martes, 10 de septiembre de 2013

FRANCISCO JARAMILLO OCHOA Y EL VALLE DE RISARALDA

Alfredo Cardona Tobón*


En 1840  los mineros  antioqueños se descolgaron desde Oraida, en la parte fría de Riosucio, y  fundaron el distrito de Papayal a orillas de la desembocadura de la quebrada Palogordo en el río Risaralda. La existencia de esa población, que apenas aparece en algunos documentos del Cauca fue efímera, pues a los quince años de elevada a distrito desaparece como por encanto, quizás se agotó el oro, la viruela se cebó en la gente o las plagas y bichos de la selva alejaron a los pobladores.

Hacia 1875 los hermanos Díaz Morkum, de Riosucio, abrieron monte en la parte más estrecha del valle y establecieron unos potreros  que ampliaron los nativos de Tabuyo; en  1880 Tomás Uribe, padre del general Rafael Uribe Uribe, compró unos derechos a los comuneros de Tachiguí en el sitio de  Pumia,  levantó un rancho pajizo, abrió potreros y los vistió con ganado traído de Valparaiso, Antioquia.

 Fue un ensayo desastroso,  los pumas no dejaban un becerro vivo y el rastrojo de uñadegato invadió los pastos mientras los anofeles en alianza con los vampiros se sumaron para doblegar la voluntad de Tomás Uribe, templada en la lucha con la selva en Valparaíso, donde abrió la hacienda del Palmar de cuatro leguas de longitud por otra legua de ancho.

LA OCUPACIÓN DEL VALLE DEL RISARALDA

Pese a los lodazales, a las plagas, a los bichos, a la naturaleza desbordada, varios empresarios de Anserma y Manizales fijaron sus ojos en el valle del Risaralda al empezar el siglo XX y numerosos  labriegos  expulsados por la violencia conservadora del suroeste antioqueño ocuparon las laderas del Tatamá y de Belalcázar.

Gran parte del valle de Risaralda pertenecían a los resguardos de Tachiguí y de Tabuyo con títulos incuestionables de la época colonial. En un documento  del Archivo Nacional fechado en 1907l, el abogado Rafael María Navarro trató de impedir que el Concejo de Apía adjudicara a Manuel y a Pablo Emilio Salazar, mineros de Anserma,  un gran globo de terreno del Resguardo de Tachiguí, comprendido entre el río Risaralda, el río Guarne y el nacimiento de la quebrada Seguía; otro  lote de más de 6000 hectáreas del resguardo de Tabuyo, fue rematado  en 1870 y se entregó como si fuera un baldío al antioqueño Rudecindo Ospina.

DE SOPINGA A LA VIRGINIA

En la desembocadura del río Risaralda, en el río  Cauca, numerosos negros provenientes del sur fundaron el caserío de Sopinga, denominado La Virginia por los mestizos que se asentaron a fines del siglo XIX.
A La Virginia llegó Francisco Jaramillo Ochoa  en el año 1904 y cambió totalmente el rumbo del caserío y el destino  del Valle de Risaralda. Don “Pacho”, como lo llamaban sus amigos, abrió el valle al progreso  y poco a poco, con el costo de muchas vidas tronchadas por el paludismo, la fiebre amarilla y las culebras, Francisco Jaramillo secó ciénagas, espantó  los bichos y abrió las haciendas “ La Gironda”, “Bohíos, “ Guabinas”   “Bengala”  y  “Portobelo”.

Don Pacho le arrebató el  Valle de Risaralda a los ciempiés y a las alimañas  y libró al  caserío de La Virginia de la miseria; fue la avanzada de los empresarios acaudalados que desplazaron centenares de familias que desde tiempo inmemorial vegetaban en las orillas del Risaralda y el Cauca.  Francisco Jaramillo compró y desalojó, y en la lucha del hacha con el papel sellado tuvo todas las de ganar porque tenia poder, dinero y las autoridades  a sus órdenes.

Los negros desplazados por los empresarios se resignaron y cambiaron sus ranchos de paja por casuchas de lata de las riberas del Cauca,  pero los colonos paisas que ocupaban las laderas del Alto del Rey, resistieron la presión de los grandes propietarios y frenaron a Francisco Jaramillo cuando quiso  ocupar los baldíos de Cruces y Dosquebradas.

Los arrieros no respetaron las cercas de las haciendas y continuaron transitando por los caminos trillados por las recuas; y cuando Francisco Jaramillo quiso controlar los cerdos que le dañaban los cultivos, los labriegos entraron por las noches a los potreros y le desjarretaron muchas reses.

EL PERFIL DE DON PACHO

El presidente Lleras Camargo reconoció la labor de Francisco Jaramillo Ochoa al condecorarlo con la Cruz de Boyacá; el nuevo puente de La Virginia sobre el Cauca lleva su nombre y la memoria de este gran empresario  está presente en todos los rincones de La Virginia.

 Este paisa vio las primeras luces en Envigado y el mundo le quedó chiquito, pues fue un viajero incansable que armó negocios en todas partes. Don Pacho fue alumno de Marco Fidel Suárez, estudió ingeniería en la Escuela de Minas de Medellín, busco oro, en Caramanta y en Urabá y  amasó una gran fortuna con una sociedad rematadora de rentas que operó en Marmato, en Caldas y en el Valle del Cauca. Ya con un buen capital se estableció en Manizales, e incrustado en el mundo de los heliotropos de esa ciudad estableció negocios bancarios y cafeteros; fue socio fundador de Cementos Valle, contratista en la carretera de Cali al mar, desvió el río Risaralda para proteger el puerto, montó trilladoras y  también dio impulso al puerto de  La Dorada, donde tumbó monte y abrió grandes haciendas.

Entre las grandes realizaciones de “don Pacho” está la navegación en el río Cauca con buques propios, entre La Fresneda y Juanchito, cerca de Cali y el puerto de La Bodega que sirvió de depósito para el café que llegaba del Alto del Rey, de Santuario y de Apía.

Francisco Jaramillo fue un luchador que no se arredró ante nada y como todo hombre admirable tuvo sus luces y sus sombras. La hacienda Portobelo dio  cobijo  el escritor Bernardo Arias Trujillo  y en muchas de las páginas del libro  “Risaralda” se estamparon los recuerdos de este empresario con corazón de arriero, que cansado de realizar proyectos entregó en Medellín su alma al Creador el 28 de septiembre de  1951.




1 comentario:

  1. Admirable la historia de vida de Francisco Jaramillo Ochoa..en realidad su periplo está escrito por ALBEIRO VALENCIA LLANO, en su gran obra COLONIZACION, FUNDACIONES Y CONFLICTOS AGRARIOS...

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