norteamericano que soñó con un imperio esclavista en Centroamérica, marchó con un crucifijo en su mano izquierda hasta el paredón de fusilamiento, donde lo esperaban diez haraposos soldados hondureños. Diez balas atravesaron su cuerpo y un tiro de gracia en la sien remató la existencia tormentosa de este “filibustero”  que anegó en sangre el suelo de Nicaragua.

 En un burdo ataúd costeado por el cónsul americano acomodaron el cadáver de William Walker; ese 26 de setiembre de 1860, con las últimas paladas de tierra que cubrieron el ataúd se esfumó el sueño de un sureño que quiso agregar otro estado a la bandera de las barras y las estrellas.

EL INFIERNO EN EL PARAÍSO

En junio de 1855 la guerra civil envolvía a Nicaragua, dos bandos opuestos con sede en las ciudades de León y de Granada buscaban la hegemonía política y comercial del país. Francisco Castellón era el líder de los leoneses; José María Estrada era la cabeza de los granadinos y ambos pretendían representar al único gobierno legítimo del país.

Cuando las acciones militares inclinaron la balanza a favor de Granada, Castellón contrató a Walker quien con aventureros de San Francisco abordó  un viejo barco  y desembarcó con la “Falange Americana” en las playas  de Realejo en territorio de Nicaragua.

Después de sangrientos combates donde se distinguieron los rifleros gringos, Walker quedó al frente de las tropas de León y se convirtió en el poder detrás del trono. Con dinero de la Compañía de Tránsito que manejaba las comunicaciones entre la costa Atlántica y Pacífica de Nicaragua, sobornó a los adversarios y se apoderó de la ciudad de Granada. En elecciones amañadas, el mercenario americano fue elegido presidente y una vez en el mando descubrió su intención de convertir a Nicaragua en una nación esclavista aliada de los estados sureños de la unión americana.

Para Walker la esclavitud era  “Un monumento a la sabiduría, la justicia y la benevolencia del Creador”; para este aventurero los centroamericanos eran una raza inferior, perezosa y mala para el trabajo, que había que disciplinar para poder explotar la riqueza y la belleza de la tierra que habitaban.

En forma sagaz y cruel se deshizo de sus opositores o de aquellos que pudieran hacer peligrar su dominio. Incentivó la inmigración estadounidense ofreciendo propiedades y gabelas a quienes se radicaran en Nicaragua y se alistaran en sus filas. Walker fue el supremo dictador de Nicaragua con la anuencia de los Estados Unidos, que han tenido siempre la torva inclinación de apoyar a los tiranuelos como lo hicieron después en  la República Dominicana con Trujilo, con Papá Doc en Haití y Noriega en Panamá.

Los norteamericanos  apoyaron a Walker con hombres y con armas. Sin embargo, el intruso cometió el gran error de lesionar los intereses del millonario  Cornelio  Vanderbilt, al apoderarse de algunos bienes de la Compañía de Tránsito que llevaba el oro del oeste americano y  servía a  los viajeros que se movilizaban de una costa a otra  de los Estados Unidos a través de Nicaragua. Entonces Vanderbilt auxilió a  Costa Rica, que aliada con Guatemala declaró la guerra a William Walker.

El 20 de marzo de 1856  los costarricenses sorprendieron a los “filibusteros” en el llano de Santa Rosa; la violencia del ataque duró apenas cinco minutos con el resultado de 26 muertos y 19 prisioneros norteamericanos. Aunque no fue uno de los combates más sangrientos fue el principio del desmoronamiento del poder de Walker.

En julio de 1856 tropas guatemaltecas entraron a León, pero no pudieron permanecer en la ciudad diezmada por el cólera y la viruela; poco después el capitán Turley  desertó con una compañía de filibusteros  para establecer su propia república en las montañas; pero los nativos rodearon y asesinaron a todos los invasores, mientras los aliados centroamericanos y el rey de la Mosquitia  tomaban las ciudades de Masaya y Managua.

Los centroamericanos atacaron a Granada, ciudad defendida por Henningsen, un lugarteniente de Walker, y  ultimaron a machetazos a los viajeros americanos y a los empleados de la Compañía de Transito que cayeron  en sus manos. El combate fue brutal; filibustero herido que caía en poder de los centroamericanos era asesinado. Fue una pelea a muerte que cubrió las calles de cadáveres. Tres semanas duró el sitio de Granada, al fin los centroamericanos se retiraron ante la llegada de los refuerzos comandados por Walker.

Al cesar la ofensiva  a Granada, Henningsen pasó revistas a su tropa: de 500 hombres había perecido la mitad y los sobrevivientes estaban heridos o enfermos; de la bella Granada quedaba solamente un montón de escombros, estaba convertida en una morgue, en un lugar pestilente.

WALKER SALE DE NICARAGUA

El 11 de abril de 1857 los nicaragüenses  atacaron la ciudad de Rivas, en poder de la  Falange Americana; fueron repelidos y dejaron en el campo a más de cien muertos y montones de heridos. Los combates continuaron con resultado indeciso y graves quebrantos para la economía gringa con los sobrecostos en la vía a Panamá;  el comandante  H .Davis de la Armada norteamericana trató de lograr la paz  entre los contendientes. Las conversaciones empezaron y al fin Walker, convencido de la inutilidad de la  lucha,  tomó un vapor americano con sus caballos, sus efectos personales y la mayor parte de sus oficiales.

De regreso a Norteamérica, lo recibieron como un héroe en Nueva Orleans y Nueva York. Meses después, mimado y adulado  por sus compatriotas regresó a las andadas tratando de conseguir lo que no logró en México ni en Nicaragua. Con nuevos “filibusteros” desembarcó en Punta Gorda, Nicaragua, y capturó algunos vapores comerciales, lo que obligó a intervenir al comodoro Paulding de la marina americana que lo apresó y lo remitió de vuelta a Estados Unidos.

Tres años pasaron  durante los cuales Walker recorrió su país como un alma en pena, hasta que la autocracia y el poder lo volvieron a tentar y con apoyo de amigos sureños desembarcó en Honduras donde intentó sublevar a los isleños y formar una república. Esta vez se vio perseguido por los británicos que lo capturaron y lo entregaron a las autoridades del país, que tras un juicio sumario  lo sentenciaron a muerte.


Walker no buscó riquezas, lo obsesionó el poder... y para lograrlo se valió de todas las artimañas: violencia, traición, engaño... todo fue válido para tratar de convertirse primero  en el amo y señor de  Baja California y de Sonora, en México, luego de Nicaragua y por último de Honduras, bajo la mirada indiferente o cómplice del gobierno y del pueblo de los Estados Unidos.

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