viernes, 28 de diciembre de 2012

EL RESGUARDO INDÍGENA DE TABUYO

Alfredo Cardona Tobón.

Despues del éxodo de los encomenderos españoles, los indígenas tabuyos ocuparon la poblacion de Ansermaviejo


Un vientecillo  juguetón se coló entre la torre de guadua de la capilla de Tabuyo como tratando de empujar el rejo de la campana que llamaba a misa; un  gavilán giraba y giraba encima del rancherío preparando el embate a unos pollitos que salían de vez en cuando del encrespado plumaje de una gallina para picotear los grillos; y mientras el sol se desperezaba salían de sus chozas los indios medio dormidos: varones y mujeres viejas y mozas, con niños de brazos y muchachos de surtidas edades quienes,  por un estrecho sendero tallado en el flanco de la montaña, se dirigían al templo donde el cacique Bartolo Tabarquino miraba y hacía cuentas, pues si faltare algún feligrés el cura doctrinero se lo cobraría con multa, con cepo o latigazos.

Los nativos asistieron a la ceremonia donde un fraile franciscano hablaba un idioma desconocido y les obligaba a adorar a un Dios flagelado al igual que cualquier indio alzado contra los españoles.
Al llegar el Prefacio los indios bautizados permanecieron en la iglesia, el resto esperó  afuera hasta la terminación de la misa cuando volvieron a entrar a rezar por la salvación de sus almas.

Habían transcurrido ocho años desde la fundación de Anserma y la llegada de los conquistadores. Allí estaban  desplazados los vencidos  a merced de los encomenderos. La desnutrición, las enfermedades traídas por los europeos y el trabajo esclavo los estaban diezmando. Algún escribano, por piedad o movido por una pepa de oro, con fecha 7 de agosto de 1547,  redactó un memorial firmado por el cacique  y dirigido a las autoridades virreinales  donde se mostraba la desgracia de la tribu de los tabuyos y solicitaba la autorización para regresar al sitio de Umbría, de tierras fértiles, buenas aguas, temperatura saludable y montes apropiados para cortar madera.

La  poca natalidad, debido en gran parte a la falta de hombres en la aldea, ya que estaban beneficiando oro en Quiebralomo y Buenavista, no compensaba la  altísima mortalidad. En 1582, en la región de Anserma, sólo quedaban 800 indígenas explotados junto con mil esclavos negros por 24 españoles viejos.

En 1627 los encomenderos gestionaron créditos reales para importar más esclavos negros para trabajar las minas, y ante la despoblación indígena el Oidor Lesmes de Espinosa y Saravia reunió en la aldea de Tabuyo a los sobrevivientes de los repartimientos de Upirama, Ipa, Aconchare, Napiera, Irra, Tusa, Indipiati, Piesa y Chátapa para aprovecharlos en la  extracción de oro  y facilitar su adoctrinamiento cristiano.

 TABUYO Y ANSERMAVIEJO.

La orden de extinción del convento de San Luis, notificada el 24 de septiembre de 1777, marcó la desaparición de Santa Ana de los Caballeros de Anserma, cuyos vecinos españoles y criollos se habían trasladado unos años atrás a las vecindades de Cartago donde fundaron la población de Ansermanuevo.

Pese a la emigración de los blancos no desapareció la aldea de Ansermaviejo. Los indios de Tabuyo abandonaron paulatinamente su rancherío y se instalaron con su alcalde, su alguacil y un cura doctrinero en la antigua población de los encomenderos. Cuando la guerra de Independencia arruinó la población de Ansermanuevo, los tabuyos dependieron de Cartago, luego de Toro y en 1869 quedaron bajo la jurisdicción del distrito de Quinchía.

EXTINCIÓN DEL RESGUARDO.

Don Pedro Orozco acaba de liquidar la sociedad colonizadora de Támesis y con sus hermanos Jorge y Leopoldo inicia en el año 1870 sus negocios de tierra en Ansermaviejo.
El gobierno del Cauca autoriza la venta de los Resguardos y se facilita la operación de los empresarios paisas  que se asocian con funcionarios corruptos y políticos ambiciosos para quedarse con  los terrenos de los nativos.

La parcialidad de Tabuyo vende el área de Varillas, hoy municipio de Risaralda, a los Gamboas y contrata a William Martin para que mida y  divida en lotes el Resguardo.
Hacia 1878 una Junta Repartidora compuesta por el alcalde de Quinchía, el notario, el corregidor y  el administrador de la parcialidad reparten las 6147  hectáreas del Resguardo: dejan 51 hectáreas  para edificar una población, le pagan a William Martin con un gran globo de terreno, se adjudican  varios lotes y entregan  53  parcelas de 43  hectáreas cada una  a los comuneros tabuyos.

Con remates amañados los Orozco, Rudesindo Ospina, el Jefe militar Ponciano Taborda y Juan de Dios Gamboa se adueñan de la mayor parte de los ejidos cedidos por el gobierno caucano a los vecinos de Ansermaviejo. Los mejores baldíos quedan en manos de la familia Henao de Manizales, de Rudesindo Ospina, los Gartner y los Santacoloma.

Los curas de Támesis, Palermo y Jericó invitan a sus parroquianos a radicarse en Ansermaviejo donde los empresarios les venden o les financian parcelas con amplias facilidades. En diez años los indios quedan sin tierras. Sin lengua y sin identidad  los tabuyos se funden en el crisol del mestizaje para convertirse en peones de los pobladores antioqueños.
El 19 de septiembre de 1899 José María Clavijo y otros 43 descendientes de los tabuyos tratan de recuperar las 51 hectáreas separadas para fundar una población, pero era tarde, pues  Maximiliano Pamplona las había  vendido a varios colonos paisas, quienes empezaban a dar aliento en esos terrenos al poblado de San Pedro, que en poco tiempo se convirtió en corregimiento del moderno municipio de Anserma.

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