miércoles, 28 de septiembre de 2011

ROBERTO URIBE CELANDA: EN `PANAMÁ


CON MÁS VIDAS QUE UN GATO

Alfredo Cardona  Tobón.




Nació en  algún lugar de Antioquia y se hizo hombre en la escarpada  ladera de Marmato. Cuando  batió sus alas fue a dar a Barbacoas, en las playas del Pacífico,  donde el oro,  igual que en  la aldea que lo vio crecer, llenaba de espejismos la vida de los condenados de antemano a la miseria.

Roberto Uribe Celanda, hijo de Jesús, hermano medio de Alejandro y pariente cercano de Rafael Uribe Uribe, lector de clásicos y poetas en una tierra analfabeta, con ambición y estampa fina, radical hasta los tuétanos como todos los suyos, apenas estalló la guerra de los Mil Dias  se alistó en el batallón Conto.
Empezó  como capitán de montoneras bajo las órdenes del general Antonio Ramírez quien con  tropas mal armadas tomó una y otra vez a Tumaco para dejarlo otras tantas veces en manos del gobierno.

En el tercer ataque al  puerto, una bala alcanzó a Roberto en una pierna: sin sanarse totalmente se embarcó hacia  a Panamá con la expedición liberal que  invadió al istmo.
Los revolucionarios desembarcaron en Penomé. El 24 de septiembre de 1900 entran  a la ciudad de 

+Panamá. Roberto encabeza el asalto y cae herido en la cabeza al  asaltar una trinchera enemiga. En derrota, los pocos sobrevivientes liberales huyen en desbandada por las playas del Pacífico. Tras sesenta días de penalidades Roberto llega al caserío de Nuquí. Allí encuentra el auxilio salvador de tropas   amigas  provenientes del norte del Cauca.

La campaña en Panamá le vale el ascenso a teniente coronel. Con ese título  Roberto Uribe se une a las fuerzas del general Bustamante, que con el apoyo ecuatoriano se preparan para penetrar a Colombia a combatir al gobierno conservador.

Con cargas a machete Bustamante se apodera de las  islas del Morro, Viciosa y Tumaco. Los efectivos combinados de Bustamante y de Benjamín Herrera se unen en la costa del Pacífico y desembarcan en Panamá el 24 de diciembre de 1901

Los liberales toman la capital del Istmo el 20 de enero de 1902 y en la rada hunden al buque Lautaro que se sumerge llevando a la muerte al valiente general gobiernista Carlos Albán.
El 23 de febrero los liberales se enfrentan a los  conservadores en  la llanura de Aguadulce.
Roberto Uribe, parece no temerle a las balas,  al frente de un batallón  ataca con arrojo las filas enemigas y en el campo de batalla alcanza el grado de coronel..“ La batalla de Aguadulce fue larga, reñida y sangrienta- dice un testigo presencial-. Duró desde la madrugada hasta las cinco de la  tarde, hora en que el ejército del gobierno, que ocupaba la plaza, izó bandera blanca”.

“Las posiciones y los cañones cambiaron de mano muchas veces.  En momentos en que las tropas liberales eran rechazadas, Roberto Uribe recibió un balazo en la cadera y no fue posible recogerlo. Uno de los 
enemigos, en su avance, al verlo herido, trató de ultimarlo, pero uno de sus oficiales lo impidió desviando el rifle en  el momento preciso. Fue hecho prisionero y conducido ante el jefe del Gobierno. Al ser interrogado acerca del número de componentes del ejército liberal, Roberto tuvo el ardid de hacerles  creer que éramos más y que los cuerpos de reserva aún no habían entrado al combate. Quizás esto decidió la batalla en favor de la revolución”.

Al entregarse esa tarde, el enemigo hizo  entrega inmediata del ilustre herido, a quien desde el primer 
momento el cuerpo médico le prodigó sus cuidados”.
Los altos mandos liberales enviaron a Roberto Uribe a  la república de El Salvador para que curaran sus heridas. De regreso a la patria lo operaron nuevamente en la población de David, sin que fuera posible extraerle  la bala que lo atormentaba.  Los médicos le hicieron creer que  habían  retirado el proyectil, mostrándole uno ensangrentado. Esto influyó en su ánimo y hasta le permitió  volver a combatir en la segunda batalla en el sangriento llano de Aguadulce, donde otro nortecaucano, el riosuceño Rafael Díaz Morkum, derrochó, igualmente, intrepidez y coraje.

Sin el apoyo prometido por gobiernos centroamericanos, ante la inminente llegada de apoyo naval a las fuerzas del gobierno, los descalabros en el interior y una lucha con pocas probabilidades de triunfo para las exhaustas fuerzas de la revolución, Benjamín Herrera decidió pactar la paz con los conservadores el 21 de noviembre de 1902.

Se desmovilizaron las tropas liberales del istmo. Roberto Uribe permaneció en Panamá en el modesto hotel Italia, al cuidado de dos copartidarias compasivas. Sufría enormemente por la bala que tenía incrustada cerca de la columna vertebral, también por la derrota de su partido y por la desastrosa condición económica que lo sumía en la miseria.

De los fondos de la revolución debían entregarle 300 dólares que jamás llegaron. Con insistencia solicitó a Benjamín Herrera 50 dólares para viajar al Ecuador. El General no lo  atendió, quizás, como afirman algunos parientes, por su  parentesco cercano con Rafael Uribe Uribe.

A principios de diciembre de 1902 el jovial  Roberto Uribe, que un día dejó los socavones mineros para luchar por sus derechos, acabó con su vida. Esta vez las balas no lo respetaron.   Se suicidó  en el parque de Santa Ana  de la ciudad de Panamá haciendo quite a la gloria, sin clarines ni banderas. En Ipiales quedó una pequeña hija  que apenas heredó un apellido..

Roberto Uribe, organizador del Club Maceo de Barbacoas, militar pundonoroso que no aprovechó su alto rango para  saquear, revender sal o robar mulas, como lo hicieron algunos militares de nuestros cuadros de honor, que luchó en franca lid por sus ideas sin azuzar a otros a matar inocentes, merecía una suerte distinta. Había desafiado a la muerte en mil combates y finalmente   le  regaló su existencia agobiado, quizás, por la soledad y la desesperanza.

Cien años después, al revivir  su memoria,  concluimos con  insondable tristeza, que hoy, como a principios del siglo que terminó con todos sus horrores, estamos trillando los mismos caminos de desolación y canibalismo que abrumaron a los abuelos. Muchos colombianos  estamos pensando, al igual que Roberto Uribe en la penumbra del parque de Santa Ana, que desde remotos tiempos el Dios Misericordioso de los cristianos nos ha soltado de su mano porque no se ve horizonte de paz, los corruptos son dueños del poder, al que roba una gallina para calmar el hambre de sus hijos lo pudren en la cárcel y a los bandido de cuello blanco les construyen prisiones que parecen hoteles y les acomodan las penas para que salgan pronto a disfrutar de lo mal habido.

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