lunes, 31 de enero de 2011

WADIS ECHEVERRI: COMANDANTE DE LOS ALZADOS EN ALMAS


Alfredo Cardona Tobón*

En la entrada a la plaza de Filadelfia, Caldas, me detuvo el tropel de una cabalgata, eran decenas de jinetes y amazonas que en  raudo trotecillo iniciaban el recorrido por las calles  principales del pueblo.
En medio de esa gran algarabia se mezclaba el grueso garañón de crines de cabuya con el raque de cabeza diminuta y orejas esmirriadas y  hacían pareja el rocín de hocico puntiagudo  con otro que parecía un cruce entre una comadreja  y un  burro.

 Peladitos y muchachitas de todas las edades y de colores surtidos, montados en palos de escoba, en varas de verraquillo o de chonta pulida, cabalgaban como el Cid en su Bucéfalo o como el Liberador Bolivar sobre el caballo Palomo.

La inquieta caballería marchaba tras un líder supremo, tras Wadis Echeverri Correa,  inundando de  risas infantiles el pueblito cordillerano, que asomado en su altozano sobre el río Cauca, abría puertas  y postigos para seguir el recorrido  de su gente menuda. No me asombró ver a Wadis al frente de la cabalgata . ¿Que raro tenía  que un poeta, que un soñador, un cantor a la vida, al agua, a las nubes y a las flores se montara en un caballito de palo y retrocediera a la infancia?
 Hace muchos años tuve la fortuna de conocer a Wadis en uno de los Encuentros con la Historia que organicé  con Eliecer Zapata Bonilla por los pueblos y los caseríos del Viejo Caldas, y seguí viendo muchas veces.a Wadis, en la Avenida Santander de  Manizales, con su sombrero aguadeño, un clavel en la solapa, un ramillete de heliconias en la mano, los bolsillos de su chaqueta repletos de manzanas y nísperos olorosos y esa mirada franca, ese corazón abierto y esa alma candorosa incapaz de hacerle quites a los judas que pululan como los cafetos en estas breñas.

Infortunadamente este mundo prosaico no ha podido amoldarse a Wadis y Wadis ha sido incapaz de encontrar acomodo en este mundo, tal vez por eso Wadys anda de un lado a otro como el judío errante: Estuvo en la Dorada, a orillas del Río Grande, ensayando fórmulas para liberar las ilusiones aprisionadas en las casuchas calientes y minúsculas, donadas por un político enlazador de voluntades. Al orillas del Magdalena  fundó el “ Correo del Sol” y en carga temeraria y suicida  logró arrancarle una tajada de electorado a  Renán Barco, luego viajó a  Riosucio para hacerle dúo al diablo de los Carnavales y probar las delicias del guarapo de Sipirra, en Supía lo vieron  comiendo alfandoques y recitando versos; en  Marulanda pintó angelitos en el vellón de las ovejas; en Quinchía le declaró su amor a Michua, la Señora del Valor  y de la Guerra y en Pácora le rezó al beato Maya, mucho antes que el Vaticano lo subiera a los altares.

LOS ALZADOS EN ALMAS

Con base en Filadelfia, Wadis se mete en locuras por todos lados, en Bogotá lo nombraron jardinero honorario de la Casa del poeta Silva, otro día le dio por reforestar con guadua las cabecers del río Coello y en Manizales tuvo  una sección radial al filo del medio día que empezaba con un saludo a  los “ alzados en almas” y un caluroso “ buen día tardes”
.
En Filadelfia, tierra natal de Wadis,  aldea amable donde bostezan las chicharras y los bizcochuelos tiran a la jura sus aromas, Wadis emprendió campañas utópicas y locuras sin cuenta a través de las páginas manuscritas del “ Correo de los Carrapas” que publicó durante varios años y sirvió de texto de primeras letras a los niños campesinos.
Recuerdo que en uno de los encuentros con la historia organizados por Wadis, se invitó al Doctor Otto Morales, y el Doctor Otto, por alguna razón no pudo ir, pero estuvo presente pues en el desfile inaugural desfilaron los historiadores y Wadis con una gran foto del insigne riosuceño.  Cuando a un artista le dio por tallar un indio en el tronco viviente de la ceiba del parque principal ,Wadis movió cielo y tierra para salvar al árbol y le inventó una leyenda para que lo consideraran como patrimonio cultural y respetaran la ceiba.

Wadis es una versión norteña del Quijote. Es el caballero andante de esos rumbos,  es un bien mostrenco, libre como el viento,  que tiene partido propio y plataforma exclusiva y no le pertenece  a godos ni a cachiporros,  ni a Güelfos ni Gibelinos
.
Quien no  conozca a Wadis en Filadelfia es porque es forastero,  es un simbolo del pueblo junto con el escudo y el himno , es parte del paisaje que da al rio Cauca y es tan visible como el Morro de Pastor Franco.

Muchas penas y amarguras han lacerado el alma de Wadis La muerte de su hermano en la hecatombe del Palacio de Justicia en Bogotá; la partida hacia el infinito de su padre y amigo, la ingratitud y la avaricia de muchos..
Hace meses que  no veo a Wadis, me dicen que los años y los sufrimientos están cobrando su tributo; seguramente no tiene un peso pues nunca ha atesorado denarios y no serán muchos los que le tiendan la mano, porque la amistad es flor de un día.  Wadis  Echeverry Correa es único, si lo pudiéramos clonar para regar Wadis por el mundo,  muchas  cosas cambiarían : las armas se convertirían en serpentinas, las luchas en concursos de canto y ese desespero por el poder y el dinero se trocarían, sin duda, en una observación plácida de flores y mariposas.

Parece que Wadis después de otro extraño recorrido ha vuelto a su cuartel del Maybá. Que el sol del norte caldense, el viento cálido del cañón del Cauca y Dios, que en una noche de despiste hizo los poetas, tiendan su manto y protejan a nuestro amigo.  


2 comentarios:

  1. un gran personaje don wadiseo dorado, desde el magdalena miedo los "alzados en almas" aun lo recordamos de manera grata.

    desde Puerto Salgar, un fuerte abrazo de Ancizar Giraldo, cel 310 4944736.
    espero contacto

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  2. Lo recuerdo en Bogotá en la Casa de Poesía Silva, donde varias personas se reían con sus ocurrencias, y tambien en Manizales cuando mis años de "formación" en el mundillo literario, donde lo veía como a un personaje folclórico. Grandes recuerdos de Eliécer Zapata Bonilla, a quien conocí en Supía, estando yo sentado leyendo en la plaza principal y él se me acerca y me pregunta qué leía, quién era yo y se extrañaba jocosamente al decirme que el único en leer sentado en la plaza era él. Despúes me invita a leer a la Biblioteca del municipio, asegurándome que en la invitación estaba incluida "la comida, la dormida y el aguardiente".
    jotagé gomezó

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