viernes, 21 de junio de 2013

BAJO LA BOTA DEL GOBERNADOR TACÓN Y ROSIQUE

Alfredo Cardona Tobón*



En medio de la celebración de la fiesta de Jesús en la parroquia del Tambo, al sur de la Nueva Granada, un jinete desmontó frente a la iglesia y se dirigió presuroso al altar mayor. Era el doctor Ignacio Tenorio, un personaje importante de Popayán, en cuyo rostro se notaba el cansancio de la larga travesía desde Quito.

El viajero llamó al cura y ante la concurrencia de numerosos feligreses que se arrimaron a curiosear, al salir del templo dijo en medio de sollozos y espavientos que estaba dando gracias por llegar a una tierra buena, libre de la canalla impía  que había tomado el poder en la lejana ciudad.

LA REVOLUCIÓN DE LOS MARQUESES

Desde 1798 ya se hablaba de libertad en Quito y los conspiradores se movían por salones y saraos para preparar un golpe contra las autoridades españolas, el cual finalmente  reventó en la noche del 9 de agosto de 1809.

El doctor Ignacio Tenorio fue testigo de la rebelión y como amigo fiel del gobernador de Popayán, Miguel Tacón y Rosique, corrió aterrorizado a comunicarle la infausta nueva para que tomara las precauciones pertinentes, pues la amenaza se extendía a la Nueva Granada.

Al llegar a Popayán, Tenorio repitió el drama del Tambo y pintó a los conspiradores  como apóstatas, herejes y enemigos de Fernando VII, que armados y con dinero iban a extender su dominio por los contornos de la provincia sureña.
En tanto que los marqueses de Villa Orellana, de Solanda y de Miraflores se unían a los rebeldes quiteños, las fuerzas españolas de Popayán, de Cuenca, Guayaquil y Santa Fe adelantaron operativos para reducir a los criollo sublevados.

El gobernador de Popayán, Don Miguel Tacón y Rosique, azuzado por el clero empezó a difundir proclamas incendiarias contra los supuestos enemigos de su régimen y organizó una expedición que salió al encuentro de la columna criolla que avanzaba desde Quito.

Para fortuna de Tacón y Rosique, que contaba con una fuerza heterogénea y poco confiable, su enemigo marchaba bajo el mando de Francisco Javier Ascázubi, un entusiasta patriota de Quito, pero lego en el arte militar y de nervios muy flojos. La tropa del gobernador arrolló a los criollos y Azcásubi, aterrado por la gritería de una turba armada de palos, se escondió en los rastrojos donde lo capturaron unas mujeres patianas vestidas de soldado.

LA REACCIÓN DE LOS CRIOLLOS

Para atajar el creciente fermento revolucionario, el gobernador Tacón encerró en los calabozos a Mariano Meza, Joaquín Cordero y Mariano Carvajal, acusándolos de propalar rumores contra su persona.

La llegada a Popayán de Carlos Montufar, comisionado de la Regencia de Cádiz, bajó la presión de las autoridades españolas, que supieron que la metrópoli no estaba en condiciones de brindarles apoyo en caso de una revuelta. En consecuencia, Tacón liberó a los prisioneros y para ganarse al pueblo permitió la libre producción y comercialización del aguardiente.

Los sucesos del veinte de julio de 1810 en Santa Fe, catalizaron la reacción de los notables de Popayán que constituyeron una Junta de Seguridad y solicitaron una Junta Suprema.

Tacón y Rosique dilató la conformación de la Junta con la esperanza de unos refuerzos de Quito y la llegada de armas y cañones despachados desde el istmo. Al fin, el gobernador se opuso a la Junta Suprema, disolvió la Junta de Seguridad de Popayán y preparó un ataque para someter y acabar con la Junta criolla de las Ciudades Confederadas del Valle.

La Junta Suprema de Santa Fe apoyó a los vallunos y una columna bajo el mando del coronel Antonio Baraya marchó hacia Popayán, mientras otra columna de Neiva cruzaba el  páramo de Guanacas  para unirse con Baraya y  enfrentarse a los españoles y sus aliados.

El gobernador desfiló a caballo por las calles de Popayán acompañado del Cabildo y de multitud de cortesanos que iban atrás con música, voladores y vítores. Con abrazos y bendiciones Tacón conquistó el favor de los negros del Patía y de los indios de Juanambú y de Pasto, entonces reunió las montoneras y al son de cajas y clarines declaró la guerra a los insurgentes criollos.

LA BATALLA DE PALACÉ

Las fuerzas confederadas del Valle tomaron la ofensiva y obligaron a Tacón a dejar sus trincheras y salir a su encuentro. El 28 de marzo de 1811 chocaron las fuerzas enemigas en la pequeña explanada de Palacé en el camino de Cali a Popayán.

Tacón rompió fuegos y atacó con todo. Los patianos estaban dispuesto a morir por su rey, y no tanto los capitanes españoles que iban al frente de la caballería, quienes al cruzar el puente mandaron a los hombres al combate: "Ea hijitos- les arengaron-  vayan a pelear con valor en nombre de nuestro monarca, que nosotros nos quedamos aquí rezando el rosario para que Dios nos dé el triunfo."

La muerte de los comandantes Almarán y Moledo, alma del ejército de Tacón, desalentó a los seguidores del gobernador, quienes desordenados, abandonaron el campo de combate. El triunfo de los criollos tuvo importantes consecuencias: los rebeldes tomaron a Popayán y  Tacón  y Rosique se desplazó a la costa del océano Pacífico, donde las guerrillas  patriotas lo derrotaron y con 25 sobrevivientes de su ejército llegó a Lima. En 1819 viajó a España con el grado de Mariscal de Campo, el rey lo nombró gobernador de Málaga y de allí pasó a gobernar a Cuba.

El Cónsul norteamericano en La Habana, A. P. Trit, lo describió así:

Autoritario, rígido, agrio de carácter e indudablemente activo y enérgico. Un contemporáneo suyo decía que era el prototipo del caballero de
Castilla, orgulloso de su elevada posición, severo hasta la acritud en el ejercicio de sus funciones, firme como una roca y no obstante afable y cortés en el trato con los extranjeros, sentía una antipatía y un odio invencible a los criollos (hijos del país) posiblemente por sus antiguas campañas en sudamérica y no solo que no ocultaba estos sentimientos sino que se complacía en hacer ostentación de ellos".


Las primeras victorias criollas contra Tacón y Rosique fortalecieron a la Junta Suprema de Santa Fe y a la provincia de Cundinamarca, que con Nariño al frente, trataba de coordinar los esfuerzos de las provincias granadinas que aún no se decidían por el rey o por la  república.

 Vino luego el contraataque realista, y Pasto y Popayán se convirtieron en un cadalso anegado con sangre patriota



1 comentario:

  1. Excelente articulo. Gracias por divulgar y hacer real la historia de la ciudad mas historica de Colombia. Felicitaciones. Atte. Daniel B. Brunelesch C.

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