miércoles, 9 de enero de 2013

ANDRÉS ROSILLO Y MERUELO: UN CANÓNIGO REVOLTOSO



Alfredo Cardona Tobón



Durante la celebración del primer centenario de  la Independencia de Colombia,  se descubrió una placa de mármol, en la esquina norte de la Plazuela de La Capuchina en Bogotá, con la siguiente leyenda: “En este edificio donde estaba preso por su amor a la libertad, salió en brazos del pueblo, el 21 de julio de 1810, el canónigo magistral doctor Andrés Rosillo…¨”
Para los capitalinos interesados en su historia el canónigo es un personaje importantísimo, pero dudo que en el interior se le recuerde siquiera con una modesta placa.

¿QUIÉN FUE ANDRÉS ROSILLO?

Este notable personaje de  la Independencia nació en El Socorro, Santander, en 1758. Se graduó de abogado en el Colegio del Rosario y recibió la orden sacerdotal en Tunja en al año 1792. Andrés Rosillo ejerció su ministerio sacerdotal, ocupó la rectoría del Colegio Mayor del Rosario, fue abogado de la curia, sobresalió en los negocios y se le conoció, también, como uno de los mayores prestamistas de Santa Fe.

Ilustrado y conspirador, el canónigo se reunía en secreto con Francisco José de Caldas, con Torres y  otros jóvenes para hablar de política, de los últimos acontecimientos y de las ideas que se agitaban en las colonias españolas.

Al constituirse la Junta de Quito, el virrey Amar reunió a los criollos y a los españoles para estudiar la situación, previa promesa de permitir que expusieran  libremente sus ideas. Los peninsulares propusieron el sometimiento de los rebeldes quiteños, por la fuerza si fuere necesario, y los criollos opinaron que debía reconocerse la Junta de Quito y establecer otra semejante en Santa Fe.

El virrey  no tuvo en cuenta la opinión de los americanos y sin consultar con nadie envió 300 fusileros para reforzar las tropas de Popayán y atacar a Quito.  Mientras las tropas de Lima asesinaban a los autonomistas sureños, Santa Fe era un hervidero de rumores: se decía que iban a ultimar a los Oidores y que se fraguaba un levantamiento de esclavos.

Algunos santafereños organizaron una columna para evitar que las tropas del virrey marcharan al sur, pero la conjura fue descubierta, entonces, dos sobrinos de Rosillo viajaron a la  provincia del El Socorro y allí organizaron una pequeña fuerza que se retiró a los llanos del Casanare, donde se levantaron en armas contra el poder colonial.


LAS ACTIVIDADES DE ROSILLO Y MERUELO

Rosillo se movía entre los poderosos; a más del dinero tenia don de gentes y una cultura cosmopolita; también le gustaba figurar y estar al frente de todos los acontecimientos; por eso llevaba noticias agrandadas al palacio del virrey e inventaba rumores que hacía correr entre los criollos y alarmaba a los españoles.

Al conocer la prisión de los borbones, el  canónigo se acercó a la esposa de Amar y Borbón para ofrecerle al Virrey  la corona de la Nueva Granada, ya que el virreinato quedaba sin autoridad real, pues decía que Fernando VII habría perecido en manos de los franceses por lazo, espada o veneno. A Doña Francisca no le tentó la oferta, pero la inquietó sobremanera, pues Rosillo ofrecía la colaboración de 40.000 hombres en armas y decía que podía poner en marcha una gran rebelión de esclavos.

LA PRISIÓN DE ANDRÉS ROSILLO

La defensa de la Junta de Quito, los acontecimientos de los llanos y sus reuniones con agitadores de San Victorino lo empezaron a alejar de las altas esferas del gobierno y su  imprudencia alertó a los españoles, que rodearon al virrey, intensificaron los controles sobre los elementos criollos y pusieron tras de rejas a Nariño, al Oidor Miñano y a mismo Rosillo, a quien capturaron en El Socorro y lo condujeron con grandes precauciones a Santa Fe para confinarlo en el convento de Los Capuchinos

De haber estado libre, el canónigo Rosillo hubiera figurado en primera línea en los sucesos del veinte de Julio de 1810 que dieron como resultado la conformación de una junta de notables para dirigir al virreinato.

Al otro día una multitud azuzada por Carbonell  y los chisperos de San Victorino exigieron la libertad de Andrés Rosillo y de otros prisioneros y la aprehensión de varios Oidores. La Junta Suprema establecida en la madrugada de ese  veinte de julio ignoraron las peticiones del populacho que  se hizo sentir asaltando las casas de algunos Oidores  y liberando al canónigo Rosillo, a quien condujeron hasta la Plaza Mayor en marcha triunfal, entre flores, aplausos, voladores y música.

LAS ACTIVIDADES DE ROSILLO

El canónigo  desempeñó un papel muy importante en los acontecimientos previos y posteriores al veinte de julio de 1810. Cuando la Junta de Sevilla convocó a los americanos para que hiciesen parte de la Junta Central , Rosillo movilizó todos sus esfuerzos para que lo nombraran diputado de la Nueva Granada, lo que no pudo, pues al fin se eligió a Antonio de Narváez, representante del poderoso gremio mercantil de Cartagena.

En diciembre de 1810 la Junta de El Socorro,  en su calidad de suprema depositaria de los derechos del pueblo, e instigada por el presbítero, aprobó la erección de un obispado con Rosillo como primer obispo. El “cisma” de El Socorro encontró la más viva oposición de la Arquidiócesis de Santa Fe y fracasó el  intento.

En las luchas de la Patria Boba, Rosillo fue intensamente federalista e hizo todo lo que pudo para derrocar a Antonio Nariño, que ante los ataques del canónigo no tuvo otra alternativa que ponerlo tras de rejas. En la reconquista española, el “Pacificador” Morillo le perdonó la vida: de algo le sirvió la sotana y el dinero, pero lo remitió preso a la cárcel de la Inquisición de Valladolid, de donde salió al estallar la revolución de Riego.

De regreso a  la Nueva Granada, Rosillo intervino en la definición del Patronato Republicano y en febrero de 1823 alcanzó  la dignidad de Dean por el Capítulo Eclesiástico; con su elocuencia y su simpatía  le fue fácil  ganar la amistad de Simón Bolívar, a quien visitaba frecuentemente en Palacio.

Con los años se atenuó el deseo de figuración de Rosillo y murió tranquilo y en  santa paz con todo el mundo el  25 de septiembre de 1835.

El canónigo de El Socorro, con todos sus altibajos, con sus luces y sombras, fue uno de los grandes precursores de la Independencia; su espíritu burlón, chismoso y megalómano puso ají a los inquietos años de la independencia y su erudición y cultura marcó rumbos a nuestra naciente república.

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