viernes, 13 de septiembre de 2013

PAPAYAL Y OTRAS ALDEAS FANTASMAS

Alfredo Cardona Tobón



Pindaná, Bia, Chalima son nombres indígenas  que recuerdan caseríos quimbayas incrustados en la Cordillera Central;  Aconchare, Mápura y Opirama fueron poblezuelos situados cerca de las fuentes saladas que explotaban los nativos de la región  de Anserma. De esos poblados ninguno sobrevivió y tan solo Pindaná de los Cerrillos pudo asomarse a la época republicana y dejar algo de su pasado en la historia pereirana.

Tan efímeras como esas aldeas americanas que seguían los cultivos del maíz, o desaparecían ante el asedio enemigo, fueron los caseríos que sirvieron de campamento a los conquistadores españoles. Los soldados de Robledo fundaron a Guntras y a Morga como cabezas de puente en sus ataques contra los chocoes y el poblado de Placencia se construyó en territorio carrapa, no muy distante de la ciudad de Arma. Esos campamentos duraron pocos años pero tuvieron su importancia como lo registran  las crónicas de su época.

Hacia 1546  por las orillas del río Cauca aparece  el poblado de Ubeda. Su existencia fue fugaz; terminó con el ataque a sangre y fuego de los pijaos. Unos años más tarde el capitán Asencio Salinas funda a Vitoria en cercanías del río La Miel. Las  enemistades entre vecinos, la desaparición de los nativos por enfermedad y mal trato, y el agotamiento de las minas de oro obligan a trasladar la ciudad a la desembocadura del  Guarinó en el río Magdalena. Su vida es  muy corta , pues las plagas y el clima malsano  acaban con ella definitivamente.

En 1627 el Oidor Lesmes de Espinosa y Saravia   reúne a los nativos del Resguardo de La Montaña en una aldea con el mismo nombre. Con épocas de esplendor y otras de miseria La Montaña sobrevive hasta  el año  1819 cuando  constituye, junto con los vecinos de Quiebralomo, la población de Riosucio.

Quiebralomo nació con las explotaciones auríferas de principios de La Colonia. En sus socavones quedaron enterrados los huesos de innumerables nativos  llevados a la fuerza por los encomenderos; fue un distrito importante y rico que sufragó gran parte de los gastos de la  columna patriota que combatió al gobernador Tacón en el primer combate de la Independencia.. Por Quiebralomo pasaron ejércitos y mangas de langosta, sobrevivió hasta fines del siglo X1X, cuando desapareció a regañadientes dejando como recuerdo  el cementerio y unas cuantos ranchos a orillas del camino.

En el siglo XVIII el comercio entre las minas de Marmato y el Arrastradero de San  Pablo en el río Atrato  reunió a centenares de indios cargueros con sus familias en las estribaciones de la cordillera occidental  donde se asentaron en los pueblos de San Juan del Chamí y San Juan del Tatamá .  Tenemos noticias  de esos rancheríos en 1775 y según informes de 1886  eran sitios abrumados por la más absoluta pobreza. En 1925 el explorador Jorge  Brisson llegó a las ruinas de San Juan del Chamí donde encontró  un esqueleto medio enterrado cerca del Altar del templo, quizá  el del padre Toribio Luna,  un sacerdote muy querido por sus fieles.

Hacia el año 1840  empieza la invasión antioqueña a los Resguardos de la banda izquierda del río Cauca.  Los paisas fundan a Oraida en la tierra fría de Riosucio,   se riegan por el espinazo de la cordillera  y  levantan un pequeño pueblo en Higueronal, adonde se trasladan los indios de la parcialidad que abandonan por siempre a  Tachiguí. Las guerrillas liberales acaban con Oraida en la guerra de los Mil  Días y las tropas del gobierno al caserio de El Cedral en la región del Chamí.

Otro poblado paisa llamado Llanogrande, localizado a unas dos leguas de Oraida sobrevive hasta 1920 cuando la carretera troncal de occidente lo deja fuera de ruta y  desaparece  junto con los arrieros y sus recuas.

Entre esas aldeas que fulguraron como cocuyos en la inmensidad del tiempo persiste el misterio del distrito de Papayal. En 1855 la Legislatura Provincial del Cauca autorizó al gobernador para que adjudicara tierras  baldías a los antioqueños que estaban tumbando  selva en la desembocadura de la quebrada Papayal en medio del mortífero valle del Sopinga o Risaralda. El asentamiento creció tan rápidamente que dos años más tarde se le erigió como distrito parroquial con Tachiguí bajo su jurisdicción. Luego desapareció.  Cuándo?- Cómo ?-  Quizás se agotó el oro en los alrededores, o la viruela y la fiebre amarilla diezmaron a sus habitantes; o las guacas de Santuario y Apía los motivaron a desplazarse  hacia la cordillera.
De las fundaciones mineras el olvido sepultó al Bureo, un pueblito levantado por los mineros de Marmato en la orilla derecha del río Cauca y no muy lejos, en territorio de Pácora, desapareció la aldea de Buenos Aires hacia 1880.

A principios del siglo XX  dejó de figurar  una aldea de nombre California situada por los lados del río La Miel, en la desembocadura de este río en le Magdalena hubo un poblado negro llamado Buenavista que describió un viajero europeo y lo comparó con una aldea africana, esta comunidad de bogas del gran río desapareció a mediados del siglo XIX sin que se sepa la causa de esa desaparición. En Riosucio  se extinguió El Rosario, una población conformada por refugiados liberales de la guerra de los Mil Días  que llegó a tener colegio de bachillerato, imprenta y telares .


A cuál comunidad le tocará el  próximo funeral?- Será a Florencia en  Samaná o a Aguabonita en Manzanares, o a Santa Elena en Quinchia ?- Parece que hacia allí apunta el futuro,  pues  cercada la primera por la violencia y la otras dos por la pobreza y el descuido, la nación solamente les servirá para donarles la mortaja..  

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