miércoles, 4 de abril de 2012

EL SEÑOR DEL IMPROPERIO

Alfredo Cardona Tobón.



A la salida de Pácora, al lado del Asilo de Ancianos de Salamina, se levanta la hermosa capillita de Nuestra Señora de la Merced, construida en 1883 por el sacerdote Felipe Suárez; al entrar  se palpa la solemnidad del pequeño oratorio y  a los pocos pasos de la puerta izquierda de la capilla, el peregrino encuentra un gran cuadro de Jesús Nazareno iluminado por veladoras.

Es el cuadro del Señor del Improperio, del Señor vejado y humillado, con la cabeza coronada de espinas y con  el gesto de desolación y la mirada de desconsuelo  de quienes sienten  que Dios los ha abandonado entre  el dolor y la desesperanza.

Este Jesús vituperado y oprobiado crea sentimientos encontrados entre los fieles de Salamina; para unos es un símbolo de fe que en su amargura señala el camino de la redención,  para otros esa  figura macilenta y flagelada inspira un sentimiento de terror  en medio de las luces huidizas del crepúsculo.

No está clara la historia del Señor del Improperio:  su existencia quizás empieza durante el curato del valiente y rebelde padre Canuto Restrepo. Quienes han seguido de cerca la  historia del lienzo dicen  que en 1860 don Jesús García y su esposa Doña Josefa Alzate lo  instalaron en su finca en La Cuchilla, afirman que el enorme cuadro del Señor martirizado vino de Quito, aunque otros creen que es una obra riosuceña salida del pincel de  Palomino  o de uno de los tantos artistas del Ingrumá .

El Señor del Improperio no es una obra de arte, pero tiene algo que toca las almas flageladas por el dolor y la injusticia. Cuando llegó a Salamina, los vecinos luchaban  contra el liberalismo radical y anticlerical y el sacerdote Canuto Restrepo estaba al frente de la parroquia levantada en armas; fue una época de persecución y atropellos contra el catolicismo y los sacerdotes que no quisieron plegarse a las disposiciones oficiales.

Debajo de los hábitos del  padre Canuto Restrepo estaba el combatiente conservador que combinaba el rosario con los fusiles y las bayonetas, por algo lo llamaron Monseñor Trabuco; en 1851 el padre Canuto Restrepo emboscó en Abejorral a  una patrulla para quitarle un cargamento de armas, en 1860 se enfrentó en Salamina a una partida que intentó liberar los presos liberales que conducía a Medellín y en 1879 respaldó otra revolución conservadora, por lo que  fue desterrado del país y viajó a Roma donde el Papa lo nombró Obispo de Pasto.

No fue extraño que el padre Canuto viera en el cuadro burdamente pintado a su religión perseguida y el dolor de tantos sacerdotes obligados a marchar con trajes rojos en las filas de los radicales. Por eso en  el año 1883, al dejar el Obispado de Pasto, y pasar por Salamina con rumbo a su Abejorral natal, celebró un fiesta apoteósica en honor del Señor acongojado de su antigua parroquia que instaló con honores en la capillita de la Virgen de las Mercedes.

El sacerdote Felipe Suárez fue otro  devoto admirador  del Señor del Improperio. pues como el padre Canuto  Restrepo sufrió la persecución  de los radicales en 1879 y debió internarse en la montaña para  evitar que lo apresaran. Con  la paz religiosa durante la hegemonía conservadora, el Señor del Improperio perdió vigencia;  un día cualquiera  retiraron el cuadro del recinto sagrado y lo guardaron  entre cosas viejas en un sótano del Hospital.

Se tejen muchas leyendas sobre el regreso del Señor del Improperio a la capillita de Nuestra Señora de la Merced,  una versión habla de ruidos  extraños que  sobresaltaron a las monjitas de la Presentación que en altas horas de la noche escuchaban lamentos y  ruidos de algo que se arrastraba sobre el piso. El fenómeno se repitió muchas veces  y el párroco  intervino para averiguar la causa de tanto desasosiego. Al revisar el sótano notó que el cuadro del Señor del Improperio estaba sobre un muro, lejos de donde lo habían colocado meses antes. El sacerdote le quitó el polvo y las telarañas. lo instaló de nuevo en la capilla de La Merced y entonces cesaron los lamentos y los ruidos en el sótano.

El padre Guillermo Duque Botero fue un fiel devoto del Cristo del Improperio. Escribió un bella y piadosa novena con la anuencia  del Arzobispo y contrató al maestro Manuel Vargas Marroquín para que restaurara el lienzo y le colocara un marco dorado con vidrio protector. Doña Teresa Ospina de García suministró durante toda su vida el aceite de higuerilla que mantuvo  prendidas las lamparillas del  Señor del Improperio,  y cuando murió la piadosa señora, Doña Rosita Serna se encargó por muchos años de moler las pepas y purificar el aceite, hasta que aparecieron las veladoras de parafina.

La fe que los fieles salamineños depositan en el Señor del Improperio les ha concedido numerosos favores. De un almacén de la población despachan la novena y las estampas  de ese Jesús en desgracia a ciudades de todo el país y al extranjero, pues  los salamineños que han abandonado su pueblo para  probar fortuna, no olvidan  las creencias de sus mayores.

Se puede creer o no creer en los milagros  del Señor del Improperio, pero una cosa es cierta : cuando se mira esa imagen sentimos algo extraño, una mezcla de dolor y de impotencia semejante a los que vivimos tras cada masacre, tras cada bomba o secuestro. En su presencia no vemos la esperanza sino la desesperanza ante tanta iniquidad y tanta injusticia que no parece tener fin en nuestra desolada Patria, que algunos consideran olvidada  por la Voluntad Divina como  cuando Jesucristo en la cruz  pregunto al Padre Eterno  por qué lo había abandonado.

3 comentarios:

  1. QUE RESEÑA TAN HERMOSA DIOS LO BENDIGA, EL SEÑOR DEL IMPROPERIO ES MUY MILAGROSO. GRACIAS.

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  2. Gracias Jesús del improperio por tus milagros sagrados y por dar tu vida por nosotros!!! Te amamos!!! Felicidades por la Iglesia de Salamina hermosa!!!!Bendiciones

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