domingo, 22 de septiembre de 2013

AL RESCATE DE LA LENGUA UMBRA


Alfredo Cardona Tobón



Umbra fue una  región habitada por  tribus ansermas que comprendía el territorio de Guacuma, en el actual municipio de Quinchía, con fuentes saladas, hulla y  con aluviones ricos en oro.  El cerro Carambá ( Batero) se levantaba imponente a poca distancia del río Cauca, era un santuario de los tapascos y los guaqueramaes donde según la mitología indígena, moraba  Xixaraca, el Creador y Protector de los nativos y la diosa Michua, señora del Valor y de la Guerra. Debajo del cerro Opirama, enclavado en la serranía estaban aprisionados  los Tamaracas o demonios, genios del mal,  que de tanto en tanto se escapaban  y en forma de langosta, pestes y sequía hacían daño  hasta que Xixaraca los hacía regresar a las profundidades de la tierra.

El cacique Chiricha hizo frente al conquistador, pero fueron más letales los arcabuces y los perros de presa que las lanzas de los tapascos; el conquistador invadió a Guacuma y asombrado por los quinchos, o  trincheras de guadua, con  cráneos que silbaban lúgubremente cuando pasaba el viento por sus cuencas, identificó la región con el nombre de Quinchía.

LA HISTORIA DE GUACUMA
En 8 de septiembre del presente año,  en la Casa de la Cultura de Quinchía, Alejandro Ugarte, Merardo Largo y Fernando Uribe presentaron su libro “Historia de Guacuma” ; fue un acto apoteósico que envidiarían muchas ciudades capitales. Asistieron invitados especiales, el Cabildo y varios comuneros del Resguardo indígena de Carambá.

Fue un acto donde se exaltaron los valores indígenas y a la comunidad que a través de los siglos ha sobrevivido gracias  a la solidaridad, el trabajo, el amor a su tierra, la defensa de los suyos y su resistencia a las persecuciones y a  los atropellos.
Esta vez, al contrario de lo que se ve en eventos culturales en la zona paisa, no se habló de la ruana, las cotizas, de los arrieros ni de la estirpe castellana;  esta vez se recordó a una comunidad que fue punta de lanza del radicalismo liberal caucano, con capitanes que combatieron al lado de Mosquera en 1860 y en las toldas de Payán en 1877 e hicieron frente a los invasores paisas que pretendían apoderarse de sus salados y sus minas.


Quinchía le debe todo al antiguo Resguardo indígena que fundó el pueblo al lado de la misión de Nuestra Señora de la Candelaria en 1591, donó el terreno para trasladarlo al sitio actual, cedió la mitad de sus minas de carbón para que construyeran la iglesia e impidió que gente ultragoda, traída de Marinilla y Carmen de Viboral se apoderaran de Quinchía o que violentos de épocas recientes doblegaran a la comunidad y borraran la identidad quinchieña.

Los “blancos” de Manizales aislaron el municipio por ser de “patianchos”, liberal y protestante; esta actitud fue la continuación de la inquina de los paisas con los caucanos. Cuando se construyó la carretera entre Riosucio y Anserma, se hizo un desvío costoso  por la serranía para que la vía no pasara por la cabecera de Quinchía.   Hasta 1960 se entraba por una  trocha  estrecha y destapada y no había carreteras de penetración, ni colegios, ni acueducto ... pese a poner los votos para los políticos de Riosucio, como hoy lo hace con los del barrio Cuba y Dosquebradas.

En los gobiernos de Ospina Pérez y de Laureano Gómez, fuerzas tenebrosas quisieron acabar con la comunidad quinchieña; bandas de antisociales de los municipios vecinos irrumpieron en le pueblo pero no pudieron penetrar en el campo;  en 1948 Otto Morales, siendo liberal,  presentó  una ley para disolver el Resguardo y personajes acaudalados de Riosucio y Manizales se apropiaron de las mejores tierras.

 Sin vías, con poco contacto con los citadinos y con la prevención contra los extraños, varios núcleos campesinos se enquistaron por décadas, lo que permitió conservar una cultura cuyos últimos vestigios pueden desaparecer con las generaciones que están declinando y por las influencias de una civilización que ha penetrado en todos los rincones del municipio que ahora cuenta con vías, colegios y muy buena infraestructura.

En 1992 los nativos de Bonafont, en Riosucio,  restablecieron el resguardo La Escopetera  que los pirsas habían conformado en tiempos de la colonia al separarse del Resguardo de La Montaña. Dentro de ese resguardo los riosuceños incluyeron varias veredas quinchieñas; pero años después los quinchieños establecieron el resguardo de Carambá con su propio cabildo y el 12 de diciembre de 1997 eligieron a Argemiro Aricapa Tapasco como gobernador mayor.

A partir del resguardo de Carambá  renace Guacuma con ocho globos de terreno y 22 veredas que incluyen 4896 indígenas afiliados que buscan titulación de tierras, la recuperación de otras, una organización comunitaria y el rescate de los valores culturales.

LA LENGUA UMBRA


Durante el Frente Nacional el INCORA parceló una extensa finca de Alejandro Toro y en la vereda de Ginebra adjudicó parcelas de ocho hectáreas a campesinos sin tierras,  que a pulso empezaron a cultivar café, cacao y caña panelera. En esa nueva comunidad se destacó un jovencito  de nombre Merardo Largo Trejos que consiguió un cupo en el Hogar campesino de Riosucio,  estudió Etnoeducación y Desarrollo comunitario en la UTP, Etnolinguistica  y fonética en Ecuador y el Perú y alcanzó la dignidad de gobernador del Resguardo de La Escopetera y concejal de Quinchía.

 Merardo jamás se desligó de la parcela de sus padres y en los ires y venires  se dio cuenta de que su gente tenía otras costumbres y un lenguaje distinto al que hablaban  los emberas que desde años recientes se habían instalado en la región.  Merardo empezó al cotejar las palabras y las frases y descubrió el último reducto de los hablantes del lenguaje de los primitivos ansermas.

 A la par de sus labores administrativas y políticas Merardo continuó con el rescate de la lengua Umbra, pero en el año  2001, militantes del EPL atentaron contra su vida y lo obligaron a emigrar y radicarse en Canadá donde continúa con sus estudios de doctorado. Ahora la labor está en manos de Jhony Largo Trejos , hermano de Merardo, y también etnolingüista, quien con el Cabildo de Carambá ha desplegado una campaña para recuperar el lenguaje y extenderlo antes que desaparezca.

 En la actualidad  solamente  siete familias hablan la lengua umbra: dos en la vereda de Batero, dos en Ginebra, dos en Juan Díaz y una en Sardinero, todas ellas en Quinchía. En tiempos recientes el maestro Guillermo Rendón trató de conformar una escuela de umbra en la vereda de Batero para extender el lenguaje, pero el proyecto no pasó de la idea; a través de la  Academia Pereirana de Historia, de la Casa de la Cultura de Quinchía y de los líderes culturales Alejandro Ugarte y Fernando Uribe se buscará el apoyo de las entidades oficiales para adelantar el rescate de la lengua umbra.

Sobran argumentos para sustentar el proyecto de recuperación de la lengua umbra, pero además del aspecto cultural es esencial la parte económica pues es necesario fortalecer esas comunidades indígenas para impedir que desaparezcan o se disgreguen, agobiadas como están, por la pobreza y las  necesidades.
Veremos que opina el gobernador de Risaralda. Él  puede rescatar esta lengua y estas comunidades o ser uno de los testigos mudos de la desaparición del legado indígena más grande del Eje Cafetero.

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