jueves, 27 de septiembre de 2012

SANTA ANA- GUÁTICA-

LA ÚLTIMA FUNDACIÓN INDÍGENA



Alfredo Cardona Tobón*

La historia del corregimiento de Santa Ana en Guática está registrada en el archivo del Resguardo de Potreros.  No se si alguien conservó ese archivo que tuve la oportunidad de revisar y estudiar en el año de 1970.

“Salvador Pineda era un paisa muy formalito y con plata- me contó don Manuel Tonuzco, último gobernador del Resguardo-  Le gustaba mucho la fiesta de la Virgen de las Mercedes y por eso los viejos del Resguardo de Guática le regalaron un lote muy grande. Puso cafetera en la finca y ganadería y cogió mucho café, que se le perdió por falta de trabajadores y eso  que pagaba entre cinco y siete centavos la pucha”.
 
Con su devoción  por la Virgen y con su simpatía y don de gente Salvador Pineda se echó al bolsillo a los nativos de la parcialidad de Guática quienes el  tres de mayo de 1888 lo nombraron Administrador del Resguardo con un pago por sus servicios de doscientos pesos, más la  tercera parte del salado que eligiera y otra tercera parte por cada otro salado que descubriera. Con los negocios de los salados y las propiedades de los nativos, Salvador Pineda, compró en 1890, a un precio bajisimo, un gran lote del Resguardo en el sitio del Palmar y otro globo extenso de terreno en el punto de Varales.

 Parecía que los nativos  guatiqueños no sabían qué hacer con sus tierras; presionados por los curas de la aldea de Pueblo Nuevo, hoy San Clemente, regalaron  terreno a cuanto paisa se “manejara bien con ellos” y como no tenían dinero para medir sus tierras le pagaron al agrimensor William Martin con una gran propiedad en la tierra fría.

En 1914, tras una feria irresponsable con sus bienes, los nativos de Guática habían perdido la mayor parte del Resguardo y  su heredad ancestral  estaba en gran parte en poder de los compadres paisas, los invasores, los políticos y de los leguleyos de Riosucio y Cartago; de la zona asignada en 1627 por el Oidor Lesmes de Espinosa y Saravia, solo les quedaban  unos globos de terreno en las tierras  palúdicas a orillas del río Risaralda y en los puntos de Potreros y los Araos.

LA VISITA DEL JERARCA ECLESIÁSTICO

En 1916 El Obispo Concha anunció visita a Guática, una fundación indígena que  estaba ocupada totalmente por los paisas; fue un acontecimiento que movió a antioqueños y a  nativos para recibir de la mejor manera al  alto dignatario de la Iglesia Católica; los indígenas tenían la esperanza  que el prelado  llegara  a sus caseríos y engalanaron el camino entre el rancherío de Potreros y la cabecera de Guática con arcos de flores, pero el obispo no pasó de la cabecera de Guática.

Una comisión encabezada por Luciano Tonuzco y Juan Aricapa, acompañada por una banda de música, se entrevistó con  el Obispo  y le acompañó a manteles en el amplio comedor de la casa cural; desde un extremo del corredor lleno  de begonias y de bifloras, los primitivos  pobladores de Guática le indicaron que allá abajo, en la hondonada, donde estaban sus casas y sus cultivos aún no tenían una capilla.

 “ Esto es lo que nos queda de tierra su Reverencia- le confesaron los indios.
-¿Cómo se llama el  caserío?- indagó el Obispo señalando unos ranchos desperdigados en la lejanía.
 
- Lo llamamos Potreros- contestaron los nativos.
 
El ilustre prelado los miró con cariño al ver su devoción y su desgracia,  pasando el brazo por el hombre de Luciano Tonuzco, les dijo:
 
-Continúen llamándole mas bien Santa Ana, hijos míos, para que la Santa Patrona los proteja y los llene de bendiciones. 

LA LUCHA POR SANTA ANA

Como la vieja escuela de la zona indígena estaba en ruinas, las autoridades de Caldas no sabían si edificarla  en  la vereda del Poblado o en Santa Ana, entonces los vecinos de Santa Ana comisionaron a  Pedro Juan Tonuzco para que organizara mingas y armara un rancho para acomodar a la maestra y forzar así el establecimiento de la escuela. 
 
Los mayores pensaron que Pedro Juan, mozo de naciente bozo, enamorado y guarapero no iba a ser capaz de cumplir con el encargo. “ Si no hicieron el rancho los viejos y dejaron a misia Margarita Tonuzco con los bancos en el camino, menos lo harán estos mucharejos que apenas alargaron pantalones”; pero los mayores  se equivocaron, pues Pedro Juan y la muchachada animaron a la gente de los  Araoz ( Paraíso), de Regaderos ( San Dimas), del Salado y de Suaiva y construyeron no un rancho, sino una casa de teja y de bahareque embutido, pintada con cal  y patio con veraneras, dalias  y una palomera, donde  empezó a funcionar la nueva escuela rural  con Sofía Calderón al frente de veinte alborotados chiquillos.

Después de construir la escuela, la comunidad de Santa Ana trató de  conseguir el permiso de la diócesis de Manizales para levantar una capilla, pero un sacerdote de apellido Torres se negó celebrar la novena de la fiesta de Santa Ana y obstaculizó el proyecto pues quería que la capilla se construyera en otro sitio.

El 26 de mayo de 1947 Manuel Tonuzco escribió la siguiente carta al Obispo:

"Ilustrísima Reverendísima:
Con todo respeto me permito informarle lo siguiente:  En la actualidad yo soy el presidente del pequeño Cabildo de la parcialidad de indígenas e interpretando el querer de mis compañeros y el mío propio, manifestarle comedidamente,  que por permiso especial de la diócesis nos fue concedido  el hacer una capilla en este lugar, la cual tenemos muy adelante  y donde se venera nuestra Señora "Santa Ana", pero ocurre que dese el año pasado no se hace el novenario ya que el reverendo padre Torres A. de la parroquia de Guática, se negó rotundamente a hacernos la fiesta de rigor, es decir no nos dio como era costumbre el último día de novenario.
Me permito solicitarle que si en lo sucesivo el reverendo padre Torres Al nos dejas sin nuestro día para la fiesta, nos conceda celebrar aquí todo el novenario para lo cual con su permiso traer un reverendo padre de otra parte para efectuarla."

Al crearse la diócesis de Pereira, el sacerdote Lázaro  Isaza apoya la iniciativa de la capilla. Con escuela y templo y las condiciones de ley, por acuerdo No. 27 del 19 de diciembre de 1964, el Concejo de Guática autorizó la creación del corregimiento de Santa Ana de acuerdo con los límites señalados por la comunidad indígena que incluía las siguientes veredas: Santa Ana,  Pitumá,  El Poblado, El Silencio, Yarumal, Santa Teresa,  Suaiba, Tarqui, Taijara, Guayumbo,  Sundaga, El Jardín,  Sirguia, Travesias,  Tauma, San Dimas, Tumaiba.
 

La violencia política de mitad del siglo XX remató el daño hecho por los paisas. Santa Ana dejó de ser una aldea indígena para convertirse en un poblado mestizo  sin la identidad del Resguardo de Potreros. Algunas veredas del corregimiento conservan sus nombres indígenas, muy bellos y sonoros, como Suaiba, Guayumbo, Súndaga, Sirguía, Taijara, Tauma, Tumaiba y Sirvia... por capricho de curas y funcionarios muchos se cambiaron por otros nombres que nada tienen que ver con el pasado de una comunidad indígena con historia y presencia, que junto con los nativos de Quinchía, son los verdaderos ancestros nativos de Risaralda.

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