domingo, 25 de marzo de 2012

VALENTÍN DEAZA ZAMORA

GRANDE EN LA GUERRA Y GENEROSO EN LA PAZ.

Alfredo Cardona Tobón*



El 27 de octubre de 1969 el alcalde pereirano William Montoya Z. instituyó la medalla “General Valentín Deaza” para reconocer los servicios distinguidos de personas e instituciones  que trabajan en la preservación del orden público y en la administración de justicia.
Con esa distinción se quiso exaltar la memoria del valiente hijo de  Chocontá, Cundinamarca, que amó a Pereira como su propia tierra, y  cuya nobleza con el enemigo en tiempos de guerra y su entrega a las comunidades en tiempo de paz fueron ejemplo para los titanes que abrieron nuestras selvas.

UN RADICAL DE ARMAS TOMAR.

Valentín Deaza entra a la convulsionada historia colombiana el 13 de junio de 1861 cuando las tropas del general Tomás Cipriano de Mosquera rebasan las fuerzas de Ospina Rodríguez e irrumpen en Bogotá ; los cañonazos sacuden los muros del convento de los Padres de Santo Domingo y desafiando el zumbido de las balas el joven estudiante rompe las rejas de una ventana, abandona el claustro y se une a  la revolución bajo las banderas caucanas.

En el ataque al cuartel de  San Agustín, Deaza derrocha valor y don de mando que le merecen el ascenso a cabo primero ,l inicio de una larga y meritoria carrera militar al servicio del radicalismo liberal.  En la  guerra de 1876 el jefe Vinagre  Neira cae abatido por las balas en la sangrienta batalla de los “Chancos” en el centro del Valle del Cauca, por un momento cunde el desconcierto en la tropa, pero de inmediato Valentín Deaza toma el mando y al frente del batallón Zapadores se apodera de  la colina donde los enemigos tienen emplazadas sus ametralladoras.

Después de la victoria de” Los Chancos”  los liberales  avanzan con rumbo al norte, cruzan el río Otún y por el sitio de “La Inquisición”, en Palestina, se adentran en territorio antioqueño. El batallón Zapadores combate en la “Cabaña” y con Deaza como comandante,  el 5 de abril de 1877  el Zapadores cierra la tenaza sobre Manizales y ataca las posiciones de “ Morrocaliente”, defendidas por el general Obdulio Duque y su famosa División Giraldo compuesta por marinillos, cuyo coraje fue legendario en esa absurda guerra entre hermanos

Aunque invadieron al Estado de Antioquia, los liberales no lograron quebrantar la resistencia conservadora que el 29 de enero de 1879 vuelve a las armas alentada por los obispos González y Montoya. El coronel Valentín Deaza con las fuerzas fronterizas hace frente a los alzados en armas,  los derrota en la quebrada Olivares, cerca a Manizales,  y  desbanda a los facciosos de Neira.
Los radicales vencen a los rebeldes en Medellín y en el norte antioqueño, en tanto que Valentín Deaza marcha hacia al sur a combatir a los insurgentes que se han atrincherado en Salamina.  El 22 de marzo las fuerzas radicales entran a la población y en lucha calle por calle, manzana por manzana cercan al enemigo en una casona del marco de la plaza.
Deaza intima rendición y le responden con una lluvia de metralla. Los soldados del Batallón Zapadores se traban en combate a golpe de bayoneta y machete con una ferocidad tal que las habitaciones de la llamada Casa del Degüello  quedan sembradas de cadáveres y por las hendijas de los pisos corren chorros de sangre. Al fin  los conservadores se rinden, Deaza desarma a los vencidos y les permite egresar a sus hogares con la condición de abandonar la lucha armada.
 
VALENTÍN EN MANIZALES.

Los habitantes de Manizales no toleran  la  ocupación liberal; individuos del pueblo provocan continuamente  a las fuerzas gobiernistas hasta colmar la paciencia de los militares, que  el 26 de diciembre de 1878 abren fuego contra  los civiles con un saldo de varios heridos.  Deaza no encubre el  proceder de los hombres bajo su mando y en carta dirigida al Cabildo Municipal brinda todas las garantías para que se investigue y se castigue a los culpables.

Sin embargo, pese al ambiente hostil, Deaza y el batallón Zapadores arreglan las calles de Manizales, terraplenan el parque del Guayabo ( hoy Parque Caldas), ayudan a reconstruir la ciudad tras el sismo del 11 de febrero de 1878 y  ayudan a combatir la langosta que azota los cultivos de la vereda de  La Cabaña.
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DEAZA EN LA NACIENTE PEREIRA.

 Con  Nuñez en el poder y el radicalismo vencido,  Deaza deja la vida militar y se radica en Pereira, ha colgado la espada pero no el  espíritu, y su voz que resonó en las trincheras ahora convoca a los colonos para aunar voluntades y darle fuerza al antiguo Cartagoviejo.

Pese a su  radicalismo, Valentín era un hombre religioso que ayudó a construir la iglesia de la Pobreza y en su casona de la carrera séptima con calle diecinueve levantó un gran altar dedicado a la Virgen. Además era generoso: donó el terreno para el primer hospital de Pereira, contribuyó a su edificación y lo dotó de camas e instrumental, además legó el lote para el cementerio y promovió el primer acueducto moderno de la ciudad.

Deaza  desempeñó la alcaldía de Pereira en tres oportunidades y como en la gobernación de Alejandro Gutiérrez, la dirigencia paisa del flamante Caldas no tenia en cuenta a Pereira ni a los demás pueblos del antiguo Cauca, movilizó a la antigua provincia de Robledo para que hiciera valer sus derechos.

Con 82 años bien vividos, Valentín Deaza afronta la enfermedad con entereza en su ciudad  predilecta y de sus más caros afectos, donde confiesa dormirá el sueño eterno  después de haber cumplido como todo un hombre  El glorioso general, veterano de cien combates, que hizo de la tierra de Cañarte su segunda patria, murió el 19 de junio de 1933, en medio de la congoja, el respeto y el cariño de los pereiranos.

 Honor a la memoria de este gran colombiano que fue noble en la guerra y generoso en la paz.

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