sábado, 14 de abril de 2012

EL PADRE NAZARIO RESTREPO Y LOS NAVEGANTES DEL RIO RISARALDA

Alfredo Cardona Tobón.



El primero de marzo de 1911 un grupo de exploradores, dirigidos por el padre Nazario Restrepo, empujaron siete balsas de guadua al río Risaralda y se dispusieron a navegar aguas abajo, partiendo del sitio de Marsella hasta su desembocadura en el río Cauca.

Desde el alba el padre Nazario con el cura de Anserma Ismael Sepúlveda y el alcalde de dicha población, Ramón Orozco, se  dedicaron a ultimar los detalles de la expedición. Armaron las balsas con gruesos lazos de cabuya, en tanto que Jesús María López y Ramón Delgado cortaban las guaduas y Tulio Ospina y Angel Chávez acarreaban las provisiones.
Jesús Salazar preparó los varejones y las canaletas , Rafael Arango B. dio instrucciones minuciosas a tripulantes y ayudantes, en tanto que  los bogas negros y cenizos, con toda una vida en el rio,  se reían en secreto de los arrestos de los panzudos e inexpertos exploradores.

UN VALLE POR CONQUISTAR

A lado y lado del Risaralda se extendía el magnífico tapiz verde de la selva. Se sentía el sofoco de las miasmas que sirvieron, por siglos, de campamento a las legiones infinitas de zancudos y bichos que guardaban la integridad de esas tierras.
Nadie había logrado desvirgar el Valle del río Riaralda; los Diaz Morkum de Riosucio apenas lo tocaron tímidamente en la cabecera, los cimarrones se limitaron a levantar ranchos en Sopinga y Cañaveral y algunos paisas y caucanos se habían aventurado a levantar unos pequeños fundos hacia las laderas de Apía, pero el valle en sí, con todo su paludismo y su calor estaba intacto y amenazante.

El padre Nazario quiso fundar una población entre Manizales y el Chocó y para el intento consiguió mecenas y padrinos en Anserma, Riosucio y Manizales, y después que levantó el poblado de Viterbo quiso mostrar a Colombia que era posible la navegación por el rio desde la flamante aldea hasta el puerto de la Virginia. El río  lo había hechizado y con  su maleficio hizo creer al levita que las aguas represadas por el bejuquero de la selva eran parte del cauce del Risaralda.

Cuando todo estuvo listo el boga Ramón Sepúlveda enfiló la primera balsa corriente abajo y el boga Pedro Escuelero cerró el desfile con la balsa cargada con las vituallas.


RIO ABAJO

El río Risaralda reflejaba las ceibas centenarias de las orillas. En el follaje se sentía el revoleteo de las pavas asustadas y los pasos atropellados de los zainos que no esperaban semejante tráfico. Las mariposas revoloteaban alrededor de Enrique Chávez y de Jesús Salazar en sus bajadas y subidas sobre los camellones de agua. El Risaralda infundía respeto: se explayaba entre el monte y penetraba entre las oscuras cienágas .. enormes troncos, que bajaban desde la cabecera, lo represaban formando furibundos remolinos en los vertederos.
Las horas transcurrieron haciendo quites a las marañas de bejucos que obstaculizaban el paso. El río era caudaloso y salvaje.

Cuando el sol empezó a ocultarse, los navegantes pernoctaron en los abiertos de Santiago Branch.  En ¨El Danubio¨ no faltó, seguramente, el palique animado por Antonio Ramírez, un aventurero que podría haberle dado cartilla al Melquíades de Macondo. Quizás les narró su correría con un piano de cuerda por los vericuetos de la cordillera, o sus recetas de brujo o  el arte de fabricar billetes y falsificar morrocotas.

Al amanecer se desató un chubasco impresionante. El viento parecía arrancar las tejas de la hacienda y estremecía la fronda cerrada tratando de arrebatarle las torcazas y los micos. El huracán se llevó tres balsas. Sólo doce exploradores continuaron su travesía por el río, el resto caminó hasta el Zancudo, donde los esperaban canoas de repuesto.

Después de seis horas de navegación el padre Nazario y sus amigos llegaron a La Virginia. Era de noche y en el rancherío se esperaba con cierta angustia la llegada del grupo.

En el Acta de Fundación de Viterbo se anotaron las impresiones del viaje. Los pioneros aseguraron que el río Risaralda  podía navegarse "no sólo en embarcaciones de la clase inferior sino en lanchas y más tarde en vapores pequeños".

Ni el padre Nazario ni sus acompañantes de aventura  tuvieron en cuente la capacidad destructiva de nuestros paisanos, que desolaron las márgenes, pelaron las laderas y secaron ese río bravo y caudaloso y  que  hoy es un  pequeño rio contaminado y manso que  suda  arrastrando un corcho.

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