martes, 14 de febrero de 2012

ANTONIO NARIÑO Y LA CAMARILLA DE TRAIDORES

Alfredo Cardona Tobón*


Hubo que esperar la llegada de Nariño a Santa Fe para enderezar el rumbo monárquico  impuesto por la Junta Suprema del  20 de julio de 1810; a la oligarquía españolizada  no le interesaba la independencia ni el bienestar de los humildes, como lo demostró al acabar con los resguardos indígenas  para apoderarse de las tierras de la Sabana, y  conceder el derecho de elegir y ser elegidos solamente a los  “hidalgos” y a los propietarios con rentas, con el fin de perpetuarse en el poder.
EL NACIMIENTO DE LA REPÚBLICA
El 19 de septiembre de 1811 el pueblo santafereño derrocó a Jorge Tadeo Lozano  e impuso a Nariño como presidente ; por fin las clases humildes tenían un vocero en  el gobierno, pero la fronda criolla, como la llamó Liévano Aguirre, estaba atornillada al poder colonial y era imposible sacudir de tajo su enorme influencia.
Por otra parte los llamados españoles americanos no iban  a permitir que un “ingrato” a la casta lesionara  sus intereses, por eso desacreditaron a Nariño con todo tipo de infamias, lo llamaron dictador, dijeron que quería coronarse rey y le atribuyeron fantásticas componendas con los españoles.
En noviembre de 1811 Camilo Torres conformó un Congreso que cabía en una banca,  con representantes de cinco provincias que  pretendieron legislar, ejecutar y controlar la cosa publica  sin más limitaciones que las ambiciones de clase
Como  los criollos gobernaban a su antojo,  numerosas  ciudades se separaron de las provincias matrices para zafarse de sus explotadores  y  solicitaron la anexión a Cundinamarca. Las comunidades de Purificación, Ambalema, Garzón, Gigante y Timaná desconocen la autoridad de  Mariquita; los habitantes de Vélez y San Gil no quieren seguir bajo la administración de El Socorro y  las poblaciones de Sogamoso, Leiva, Chiquinquirá y Muzo se pronuncian contra Tunja y  adhieren al gobierno de Nariño.
LA REACCIÓN DE LOS “MANDONES”
Como el  gobernador de El Socorro intenta reducir a los separatistas, Nariño envía  un contingente bajo las órdenes de Joaquín Ricaurte para que apoye a los disidentes, pero Ricaurte no es de fiar,  pertenece al cogollo criollo y pronto se levanta contra el Precursor motivado por los intereses de clase y  la presión de sus familiares.
En Santa Fe la pugna entre los criollos y el pueblo cada vez es más virulenta;  en tales circunstancias Camilo Torres  se trastada con su Congreso de bolsillo a la ciudad de Ibagué, mientras la oligarquía santafereña, entre saraos y chocolates, busca la manera de asesinar a Nariño.
Ante la inminencia de un ataque de Tunja, el  Precursor se anticipa y ordena al comandante Antonio Baraya marchar rumbo a esa provincia, la fuerza de Cundinamarca avanza sin tropiezos y ocupa a Tunja sin mayor tropiezo,  pues su ejército anda ocupado conteniendo las  insurrecciones de  Leiva y Sogamoso.
Una nueva pena enluta el alma generosa de Nariño: esta vez el llamado sabio Caldas y Francisco de Paula Santander en asocio con el gobernador Niño  minan la voluntad de Baraya y compran sus oficiales y la expedición que tenia como objeto neutralizar al gobernador Niño, terminó en sus campamentos.
 El avance realista en Venezuela y en el sr de la Nueva Gramada obligan a Cundinamarca y al Congreso federal a buscar  fórmulas de acuerdo. En Santa Rosa se firma un acta de compromiso donde Nariño se pone a  órdenes del Congreso. La negociación fue un triunfo del curubito criollo, sin embargo fue vetada por Tunja, pues lo que se buscaba no era solamente quitarle el poder a Nariño sino someter a la “plebe” revolucionaria de Santa Fe y castigar  su osadía..
Creyendo que el retiro de la presidencia allanaría el camino hacia la paz,  Nariño deja el gobierno en manos  de Don Benito de Castro.  Baraya insiste en ocupar a Santa Fe para reducir al pueblo y pide la anuencia de Don Benito, que de inmediato reúne al pueblo y a las autoridades de su provincia; ante la amenaza,  los santafereños se amotinan y piden el regreso de Nariño, quien con atribuciones de dictador organiza la defensa y trata de negociar con Tunja..
La tropa de Baraya se dirige a la  capital del virreinato animada con la promesa de tres dias de asalto y via libre contra la comunidad vencida; definitivamente  serán las armas las que definan el futuro de Santa Fe y de su pueblo.
 Nariño se pone al frente de sus hombres, sale al encuentro de los invasores y  choca con el enemigo en el sitio de Ventaquemada, que será el bautismo de fuego de la mayor parte de los voluntarios; allí una nueva  traición espera a Nariño , esta vez el tránsfuga es Antonio Ricaurte, un retoño de la fronda criolla que lleva la avanzada cundinamarquesa a  una celada  que inclina la acción a favor de los tunjanos
 Nariño con  Jesús Nazareno como general de su tropa espera un  milagaro en las trincheras, pues está en inferioridad de condiciones y varios de sus oficiales con parte de los soldados han pasado a las filas de Baraya.  El 9 de enero de 1814 los atacantes irrumpen por San Victorino; Mercedes, hija del Precursor, enciende la primera mecha de un cañón  y las descargas cerradas de la artillería de Nariño siembran el pánico entre la infantería tunjana; sin reponerse aún del cañoneo  una carga de caballería acaba de desconcertar a  los atacantes; después una riada de artesanos, de mujeres y gente humilde  armados de garrotes y piedras, completan la victoria bogotana.
Después del trinfo Nariño libera a los soldados prisioneros, auxilia a los heridos del bando contrario y da garantías a los oficiales capturados  que se disculpan de mil maneras.  “Están abusando de usted- le dijo un amigo- ¿Qué habría pasado si Baraya hubiera triunfado?- “Seguramente habría fusilado y colgado a Vuesa Excelencia” 

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