sábado, 14 de mayo de 2011

LOS " BOLCHEVIQUES" DEL LÍBANO

Alfredo Cardona Tobón *



                                El zapatero Pedro Narváez                   



En 1926 dirigentes populares y sindicales fundaron el PSR (Partido Socialista Revolucionario) con el fin de aglutinar a los campesinos y a los obreros colombianos en un movimiento político que representara verdaderamente sus intereses. Pero en las condiciones del país en esos años el  PSR comprendió que era imposible oponerse en las urnas a las acciones represivas, antidemocráticas y clericales del gobierno conservador y sus directivas creyeron  que el único camino para tomar el poder y reivindicar sus derechos era la lucha armada.
Las ideas del PSR coincidían con el pensamiento de un sector del partido liberal convencido, igualmente,  de que solamente por la fuerza podía romper la hegemonía conservadora anclada al poder mediante el descarado y continuo fraude electoral.
En  1927 empezó a hablarse en el norte y el centro del departamento del Tolima de una rebelión conjunta de liberales y socialistas. Después de las matanzas de los trabajadores  bananeros que se oponían a la explotación extranjera el movimiento armado tomó fuerza y empezaron a planearse levantamientos populares en Medellín, Cúcuta, Cali y Ambalema.

Las directivas liberales desautorizaron la alianza con el PSR y las autoridades conservadoras arreciaron los arrestos y las arbitrariedades. Pese al retiro liberal y  las medidas represivas del gobierno, el PSR dio la orden de iniciar la insurrección el 28 de julio de 1929.

LOS BOLCHEVIQUES DEL LÍBANO

En los años veinte el municipio de El Líbano, en el Tolima, era un importante centro agrícola, con inversionistas alemanes y norteamericanos que vincularon sus capitales a la producción y comercialización del café. El Líbano ha sido un municipio con raíces liberaless fundado por Isidro Parra, un líder radical que combatió los desafueros conservadores y clericales y murió asesinado  vilmente por sus enemigos.
No fue extraño, pues, que el PSR  se extendiera por los campos del municipio, principalmente en la vereda de Santa Teresa, de donde salían manifiestos socialistas  y se organizaban las células del partido.
La carencia de vías de comunicación permitió el surgimiento de empresas como jabonerías, zapaterías, fábricas de velas, embotelladora de gaseosas, tostadoras de café y cacao que atendían la demanda local. Pero esas circunstancias no aislaron  a los habitantes de El Líbano, que mediante el teléfono y el telégrafo mantenían  enterados de los avances culturales y comerciales del mundo y  con periódicos de circulación regular ventilaban sus inquietudes.
En 1927 era vigoroso el movimiento económico de El Libano,  pero el  dinero quedaba en manos de los terratenientes, dueños de la mayor parte de los cafetales y del comercio al por mayor, mientras jornaleros, arrendatarios y pequeños agricultores se debatían en la miseria.

Los propietarios de las grandes trilladoras se confabulaban con los terratenientes para repartirse el jugoso ponqué y los propietarios de las fondas, los artesanos y pequeños industriales a duras penas sobrevivían, abrumados por los impuestos, decretados por quienes detentaban el poder, para mantener una frondosa burocracia y llenar los bolsillos de funcionarios corruptos.

Los problemas domésticos no embotaron a la clase trabajadora de El Lïbano cuya visión iba más lejos de los intereses de la parroquia: En julio de 1929, cuarenta y tres zapateros de la región, adscritos al PSR enviaron un mensaje al Congreso Nacional respaldando las quejas de sus colegas bogotanos que denunciaban la ruinosa competencia de los artículos extranjeros. En tanto la célula del PSR de la vereda de Santa Teresa recogía fondos para financiar el viaje de la sindicalista María Cano a tierras libanesas.

La visita de María Cano, la Flor del Trabajo, galvanizó los sentimientos de clase del proletariado del Líbano La aguerrida mujer venía recorriendo el país para llevar al  proletariado un mensaje de reivindicación y rebeldía.

Numerosas sociedades obreras se extendieron por veredas, corregimientos y municipios vecinos a El Líbano. Su número y beligerancia creció de tal manera, que las autoridades conservadoras reaccionaron con pánico y procedieron a realizar allanamientos masivos para neutralizar posibles conatos subversivos. En dichas sociedades, casi libertarias, además de los rituales socialistas se celebraban matrimonios y bautizos, prácticas  que cuestionaban los fundamentos del Estado clerical y constituían un compromiso con la revolución armada, que los socialistas consideraban como base para establecer un orden más justo y más humano.

Al frente del movimiento bolchevique del Líbano estaba el zapatero Pedro Narváez, líder importante en el país, pues había pertenecido al primer Presidium del PSR al lado de lo más granado de la dirigencia popular. Sin el apoyo del ala más izquierdista liberal, que se vio neutralizada por el oficialismo del partido, el PSR fijó una fecha de julio de 1929 para levantarse en armas, pues por ese entonces  numerosas tropas de la provincia estaban en  Bogotá  en las conmemoraciones de la Independencia.

En las semanas precedentes los líderes socialistas del Líbano recorrieron las veredas para ultimar detalles: Organizaron cuadros de combate, fabricaron bombas y repartieron armas y municiones a la “pobrería”  que esperaba la señal para luchar y tomarse el poder que jamás había estado en manos del pueblo.

LA INSURRECCIÓN

El 28 de julio a la media noche, los revolucionarios del Líbano avanzaron hacia el poblado cubriendo todos los caminos de acceso. Pedro Narváez con 300 hombres armados con algunos fusiles, escopetas y machetes esperaron el estallido de las bombas que los comandos urbanos colocarían en las casas del alcaide de la cárcel, del alcalde municipal y en el cuartel de la policía.
Una sola bomba estalló y a la señal los campesinos y artesanos irrumpieron en las calles  con faroles rojos a los gritos de: “ tenemos hambre” y  “viva la revolución”.  Los músicos de la banda municipal  hicieron sonar los clarines para dar la impresión de  que un cuerpo militar defendía la plaza. Los bolcheviques, perdida la ventaja de la sorpresa, sin experiencia militar y con pocas armas tuvieron que replegarse ante la tenaz y no esperada resistencia de las autoridades, dejando en el campo tres muertos y quince heridos.

Los bolcheviques de El Líbano creían que todo el país estaba en llamas, pero no fue así. Se había dado orden de abortar el alzamiento generala y la información no llegó al  Líbano.
Al día siguiente llegaron refuerzos  gobiernistas de Armero y de Honda. El General Echeverri, veterano liberal de la guerra de los Mil Días  y el capitán de la Guardia Civil Marco O. Sáenz asumieron el mando de los efectivos contrarrevolucionarios y al compás de la banda municipal atacaron a los rebeldes que salieron a su encuentro haciendo sonar ruidosos cachos.
El 31 de julio a las cuatro de la tarde se libró el combate en el sitio de La Pradera. La esquirla de una bomba hirió levemente al capitán Sáenz y el tiro de un fusil  acabó con la vida del cabo Vidales. Los alzados en armas retrocedieron . El carpintero Higinio Forero se atrincheró en un puente para cubrir la retirada de sus amigos y gravemente lesionado cayó en manos de Sáenz, que lo remató a culatazos.
Con el titular “El general Echeverri dirigió la acción contra los bolcheviques”  el periódico  “ El Tiempo, órgano de la oligarquía liberal, anunció el descalabro de los rebeldes de El Líbano.. Otro periódico mostró con bombos y platillos la condecoración que el Estado confirió al capitán Marco O. Sáenz por su desempeño contra los zapateros, talabarteros y jornaleros de El Lïbano.
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La cárcel de la floreciente localidad fue insuficiente para retener a los vencidos. Las escuelas se convirtieron en cárceles del pueblo. El levantamiento del 29 de julio de 1929 solamente se efectuó en El Líbano, Puerto Wilches y San Vicente de Chucurí. A fines de agosto había trescientos obreros y campesinos presos. A Ibagué condujeron otros mil. A los detenidos se les aplicaron todos los mecanismos de tortura y represión.

Leamos lo que dice Gonzalo Sánchez en su libro “ Los bolcheviques del Líbano” publicado por el Mohan editores en 1929:

“ El alcalde amenazó a los detenidos con fusilamiento, pero su querer no podía ser satisfecho por un ejército que acababa de salir estruendosamente desprestigiado por la masacre de las Bananeras…
Las esposas de los líderes revolucionarios fueron encarceladas para que el efecto lograra lo que la acción policiva no había alcanzado: el retorno ( y  luego la captura) de aquellos.
Hacendados como Maximiliano Parra ofrecían “trabajo” a sus jornaleros que se encontraban huyendo y luego los entregaba a las autoridades policiales.
A uno de los obreros de Narváéz (“ Pachito Ratón”) le extrajeron en la plaza una esquirla de bomba, no sólo como escarnio sino también para amedrentar la población.”

Un año más tarde al llegar Olaya Herrera a la presidencia, en un esfuerzo para recuperar a favor del liberalismo la masa campesina que se había movilizado con el PSR dio amnistía a los revolucionarios. El 19 de marzo Narváez regresó a El Líbano y pronto tuvo que abandonar la población al acusarlo de apoyar los choques de campesinos comunistas con grupos liberales. Se sabe que el líder popular se radicó en Queremal, cerca de Cali y allí acabó sus días pobremente ejerciendo su profesión de zapatero.





EPILOGO DEL LEVANTAMIENTO  BOLCHEVIQUE DEL  LÍBANO

Alfredo Cardona Tobón

Desde el levantamiento  de 1929  el liderazgo  pasó de  los terratenientes y generales  a las manos del pueblo. A partir de entonces no fue la memoria de Isidro Parra ni la de Tulio Varón la que concitó la protesta sino los lideres campesinos y obreros que en alianza buscaron un cambio global de la sociedad.

Se planteó una lucha de clases que unió a los dirigentes liberales y conservadores contra el enemigo “bolchevique”, que no era otro que el campesinado y los artesanos buscando justicia e inclusión social.

En el levantamiento bolchevique del Líbano, hubo varios frentes, unos cruentos y  otros sin derramamiento de sangre.  En el corregimiento de Dosquebradas la casa del corregidor y otra vecina fueron pasto de las llamas y el saldo de  muertos llegó a seis personas, entre ellos Eliseo Gil, propietario de una de las grandes haciendas cafeteras de la región. En Murillo los campesinos se apoderaron de la localidad  y con una bandera roja con tres ochos ( ocho horas de trabajo, ocho de estudio y ocho de descanso) tomaron la oficina  de la corregiduría y obligaron a las autoridades del caserío  a rendir honores al símbolo del nuevo poder .[1]

Una vez aplastado el movimiento bolchevique, al quedar sin respaldo nacional,  las  fuerzas combinadas de los liberales y los conservadores  clavaron  las garras  sobre el pueblo raso del  Líbano, sin que hubiera un Jorge Eliecer Gaitán que los defendiera como sucedió en  Las Bananeras.

 Según la dirigencia partidista el movimiento era opuesto a la organización social y atentatorio  “contra los sagrados principios de  autoridad y propiedad”, por tanto había que acabar con sus promotores. Así, pues, los liberales del Líbano que en las jornadas electorales se habían enfrentado a las huestes conservadoras,  se unieron a sus antagonistas  para ir a a las veredas a  apagar la hoguera revolucionaria y a silenciar los clarines que llamaban angustiosamente a  lo que los bolcheviques consideraban  como la jornada emancipadora.[2]

Los mecanismos de tortura y  represión fueron   el orden del día;  se amenazó con fusilamiento, encarcelaron las s esposas de los comprometidos, los   hacendados ofrecieron trabajo a los jornaleros para entregarlos a las autoridades una vez  llegaban a sus fincas; a los  presos se les ató  y se les forzó a caminar  hasta Armero, donde la gente los recibió  con alimentos y bebidas   y los aplaudió como héroes.

La agitación campesina no se extinguió en El Líbano tras la derrota bolchevique. En 1930 aparecieron allí  las primeras ligas campesinas desligadas de los partidos, pues  ya  habían aprendido que lo mismo era un explotador liberal que otro explotador  conservador. Durante la primera administración de López Pumarejo como se ve cuando  los arrendatarios  de la hacienda El Tesoro se rebelaron  contra el general Echeverri de filiación liberal y los arrendatarios conservadores de la hacienda  La Esperanza, en jurisdicción de Murillo se levantaron contra el general Sandoval de filiación conservadora.[3]

En la década de los cuarenta El Líbano fue un fortin gaitanista, por ello no sorprende que el nueve de abril de  1948  se conformó un  Comando Revolucionario , que tras el asesinato del Caudillo,  tomó el control de la población durante una semana

“ El dia en que sea posible desentrañar el origen de los movimientos como  el alzamiento popular del Líbano… estaremos en capacidad  de apreciar  la distancia a que nos hemos mantenido con relación a nuestro pueblo, y la enorme proporción de culpa que nos corresponde en los extravíos de que lo acusamos.”[4]

“ No se les puede exigir resignación cristiana a unas muchedumbres que ven como se cierra el circulo fatal de la miseria en torno de sus hogares, ni tampoco el sostenimiento  de una organización social y económica, a la que ellas le atribuyen el origen de su desgracia.”[5]

Usualmente descalificado como un  movimiento conspirativo, el Movimiento  de los bolcheviques del Líbano, tiene el merito excepcional de ser , quizás,  la primera insurrección armada de América Latina en que un  ejército de campesinos, con dirección y en alianza de sectores urbanos,  plantea la toma del poder en nombre de las ideas socialistas.[6]



[1] GOMEZ  SANCHEZ- Los Bolcheviques del Líbano. Policrom-  Bogotá- 1976
 
[2] LOPEZ Giraldo- El Apostol Desnudo-Ediorial  Zapata. Manizales.
[3] EL  BOLCHEVIQUE- Organo nacional del Partido Comunista.
[4] El ESPECTADOR, 29 de julio  de 1929, refiriéndose a los sucesos del Líbano.
[5] EL DIARIO- 29 de julio de 1929.
 
[6] HENDERSON, James David, Origins of La Violencia en Colombia- PH. D. Thesis Texas Cristian University.