sábado, 20 de julio de 2013

VEINTE DE JULIO DE 1810 EN SANTA FE DE BOGOTÁ

LA JUNTA SUPREMA DEL REINO

Alfredo Cardona Tobón*



De tiempo atrás los criollos buscaban la coyuntura para tomar el poder en el virreinato  de la Nueva Granada.  A mediados de 1810 Cartagena y otras ciudades habían establecido sus propias Juntas de Gobierno, pero en Santa Fe parecía que las autoridades coloniales  estaban aferradas a los viejos esquemas de mando.

En la capital los rumores proliferaban: se hablaba de rebeliones, de conspiraciones para asesinar a los Oidores, de planes para  ejecutar a los opositores del gobierno  y de un  golpe para suplantar al virrey, a quien los propios españoles tachaban de débil y afrancesado

LA ACTITUD DEL GOBIERNO

Tan sólo se necesitaba una chispa para encender el polvorín. Estaba fresco el recuerdo de la matanza en Quito y el sacrificio cruel de los insurgentes de Pore. El virrey  quería evitar más represiones al final de su mandato. Por ello, en la algazara del veinte de julio de 1810, Amar y Borbón acuarteló a las tropas con la esperanza de que el desorden  se extinguiera  cuando marchantas y vivanderas, campesinos y arrieros salieran de la ciudad al terminar el mercado.

Al caer la tarde, Ester Forero, Francisca Guerra y el cura Serrano   arengaban a  los grupos aislados de la Calle Real, en tanto que  José Acevedo y Gómez trataba de reavivar los ánimos con vibrantes consignas. Sin el personal que venía del campo, el movimiento se estaba apagando  en medio de la niebla capitalina. Fue entonces cuando los chisperos de  San Victorino dieron nueva vida a las protestas: José  María Carbonell  con la gente de los suburbios se apoderó de Santa Fe, oleadas de antorchas iluminaron la plaza y las calles principales y a los gritos de ¡Cabildo abierto! y ¡muera el mal gobierno!  el pueblo hizo posible que el poder quedara  en manos de los criollos.

LA JUNTA SUPREMA DE GOBIERNO

Treinta y nueve ciudadanos firmaron el Acta del Veinte de Julio y otros quince se agregaron posteriormente  al cuaderno de Actas de la Suprema Junta. Los nombramientos fueron arbitrarios y selectivos;  pocos de los elegidos tomaron parte en los acontecimientos  y quedaron por fuera  los líderes populares y  las mujeres santafereñas

La crema y nata de la burocracia colonial constituyeron la  Junta del 20 de julio; figuraron clérigos de todas las denominaciones,  delegados de la Universidad Tomística y del Colegio del Rosario, algunos militares, un médico, un acaudalado comerciante, abogados de la Real Audiencia, regidores del Cabildo, los alcaldes de primer y segundo voto y un Oidor en representación del Virrey.

La selección fue clasista y racista. El único vocal con ascendencia totalmente indígena fue el sacerdote José Ignacio Pescador y solamente dos de los firmantes eran de entraña popular: uno fue  José María León, sacristán del Monasterio de Santa Inés y el otro,  Francisco Javier Serrano, de sobrenombre Panela, un sacerdote santafereño que  luciendo una sotana azul y con un cuchillo de monte en la mano, movió al populacho en la tarde y en la noche del veinte de julio.

VOCALES DE NACIONALIDAD ESPAÑOLA

Entre los miembros de la Suprema Junta es notable la representación peninsular: el Oidor español Juan Jurado encabezó las firmas del Acta y en la lista aparecen Bernardo Benjumea, Fray Antonio Gonzales, José María Moledo, Eugenio Martín Melendro, Juan José Mutiens, Martín París, José Martínez Portillo y  Juan Antonio Gómez. Son nueve hispanos entre 54 vocales,  lo que constituye un porcentaje muy alto y permite explicar el carácter de la Junta que, manipulada por Camilo Torres, reconoció la autoridad de la Regencia de Cádiz, ratificó los derechos de Fernando VII  y nombró al Virrey como su  presidente.

A medida que se radicalizaron las posiciones, los vocales españoles  tomaron partido en uno u otro bando: Fernando Benjumea y Fray Antonio Gonzales lucharon bajo las banderas del rey, en cambio Martín París murió en prisión por apoyar la República. En cuanto a Martín Melendro, sus servicios a la Independencia le valieron la persecución, el destierro y la confiscación de sus bienes;  a José Martínez Portillo lo fusilaron los patriotas mientras Juan Antonio Gómez, uno de los comerciantes más ricos del Reino, fue uno de los  personajes que mayor apoyo  brindó a  Bolívar.

El vocal español Teniente Coronel José María Moledo, pasó a la historia porque  el veinte de julio de 1820  mantuvo quietas sus tropas y al empezar el veintiuno remplazó a Sámano en la jefatura del batallón regentista de los  pardos cartageneros.

LOS VOCALES CRIOLLOS DE LA JUNTA SUPREMA

En la magna asamblea  algunos vocales eran oriundos de las provincias: entre ellos el panameño Manuel Pardo y ciudadanos de Chiquinquirá, Oicatá, El Socorro, Popayán, Monguí, Cali, Tunja, Cúcuta, Choachí, Pinchote y Neiva .

Un sino trágico persiguió a  los miembros de la Junta: el  “Pacificador” se ensañó con quienes fijaron los rumbos del primer gobierno republicano y hasta se ufanó al decirle a Bolívar que lo había librado de los abogados. Los asesinatos selectivos de los vocales fueron una calamidad para la Nueva Granada, pues el “Pacificador” Morillo  acabó de tajo con una clase dirigente de amplias luces y  dejó  la nación en  manos de personas formadas en los cuarteles.

Recordemos también el final trágico de  Acevedo Gómez en la selva de los Andaquíes y el de Francisco Javier Serrano que murió desterrado en la Guaira. En prisión falleció el sacerdote Juan Bautista Pey; en patíbulos y en cadalsos  terminaron sus días Joaquín Camacho, Antonio Baraya, Emigdio Benítez, Camilo Torres, José María Carbonell, Frutos Joaquín Gutiérrez, Miguel de Pombo y Sinforoso Mutis.

VOCALES RELIGIOSOS EN LA JUNTA SUPREMA

Con excepción del canónigo Rosillo, preso desde meses antes por sus actividades revolucionarias,  y del cura Serrano, señalado por las autoridades como sospechoso, los demás  religiosos se vieron implicados en los sucesos, más por la fuerza de los acontecimientos que por el interés en  la causa autonomista.

No obstante, es numerosa la representación de la Iglesia en la Junta; en la lista figuran los siguientes clérigos:

Fray Diego  Francisco Padilla- Religioso Agustiniano, hizo parte de la Comisión        de Negocios Eclesiásticos de la Junta Suprema. Sufrió prisión y destierro en La Guaira y Sevilla. De regreso a su patria ocupó el humilde curato de Bojacá, donde murió  en 1829-
Juan Bautista Pey- Arcediano de la catedral, en su viaje al destierro lo rescataron los patriotas y se dirigió a Jamaica; regresó muy enfermo,  pese a lo cual el general Morillo lo envió a un calabozo donde murió a los pocos meses de reclusión.
Leandro de Torres- Cura Excusador de la parroquia de las Nieves.
Fray Mariano Garnica- Prior del Convento de Santo Domingo- Rector de la Universidad Tomística
Nicolás Cuervo- Sacerdote de la parroquia de Santa Bárbara
Francisco Javier Serrano- Cura de Paime. Miembro de la Comisión de Negocios Eclesiásticos de la Junta Suprema
Ignacio Pescador- Cura de Funza
José Ignacio Álvarez- Capellán del Santuario de Nuestra Señora de La Peña, furibundo amigo del rey. Desde el púlpito atacó posteriormente a los republicanos.
Vicente de la Roche- Cura de San Victorino.
Julián Joaquín de la Rocha- Cura de Ataco
Antonio Ignacio Gallardo- Rector del Colegio del Rosario.
Pbro José Antonio Maya y Plata- Sacerdote oriundo de Pinchote.
Nicolás Mauricio de Omaña- Segundo cura de la Catedral-Miembro de la Comisión de Asuntos Eclesiásticos de la Junta Suprema.
Pbro Andrés Rosillo. Canónigo de la Catedral Notable activista y conspirador; fue confinado por el virrey a un monasterio de donde salió en hombros de la multitud el 21 de julio de 1810.
Juan Nepomuceno Azuero- Miembro de la Comisión de Asuntos Eclesiásticos de la Junta.

MILITARES DE LA JUNTA

Fueron cuatro los vocales pertenecientes a la milicia:

José Vicente Ortega y Mesa- santafereño cuñado de Antonio Nariño, capitán de las Milicias de Infantería.

Antonio Baraya, Capitán de milicias. El Diario Político de Santafé se refería al militar en los siguientes términos: ¡“Cuanto le debe la Patria!; él aquietó al pueblo en los momentos de su furor, él respondió con su cabeza por la quietud del batallón  y que si obraba, obraría por la libertad, él dio órdenes, dio consejos, trajo la compañía a la plaza y él ayudó con todas sus fuerzas a derribar a los opresores”. Hizo parte de la Comisión de Guerra de la Junta Suprema; su papel fue muy destacado en los primeros tiempos de la república.

Teniente Coronel José María Moledo, conformó la Comisión de Guerra con Baraya, Francisco Morales y José Sanz de Santamaría.

Rafael de Córdoba, Jefe militar de la Plaza, este militar payanés se convirtió en un verdugo de sus compatriotas; con la derrota española emigró a Cuba donde terminó sus días.

REGIDORES DEL CABILDO QUE CONFORMARON LA JUNTA

Francisco Fernández de Heredia
Fernando Benjumea
Pedro Groot
José María Domínguez
José Ortega
Juan Nepomuceno Rodríguez
José Acevedo y Gómez

También aparecen en el Acta Joaquín Camacho, abogado asesor del Cabildo y Eugenio Martín Melendro, Secretario de la institución.


VOCALES PERTENECIENTES LA REAL AUDIENCIA

Figura  el Oidor Juan Jurado en representación del Virrey Amar,  además  Juan José Mutienx,  escribano de la Real Audiencia y  José Ignacio Álvarez, Contador Mayor de la Institución.
En calidad de abogados de la Real Audiencia encontramos a:
Emigdio Benítez
Camilo Torres
Antonio Morales
Luis Eduardo Azuola
Frutos Joaquín Gutiérrez.
Miguel Pombo

FUNCIONARIOS DEL GOBIERNO EN LA JUNTA SUPREMA

Manuel Pardo- Oficial de Contaduría General
Sinforoso Mutis- Director de la Expedición Botánica
Gregorio José Martínez Portillo- Contador de Amortizaciones
José María Carbonell- Escribano de la Expedición Botánica
Juan María Pardo- Contador de Tabacos
José María Pey- Alcalde de Primer Voto
José Ramón de Leiva- Secretario del Virrey
José Sanz de Santamaría-Tesorero de la Casa de la Moneda
Luis Sarmiento- Administrador de Aduanas
Manuel de Pombo- Contador de la Casa de la Moneda
Ignacio Herrera- Síndico Procurador General

VOCALES DESCONOCIDOS

Se ignoran los antecedentes de José María Ramírez, Celi de Alvear y de fray José Chávez, ciudadanos que firmaron el Acta y no volvieron a verse en acontecimientos posteriores

Mientras en las calles los chisperos hablaban de independencia, la mayoría de los vocales de la Junta hablaban de autonomía y poder para los criollos. Los vocales le tenían pavor a la representación popular que lesionaba sus intereses y se sentían comprometidos con la monarquía que ató durante siglos a sus ancestros.


Ahora es justo reconocer a los personajes que se destacaron ese veinte de julio de 1810. Honor al pueblo santafereño, cuya movilización hizo posible la conformación de la Junta; honor a José María Carbonell sin cuyo concurso hubiera languidecido la manifestación popular. 
Admiración por José Acevedo y Gómez,  que actuó cuando el resto de criollos se escondía en sus casas  y agradecimiento al Virrey Amar y al comandante Moledo por impedir el derramamiento inútil de sangre bogotana.

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