miércoles, 26 de octubre de 2011

LA MASACRE DE ARAUCA EN PALESTINA CALDAS

CUANDO EL RIO SE TIÑÓ DE SANGRE

Alfredo Cardona Tobón  *



Aún tengo viva la imagen de la pequeña iglesia con  su minúscula campana enmarcada en la torre de guadua y recuerdo a  las campesinas en capullo, que se asomaban a los balcones de las casas de la carretera empedrada que partía en dos el caserío de Arauca, en Palestina Caldas..

Desde la chasa, o pequeño negocio de confites y cigarrillos ubicado en el costado del parque, un anciano vendedor de dulces, en medio de la soledad y los días vacíos, sentía hace poco el retorno del pasado en las ancas del burro que cruzaba raudo o  en el Ford  modelo 44 que  tomaba fuerza para empezar a subir a Manizales. El viejo chasero, gocetas y dicharachero, se transformaba al hablar de la negra Anaís, una vendedora de besos y repartidora de puñaladas en los puertos del Cauca y se le ponía la piel de gallina al recordar los espantos y aparecidos que en noches de juerga veía rondar por las orillas del río, pero enmudeció cuando le pregunté por la masacre en el puerto en un fatídico día de noviembre.

LOS RECUERDOS FRAGMENTADOS

En la actualidad el templo de Arauca es un galpón amorfo sin el encanto de aquella iglesita de mitad del siglo XX. Para animar al viejo a contarme lo que otros habitantes del pueblo no querían decir pregunté al chasero por la edificación religiosa que conocí cuando niño.

“De eso es mejor no hablar”- Me contestó.

Y no insistí, porque es claro que en Colombia nadie ha visto,  nadie oyó y nadie sabe nada, pues en “boca cerrada no entran moscos” y todo se olvida  y a todo se le echa tierra. El chasero poco me dijo al igual que otros araucanos que apenas soltaron prenda. Así que até cabos, recogí testimonios dispersos y fragmentados, indagué y busqué escritos y pude reconstruir, en parte, la tragedia de Arauca y de la vieja iglesia, para contarla y recordarla, pues  no debemos olvidar a las victimas, ni  ocultar las atrocidades de los victimarios

Empecemos con los antecedentes:

Como se sabe el  9 de abril de  1948 asesinaron al líder popular Jorge  Eliécer Gaitán en la carrera séptima de Bogotá. Quien fue?- No se sabe, hasta serian los liberales oficialistas comandados por los LLeras, que veían como sus huestes se estaban alineando en  las filas gaitanistas.
Las masas desbordadas se apoderaron de las emisoras bogotanas y azuzaron al pueblo liberal  para que se armara, estableciera juntas revolucionarias y tomara el poder. En Norcasia, Victoria, Balboa, Santuario y Arauca y en numerosas poblaciones de Colombia los vecinos suplantaron la fuerza pública y establecieron su propio gobierno.

El presidente Mariano Ospina Pérez, empujado por su esposa Doña Berta que le dijo que más valía un presidente muerto que un presidente fugitivo, resistió el embate y con el respaldo de los jefes  oficialistas del liberalismo , sometió a los alzados en armas con tropas de Boyacá y los voluntarios chulavitas que viajaron de la Uvita para doblegar el alzamiento popular; dominado Bogotá,  columnas de infantería retomaron el control en todo el país sin mucha resistencia, pues la ira del pueblo rojo no tuvo un jefe que la canalizara para acabar con un régimen de persecución y de ignominia.

Un pelotón del batallón Ayacucho entró al caserio de Arauca, las calles estaban solas, en los balcones se veían sábanas y toallas blancas en señal de paz  y el único sonido que escucharon los soldados fue el ladrido de unos perros asustados. El levantamiento incruento de los araucanos marcó el futuro del  caserío, desde ese momento fue catalogado por las autoridades conservadoras como un peligro que había que extirpar  irremediablemente..

LOS DÍAS DEL TERROR

El sábado 29 de octubre de 1949 un automóvil negro, con placas de Manizales, se detuvo frente a la cantina de Bernardo Avellaneda. Una vitrola molía música, quizás de Olimpo Cárdenas o de los Trovadores de Cuyo, y como sucedía todos los fines de semana, el local estaba atestado de campesinos que arrumaban botellas de cerveza  debajo de las mesas.

Eran las cuatro de la tarde; el sol había caído, cuatro sujetos se apearon del vehículo y sin aviso y a mansalva  vaciaron los revólveres sobre los desprevenidos contertulios de la cantina; los asesinos subieron al carro con el motor en marcha  y se perdieron en medio del polvero por la carretera destapada que llevaba al municipio de Risaralda.

Mientras velaban a las víctimas y la gente se agolpaba para dar el pésame a los deudos, alguien avisó que se acercaba la chusma conservadora y los vecinos corrieron a desentablar el puente sobre el Cauca para obstaculizar el paso de los violentos.

Como a las nueve de la noche numerosos antisociales de Anserma, Risaralda, Belén y Guática se concentraron en la orilla opuesta  del rio y en la parte alta del puerto se ubicó un piquete policial enviado por el gobernador con la supuesta misión de proteger a  los araucanos. La noche avanzó; en las tinieblas resonaban los gritos, los desafíos y los aullidos del “Ovejo”, “La Perdiza”, “Pelahuevos”, “ El Grillo”, “Pálida Azucena” y otros bandidos animados por el odio y el aguardiente.

Cuando amaneció y los guachafiteros observaron que en Arauca no había trincheras, ni francotiradores y que la policía se había retirado del pueblo, los atacantes pasaron uno a uno por la  estructura del puente  e irrumpieron por las calles en medio de los disparos y las vivas al partido conservador y a Gilberto Alzate Avendaño.

Arauca ardió, los asaltantes tumbaron las puertas de las cantinas y saquearon tiendas y almacenes; sobre las botellas destrozadas hicieron caminar descalzos a los ciudadanos que sacaron de los ranchos. A Enrique Zapata y a otros vecinos los llevaron a culatazos hasta el el puente desentablado y los acribillaron a tiros. Atrás de Zapata venía el perrito flacuchento que tantas veces lo acompañó en el monte, iba voleando la cola como si fueran de paseo, sin adivinar la tragedia de su amo.. Testigos que quisieron ocultar sus nombres, aseguran que la policía hizo causa común con los bandidos
.
El domingo por la tarde, cuando la barbarie se había consumado, llegó el ejército y los facinerosos huyeron hacia los pueblos de occidente. Se ignora cuántas víctimas hubo en Arauca ese fin de octubre de 1949. La prensa no reportó la villanía, ni se pronunció la iglesia ni los jefes liberales y menos los mariscales del partido de gobierno.Muchos cadáveres se trasladaron en volquetas a Manizales, donde entraron a media noche y sin luz eléctrica, pues se cortó la energía para que la ciudadanía no se diera cuenta de la matanza. Días despues el gobernador Cástor Jaramillo Arrubla dijo que se trataba de un  ataque de los comunistas aliados con los chusmeros liberales.

Mientras los victimarios dormían la rasca de licor y sangre sin que les remordiera la conciencia, el perrito flacuchento iba río abajo, por las orilla del Cauca, siguiendo el cadáver  de su amo.

FUENTES
 Testimonios de habitantes de Arauca que no quisieron dar sus nombres.
Tetimonio de Luis Angel Cardona Salazar, jefe liberal de Quinchía, que supo de primera mano lo que aconteció en el puerto.
Manrique Ramón. Los días del terror-1955- Editorial ABC- Bogotá- Paginas 257 a 259.

5 comentarios:

  1. soy de palestina cladas quisiera saber si la historia es real. esto en el pueblo nunca se escucho.

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  2. SI; CLARO TODO ESTO PASO HACE MUCHO Y LOS REPRESENTANTES DE ESA EPOCA ENCUBRIERON TODO EL ACONTESIMIENTO; PERO DESPUES DE UNOS AÑOS LA HISTORIA SE DIO A CONCOER

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  3. Arauca, hermoso corregimeinto, donde vivi, por dos años y pase momento muy lindos recuerdo su unica calle, su parque, la estación del ferrocarril, el grupo musical de los hermanos obando, a Becerra el grandulón de cuarto de primaria , la vuelta peligrosa y las escapadas a bañarnos al charco del 35... en fín algún día volvere a visitar esta hermosa tierra.
    ARMANDO MORALES SALAZAR, Natagaima Tolima, busquenme en el Facebook,

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  4. En relidad esto en el pueblito es de nunca terminae ya que la politica no a dejado el pueblo y los violentos sigen merodiando en sus esquinas y desde su capital ocupando altos cargos politicos, y sus abitantes no miran asi el pasanivel que en ese rinconcito blanco esa su pasado (familias,amigos y comocidos)







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  5. La historia aquí relatada es solo el 1% de lo que de verdad sucedió. Los Conservadores del municipio de Risaralda al mando de, entre otros, Pastor López, asesinaron decenas de habitantes del corregimiento, los colgaron de la Ceiba, violaron a las mujeres y quemaron el caserío.

    Ahora en el que fue un próspero Corregimiento entre 1950 y 1991, se vive una zozobra generalizada por la presencia de nefastos asesinos políticos como Ferney Tapasco, Henry Calle y Carlos Hernán Serna, secundados por la la mayor proxeneta y microraficante "doña Betty"

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