miércoles, 31 de octubre de 2012

LAS TRINCHERAS DEL CERRO " EL NUDO"- Pereira- Col


Alfredo Cardona Tobón*

                                     Pereira y al fondo el cerro  El Nudo

“¡Roncas aguas del Otún! que las arenas
que al Cauca en confusión llevais,
vayan manchadas con la sangre nuestra,
grano por grano, sin quedarse atrás”
( El “ Tuerto” Echeverri)
En  el campamento a orillas del río Otún el famoso “Tuerto” Echeverri,   templaba su lira para animar a los combatientes conservadores, que  retrocedían con orden hacia la frontera antioqueña tras la derrota  en la batalla de los Chancos; vencidos en combate pero con la moral en alto, los paisas se detuvieron en Pereira y  establecieron en la orilla  sur del río Otún un  ancho frente que se extendió hasta  Segovia (Marsella).
Mientras los antioqueños fortalecían sus defensas en las goteras de Pereira, los liberales caucanos seguían de lejos los movimientos del enemigo, hostilizando continuamente a los paisas  sin presentar una confrontación directa, pues en esos momentos eran inferiores en hombres y en armamento.
Los conservadores de Antioquia contaban con refuerzos en las bases de San Julián en Villamaría  y  en el punto de Armenia en territorio manizaleño, debían haber atacado al tener todas las ventajas para entrar en combate,  pero   el general Marceliano Veléz, su comandante general, prefirió esperar dando oportunidad a los caucanos de fortalecerse y tomar la iniciativa, y esa fue la causa del desastre posterior en Manizales.
“ Allí está el enemigo,¡pues que venga!
Tiembla su parche, déjalo temblar,
que ese parche nos dice que se acerca
bañada en sangre la bendita Faz”
En los versos del Tuerto Echeverri se palpa el espíritu de los antioqueños, a quienes no importaba la derrota de los Chancos, tenían la convicción de la victoria final pues estaban cobijados por las banderas de la Virgen María, la bendición pontificia y el coraje de luchar en defensa de sus hogares y de su territorio.
Los caucanos, por su parte, fortalecidos por la victoria en Los Chancos, tenían el aliciente del botín y de las mujeres en los saqueos que  les prometían sus jefes y contaban, además, con el convencimiento de que, aunque inferiores en número y en armas, eran superiores a los paisas en valor y capacidad de lucha.
El primer amague de lucha se presenta en Cartago; una columna de valientes soldados riosuceños, aliados de los paisas, y bajo el mando de Benigno Gutiérrez  frena en seco una avanzada caucana y recupera  la ametralladora que los paisas perdieron en Los Chancos
A partir de ese momento se presenta una cadena de escaramuzas y tanteos durante los  días 13, 14 y 15 de noviembre de 1876; los caucanos se mueven con cautela tanteando las defensas del enemigo fuertemente atrincherado en las  márgenes al sur del río Otún y en las altura de El Nudo, un cerro al lado de Pereira, desde donde se puede divisar cualquier movimiento de tropas en un radio de varios kilómetros.
Durante ocho días el fuego de la artillería caucana martilla las posiciones paisas y 2500 combatientes caucanos en vez de atacar las defensas del Otún toman a Santa Rosa de Cabal y la aldea de Gutiérrez, y amenazan los flancos antioqueños.
LA CORTADA DE ‘EL NUDO’
A lo anterior se sumó la pérdida de las trincheras del Cerro de El Nudo que inutilizó las defensas del Otún y cambió totalmente el  escenario de la guerra. La suerte de las armas no se decidió en Pereira, la guerra habría de definirse en Manizales, adonde en retirada ordenada se  dirigió toda la fuerza antioqueña
En la famosa “cortada de El Nudo” del 14 de noviembre de 1876 pudo más la sagacidad que la fuerza, la inteligencia que los tiros. Esa mañana  los soldados antioqueños apostados en las trincheras del cerro, hambrientos y cansados por una noche en vela viendo que se demoraba el relevo, dejaron los puestos y se dirigieron al campamento sin esperar que llegaran sus compañeros. Todo estaba en calma, y pensaron, quizás, que los caucanos a millas de distancia, tendrían que romper las defensas del Otún para llegar al cerro de El Nudo. Ese procedimiento irregular seguramente sucedía a menudo y la inteligencia caucana estaba sobre aviso.
Con la ayuda de un baquiano  soldados del batallón Zapadores y del Cuarto del Quindío, bajo el mando del general Miguel Bohórquez, treparon por las faldas del cerro sin ser detectados entre la maleza y esperaron que los centinelas de las trincheras las abandonaran y de inmediato las ocuparon. Al poco rato el coronel Eusse con cuatro oficiales y sesenta soldados antioqueños llegaron a las trincheras a relevar a sus compañeros y cayeron prisioneros de los caucanos sin haber podido disparar un tiro.
LOS ANTIOQUEÑOS  RETROCEDEN A SUS FRONTERAS
Con la toma  de El Nudo los antioqueños quedaron entre dos fuegos y  sus altos mandos militares no tuvieron otra alternativa que mover las tropas del Otún y retroceder hacia la frontera. El coronel Macario Cárdenas  relata la retirada mostrando un optimismo que no parece lógico en esos momentos tan críticos: “... se ejecutó  a la vista del enemigo, quien no se atrevió a dar un paso en nuestra persecución, a pesar de no tener en ello inconveniente, y nos tenéis aquí sin pérdidas, con el ejército muy contento, y  todos deseosos que el enemigo se haya movido hacia nuestras fronteras... pues estamos en territorio amigo y conocido, separándonos de un punto en que no habríamos podido permanecer por más de cuatro días y en donde todos nos eran hostiles... tengo fe en que sin nos atacan en nuestras fronteras, venceremos..”
Días después de la marcha antioqueña, el ejército caucano cruzó el río Otún, estableció un campamento en Palestina y chocó de frente con la retaguardia paisa en el sitio de La Cabaña. En los últimos meses de 1876 y hasta marzo de 1877 los liberales del Cauca tendrán que vérselas con un enemigo que les venderá caro cada centímetro de su territorio. Vendrán los combates del Arenillo y Morrocaliente hasta la batalla del  5 de abril de 1877 en Manizales, cuando Antioquia entera llora la derrota y la gente del Cauca escribe la página más heroica de su historia.
Durante el resto de la campaña el general Bohórquez llevó en su sombrero una cinta con la inscripción  “La cortada de El Nudo” y el coronel Eusse  y demás prisioneros del cerro del Nudo, fueron a parar a una cárcel de Cali, donde sus copartidarios los liberaron tras otra operación audaz y sorpresiva.
* Miembro de número de la Academia Pereirana de Historia.

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