martes, 25 de diciembre de 2012

EN LAS LOMAS DE BELALCAZAR-CALDAS-

Alfredo Cardona Tobón



La noticia del párroco de Palermo se regó como  pólvora en esa población del suroeste antioqueño, el levita informó en  la misa de once, sobre los lotes que Don Pedro Orozco estaba regalando en la Cuchilla de Belalcázar, donde  ese empresario ,fundador de la población de Támesis y repoblador de Ansermaviejo, se proponía levantar un nuevo caserío.

La pobrería de Jericó, de Támesis y de Palermo enrollaron esteras, metieron en un costal lo poco que tenían y unos  a pie y otros en bestia, tomaron el camino del Rosario y se dirigieron a  La Soledad, donde  Don Pedro Orozco, de verdad, estaba regalando lotes,  contratando peones para hacer abiertos en la montaña y financiaba tierras y semillas a los colonos.

La historia de la fundación de Belálcazar empieza el 29 de diciembre de1880 con la compra que hizo el salamineño Rudesindo Ospina de dos grandes lotes baldíos: El primero se extendía desde el río Risaralda hasta la Cuchilla de Belalcázar y el  segundo iba desde la Cuchilla hasta el río Cauca. En total eran unas doce mil hectáreas con linderos difusos y vagos que se prestaron para pleitos en el futuro.

 Dos años después de la compra al gobierno, el empresario Rudesindo Ospina vendió la mayor parte de  ese terreno a los hermanos Pedro y Jorge Orozco quienes cedieron una extensa faja a los  hermanos Correa de Támesis y procedieron a parcelar el resto de la extensa propiedad.

De 1880 a 1896 Pedro Orozco adquirió casi toda la  Serranía de Belalcázar, obtuvo gran parte de la banda izquierda del rio Risaralda y extensos predios en Varillas, consiguió numerosos derechos en los Resguardos indígenas de Tabuyo, Guática y Tachiguí,  y se convirtió en uno de los mayores accionistas de las minas de Supía y Marmato. El empresario compraba y vendía, financiaba con amplios plazos, daba ganado en  compañía y negociaba cosechas.

Fermín López,  Sótero Vélez  y demás colonizadores de su época fueron enanos al lado de Pedro Orozco, un empresario de visión y pocos escrúpulos que movió dinero, abrió frentes de trabajo, se asoció con Rudesindo Ospina y con los Chávez para abrir caminos y construir pontones, y actuó en equipo con los políticos caucanos de todas las pelambres y colores  para conseguir a vil precio los terrenos de los resguardos indígenas del norte del Cauca.

Hay que abonarle a Pedro Orozco su apoyo a los paisanos tamesinos; testimonios de antiguos pobladores lo muestran como hombre amplio y  generoso que les compró cosechas en tiempos difíciles, así tuviera  abarrotadas sus bodegas con maíz y fríjol.

A fines del siglo diecinueve Don Pedro cansado de conseguir dinero regresa a su tierra natal  y vende las propiedades en Ansermaviejo  mientras su hermano Jorge, se retira, también de Ansermaviejo y prueba fortuna en Victoria, Tolima.
Después del retiro de Don Pedro, el caserío de La Soledad empieza a declinar y parece que seguirá la misma suerte de Santa Ana y de Varillas, cuyas ruinas desoladas, devoró  la maleza, pero la guerra de los Mil Días saca la aldea de la agonía, pues llega una oleada de colonos antioqueños, tan pobres como los llamados por Pedro Orozco, quienes se instalan en los terrenos incultos de Belalcázar sin que les importe un bledo los derechos de los propietarios ausentes.

LA LUCHA POR LA TIERRA

Centenares de familias usurpadoras se asientan dentro de  grandes haciendas y ocupan lo que no tenga dueño a la vista. Pasada la guerra los propietarios afectados conforman la “Sociedad de terrenos de Risaralda” y dan poder a un abogado para que establezca  juicio de policía ante las autoridades competentes para proceder contra los invasores.

En 1905 los dueños de las fincas Cuba, El Zancudo, Montegranario, Aguila, Moralva, Pinares, Alejandría, Equis, Palmera, Suiza, Turquía, Zulia y otros tantos piden protección a las autoridades contra  los colonos, que capitaneados por Bonifacio Torres, amplían más y más sus cultivos. La situación es muy grave. La violencia aumenta y  hay choques sangrientos. El 2 de noviembre de  1905  Alejandro Gutiérrez, gobernador de Caldas, envía el siguiente telegrama al alcalde de Anserma: “No deje atacar propiedades aunque estén incultas, pero colonos que tienen  más de un año posesión tranquila con casa y labranza tiene usted obligación de ampararles contra propietarios, cuyos derechos se harán valer ante poder judicial y entonces presta mano  fuerte a sus decisiones.”

José  Restrepo, Secretario General de la Gobernación da instrucciones al alcalde de Anserma y agrega:  “ En las diferencias entre el propietario y el colono, cuando la propiedad esté amparada por títulos, si los primeros se quejan, ampáreles contra los enganches indebidos, porque los colonos que no estén situados en terrenos baldíos, mal podrían continuar trabajos indefinidamente, apoderándose de su propiedad y permaneciendo la autoridad con los brazos cruzados ante las quejas de  los interesados...”

Ernesto Arango, Ricardo Cock, Buenaventura Chávez, Antonio Santamaría y   otros empresarios desacreditan a Bonifacio Torres, líder de los colonos, y lo llevan a juicio por falsificación de unos telegramas. El 11 de febrero de 1911 el Tribunal Superior de Manizales obliga a Esteban Clavijo, a  Alejandro Cevallos y a nueve colonos más a restituir a Jesús Constaín los lotes de terreno con sus potreros, casas y plantaciones, situados  en la margen izquierda del río Risaralda.

En los innumerables litigios, alimentados por tinterillos, la peor parte la llevan los cultivadores con menos recursos económicos. En 1911  se adjudicaron 315 hectáreas de baldíos a José Mejía y en 1919 el Ministerio de Agricultura cedió 555 hectáreas  en el valle del río Risaralda a Luis Robledo . En 1935  150 colonos se aferran a 1060 hectáreas de mejoras que representan 20 años de trabajo,  pero la Resolución No,. 28 de 1935 del Ministerio de Industrias cede dicho terreno a uno solo individuo que no cultivará jamás esa tierra y tilda a los colonos que se la habían arrebatado a la selva como “perturbadores de la propiedad y del orden público”,

Los campesinos sin tierra entraron  poco a poco a la inmensa y abandonada hacienda de Alejandría, establecieron  cultivos  y levantaron  un caserío con un callejón como de cuatro cuadras. El propietario de la hacienda era Braulio Murillo, quien no se inmuta con la invasión pues aseguraba que “la tierra solita se encargará de sacarlos”  Y así fue en efecto, pues hacia 1948 el paludismo, la fiebre amarilla y la violencia política en Anserma acabaron con el pueblito de Alejandría.

Muchas de las iniquidades cometidas en las laderas del rio Risaralda se ocultaron o no se conocieron,  uno de los tantos casos fue el de un gran propietario de la zona de "La Libertad" que montó  su finca con el trabajo de indígenas chamíes; los engañó con los jornales y cuando florecían los cafetales y los potreros estaban  listos para vestirlos con ganado , montó a los nativos en un bus  con el pretexto de un paseo y los dejó abandonados  en cualquier soledad de las sabanas de Bolívar; otro empresario aprovechó la violencia política de los años cincuentas del siglo pasado para desalojar a los pequeños propietarios del casaerío de" La Libertad"  y comprarles a menos precio..

Cada poste de las cercas de las haciendas de las laderas y el Valle de Risaralda representa un colombiano muerto por la malaria, la fiebre amarilla, los bichos, los accidentes y la violencia...  les falta el travesaño para formar las cruces de ese enorme camposanto.

1 comentario:

  1. Había un pariente político mío, algo así como el marido de una prima en cuarto grado, una anciana pequeñita y el pelo corto como una muchacha, el señor, digo, me regaló un zurriago largo y flaco que guardaba en mi armario a veces y otras veces recostado contra una pared, a modo de adorno sui generis; lo visitamos con mi familia unas pocas veces, a los parientes campesinos, siempre vivieron ellos en veredas cercanas a los barrios obreros de Pereira como Nuevo Sol y otra cerca a Marsella, el hijo de ambos adoptado, me gustaba su cara risueña siempre y con un sombrerito de tela. Cuando se mudaron a Belalcázar, no los visité, siempre me quedé con las ganas de decirle al anciano que me enseñara los secretos de magia para curar personas y animales que me dijeron que sabía, y no pude en este pueblo del cristo gigantesco, quitarle un poco estos secretos.
    jotagé gomezó

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