miércoles, 3 de agosto de 2011

GUILLERMO PEREIRA GAMBA

UNA CITA DE ULTRATUMBA

Alfredo Cardona Tobón


Después del triunfo en la base del cerro Batero en Quinchía,  y la victoria  del 5 de abril de 1878 en la frontera, los caucanos ocuparon a Riosucio y a  Manizales y   avanzaron  por territorio antioqueño con rumbo a Medellín. Los vencedores del Batero marcharon por la ribera occidental del río Cauca y los de Manizales se movilizaron por Salamina para confluir las dos fuerzas  en el punto de La Primavera, cerca de la capital de la Montaña
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Los caucanos no encontraron arcos triunfales ni  el aplauso de los liberales de Antioquia; eran extraños, gente oscura y harapienta tenida en menos,  que hacían santiguar a las señoras y temblar las entrepiernas de las doncellas aterrorizadas por las noticias de las profanaciones y las violaciones de los sureños

Cuando la fuerza ocupante entró a Medellín los rayos de sol hacían reverberar el aire, las calles estaban desiertas, el revoloteo de las bandadas de tortolitas del parque central rompía el silencio  sepulcral, mientras los clarines caucanos acompasaban, por los lados de Guayabal, el repique de los cascos de su caballería. No había ni un portón abierto, Medellín temblaba y oraba esperando lo peor.
A las cuatro de la  tarde una vecina escuchó voces por la calle de Gualteros. Con mucha prevención, entornando lentamente un postigo, vio un piquete  de ocho negros retintos, un paisa regalado y un mono flaco que se acercaban al viejo cementerio  con una corona de orquídeas y de azucenas.
No acompañaban un ataúd, ni a un muerto en guando, iban sin una cruz ni un sacerdote. Muy extraño, pensó la mujer. ¿Cómo después de una marcha  tan larga, esta gente en vez de estar robando o cometiendo fechorías,  se dirige al camposanto?

El mono flaco, de ojos zarcos, con uniforme e insignias militares, afeitado al rapé, bigote blanco y recortado daba órdenes en medio de tremenda borrachera y los soldados descalzos, con la ropa hecha jirones, lo seguían  asombrados con la calaverada de su jefe.

EN BUSCA DEL AMIGO

El oficial pasado de tragos era  el hijo de Francisco Pereira Gamba, Jefe Civil  y Militar de Cartago en tiempos de la Independencia, era Guillermo Pereira Gamba que lo primero que hizo al llegar a Medellín fue visitar a un viejo amigo, así estuviera sepultado desde tiempo atrás en el cementerio de Gualteros

El grupo cruzó las puertas del lugar sagrado: con respetuoso silencio se quitaron los sombreros y  se acercaron a una tumba modesta, medio cubierta de yerba; los negros se hincaron  con devoción y repitieron las oraciones que recitaba Guillermo Pereira Gamba. En la cruz de madera que identificaba la fosa estaba el nombre de Gregorio Gutiérrez González y sobre la lápida que la cubría, el zarco flaco y borracho escribió una frase en latín, que borró el aguacero que amagaba por Santa Elena, en tanto que un combatiente menudo depositaba en la tumba la corona de orquideas y azucenas.

Con las lanzas al hombro y  un  fusil Remington, seguramente quitado al enemigo,  el grupo repasó  el camino  y se unió al resto de la tropa caucana. Esa  noche mientras la tropa caucana celebraba la caida de Medellín en medio de l trago y de jarana, los recuerdos se agolparon en la  mente de  Pereira Gamba y se avivó la memoria de Gregorio Gutiérrez Gonzalez.

Años atrás la vida de Guillermo Pereira se había cruzado con la de Gregorio Gutiérrez González en el  Colegio San Bartolomé de Bogotá y donde nació una amistad entre el caucano y el antioqueño que soportó la distancia, las  ideas contrarias y sus temperamentos disímiles: Pereira Gamba era un radical anticlerical y Gregorio Gutiérrez un conservador doctrinario; Guillermo fue un ídolo de salón, exuberante y fiestero, Gregorio un paisa enfermizo, introvertido y melancólico. Para el primero la guía fue la razón, para el segundo fue la Virgen Santísima.

LAS VIDAS  PARALELAS

La existencia de los dos amigos corrió por sendas paralelas; fueron abogados de renombre, el pueblo los llevó al Senado; Gregorio Gutiérrez González tomó las armas para combatir al régimen de Pascual Bravo  y Guillermo Pereira Gamba luchó al lado del general Payán en la guerra de 1877.

Hubo, sí, una marcada diferencia entre estos personajes: Pereira Gamba fue un hombre sin odios ni venganzas que en versos llamaba al olvido y la clemencia, en la toma de Manizales, por ejemplo,  mientras sus copartidarios se dedicaron al saqueo   escribió los siguientes versos ::  "!Liberales¡ Oid, cesad los fuegos, Antioquia dice que vencida está.",  en un  intento de frenar el derrame inútil de sangre ante un enemigo vencido.  Poco después, en la revolución de 1879, siendo Guillermo un anticlerical a ultranza, se opuso a los procedimientos inicuos que utilizó el gobierno radical para doblegar la voluntad de los sacerdotes  que no aceptaron a las medidas del Estado.  Gregorio Gutiérrez González, en cambio, era un godo ultramontano, el más puro representante del alma azul antioqueña, un paisa que no daba cuartel a los enemigos de su pueblo

Fuera de las coincidencias y diferencias entre los dos amigos, podría agregarse, situándolos en otro tiempo, que. Gregorio Gutiérrez  podría haber sido un cruzado medieval que veía a Dios en las selvas y en los picachos antioqueños  y Guillermo Pereira un condotiero del renacimiento que admiraba a Dios en los ojos  de las caucanas y en el fondo de un vaso de vino.

UNA PROMESA CUMPLIDA

Después del triunfo en Batero el 27 de marzo de 1876,  el general Payán  regresó a Cali pues no quería contaminarse con la tierra de La Montaña, tal era el odio que le profesaba a los paisas.  Pero Guillermo Pereira Gamba continuó con la tropa, pues su propósito era reencontrarse con su amigo Gregorio, así fuera en el cementerio pues quería ratificarle su amistad, así hubiera muerto cinco años atrás, para decirle que admiraba sus versos y  valoraba su temple
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TODO TIENE UN FINAL

Los malos negocios, la salud resentida, dieron al traste con la fortuna de Gregorio Gutiérrez que murió en un manicomio soñando con compras y ventas. Guillermo Pereira dilapidó los bienes heredados y terminó sus días  sumido en la pobreza y el alcoholismo. En julio de 1896, presintiendo la muerte aceptó la invitación de Valentín Deaza y se dirigió a las tierras de Cartagoviejo, donde su padre Francisco había querido fundar una aldea.

 El dos de agosto el peón que lo cargaba paró en el descenso a  Dosquebradas para que Guillermo Pereira admirara el tapiz verde que se extendía hasta el Quindío. Sin  un lamento, sin que se dieran cuenta sus acompañantes,  el alma de Guillermo Pereira se liberó  de su cuerpo enfermo y voló al cielo junto con  los penachos de  humo  que salían de las casas campesinas.

Guillermo Pereira había solicitado un lote en la Villa de Robledo, antiguo Cartagoviejo, y se lo negaron porque no residía alli, no era colono y tenia tierras.  A la viuda de este hombre magnánimo y botarate  nadie le tendió la mano  y tampoco le dieron un lote y eso que era vecina de la aldea y estaba en la mayor pobreza. La Junta Repartidora olvidó que su esposo Guillermo había donado centenares de hectáreas a los vecinos de Cartagoviejo, y que la aldea era una realidad por el sueño de Francisco ^Pereria que empezá a hacer realidad el padre Cañarte.

Lo más  triste de todo es que mientras Gregorio Gutiérrez González crece en la  historia antioqueña, algunos pereiranos están empeñados en empequeñecer la imagen de Guillermo Pereira Gamba y quitarle a Francisco Pereira y a su hijo Guillermo todo lo que r epresentaron en la génesis de la ciudad.



1 comentario:

  1. Hola.
    Mi nombre es Juan Pereira y no conozco muy bien el origen de mi familia, se que mi abuelo se llamaba Jose Maria Pereira pero no se de la ascendencia de el, la verdad es que me siento muy interesado en saber si soy descendiente del fundador de pereira.
    Gracias
    Juan Sebastián Pereira/ juansebastianpereira@icloud.com

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